La suerte del libro en situación de dictadura

Un libro (Biblioteca Rosa) que acaba de ser presentado en Córdoba narra la peripecia de esta creación humana en situación de dictadura.
¿Qué hacer con los libros mal vistos por una dictadura? El que los tiene y se sabe en riesgo por esa tenencia, resuelve su problema de distintas maneras. Los del caso que se narra en Biblioteca Rosa pertenecían a una pareja de historiadores, Liliana Vanella y Dardo Alzogaray. Vivían en Villa Belgrano, Córdoba ciudad, y sabían que por su militancia estaban en peligro desde que se instaló la dictadura militar de l976. Sabían que la mejor opción era el exilio y que debían partir antes de que se cerrase también esa posibilidad. Pero, ¿qué hacer con su biblioteca, que en sí misma los expresaba y, por eso, los exponía?
Optaron por enterrarla en el patio de su casa y así lo hicieron, en un pozo que cavaron hasta el metro y medio. Allí ubicaron sus libros en dieciséis paquetes. Partieron al exilio con su familia. A su regreso, después de ocho años, Dardo Alzogaray intentó el rescate de la biblioteca, pero el primer libro que sacó estaba destruido por la humedad. Desalentado, decidió que lo mejor era dejar su biblioteca en ese lugar. Tiempo después, ya fallecido Dardo, otros familiares decidieron reanudar la tarea de rescatar los libros. Lo hicieron con participación del Equipo Argentino de Antropología Forense. Como si se tratase de desenterrar a una de las personas “desaparecidas” por la dictadura. Ante el estado irrecuperable de los libros, decidieron conservarlos tal como estaban.
La Biblioteca Rosa, el libro recién escrito y presentado, narra toda esta historia que viene a constituirse en parte de la historia del libro y de toda la trayectoria de la palabra y el pensamiento impresos desde que la especie quiso dar duración al relato de su propia peripecia.
Hay otras historias sobre situaciones vividas a partir de sentir que los libros que uno ha querido que formen parte de su biblioteca, cuando sobreviene una situación de dictadura persecutoria y esos libros se convierten en riesgo cierto porque dan testimonio de las propias preferencias ideológicas de sus dueños. Otra opción que se siguió fue quemar los libros que estaban en la lista de lo prohibido expresamente o que podían convertirse en pieza incriminatoria. Algunos los quemaron para evitar que corriesen la suerte de colecciones enteras de la editorial universitaria de la UBA, que ardieron públicamente, sancionando un pensamiento que era patrimonio del hombre.

Memoria.
En un libro de Ray Bradbury, Fahrenheit 451 (título que el autor quiso que esté como identificación de su tumba), los últimos hombres de pensamiento libre, perseguidos a sol y sombra por un régimen dictatorial, optan por otra alternativa: que cada persona del grupo perseguido memorizase una parte de cada uno de los libros que no tardarían en ser quemados por el régimen. De esta manera transformaron a esas personas en una biblioteca viviente, tanto para conocimiento de los más jóvenes como para poder reconstruir la biblioteca impresa una vez recuperada la libertad de pensamiento.

Medieval.
En Tucumán, el rectorado de la universidad dispuso que a partir de ahora, las mujeres también puedan inscribirse para cursar el bachillerato en el Colegio Universitario Gymnasium, que hasta esta decisión y durante 69 años fue exclusivo para varones.
El día del comienzo de la inscripción un grupo de alumnos (varones) hizo una ocupación simbólica del rectorado para exigir que no se inscriba a mujeres.
Otros bastiones de este régimen excluyente están cayendo y dan lugar a expresiones de oposición, si bien individuales, muchas veces criminales. La experiencia demuestra que los cambios culturales, si bien pueden disponerse por vía legal, prolongan su existencia en un no estimado número de personas. Y no solo se trata de varones.
Atentamente:
Jotavé