La UCR lejos de Alfonsín y tan cerca de la derecha

LA SEMANA PAMPEANA

I – El radicalismo tiene hoy un grave problema con la necesaria coherencia que un partido que reconoce su refundación en la figura de Raúl Alfonsín debería exhibir como su marca de origen. El ex presidente tuvo dos principios rectores en su larga vida política: ubicarse a la izquierda del centro, tanto que hizo ingresar a la UCR en la Internacional Socialista y poner el centro de su preocupación para la recuperación de la República Perdida, en una inédita y valiente decisión política de derechos humanos que lo llevó a juzgar a los delincuentes que asaltaron el poder en 1976 y provocaron un holocausto de sangre que costó la vida a 30.000 argentinos.

II – Es tanto el divorcio entre el radicalismo de hoy y el pensamiento político de Alfonsín que hoy el ex presidente, su papel de referente necesario, ha sido prácticamente borrado de los discursos hacia afuera y de los análisis hacia dentro. El esfuerzo por mimetizarse con la derecha (a la que Alfonsín consideraba en las antípodas del ideario radical, tanto que prefería perder elecciones antes de pactar con ella) ha vaciado al radicalismo de su tradición política progresista heredera de los aportes revolucionarios que significaron para el país la Revolución del 90, las primeras elecciones democráticas de 1916, la Reforma Universitaria de 1918, las medidas antiimperialistas y antimonopólicas del breve gobierno de Arturo Illia y, desde luego, la recuperación democrática de 1983 y la política de derechos humanos de Alfonsín.

III – La alianza con la derecha en el frente Cambiemos ha dado como resultado un partido que, como en Alien el Octavo Pasajero, lleva dentro un monstruo que alimenta con su propia existencia y su propio cuerpo y, es de creer, se lo lleve puesto cuando finalmente sienta ese engendro destructivo que es lo suficientemente fuerte como para vivir sin depender de sus “socios” radicales. En estos días en los que la Corte, nada menos, escandaliza al país con su fallo a favor de la reducción de penas a represores, no se ha oído ni leído que alzara su voz.

IV – Esa falta de coherencia se nota aún en las chicanas en las que se sumerge imitando el método mediático de sus socios. Así le pasó que, luego de cuestionar duramente al gobernador Carlos Verna por irse de vacaciones en medio de una de las mayores inundaciones que se recuerde en La Pampa, hizo mutis por el foro al viaje al extranjero “all inclusive” que, en medio del desastre que es hoy la ciudad de Santa Rosa, realiza el intendente Leandro Altolaguirre. En este duelo de relatos, los radicales pampeanos tuvieron de su lado a la prensa nacional vasalla del relato presidencial, que presentó el viaje del gobernador como la huida de un irresponsable en medio de una crisis. Pero a poco de andar, desde sus propias filas le dieron al justicialismo pampeano la revancha con el inexplicable viaje que el jefe comunal realiza en estos días cuando la crisis, que servía para cuestionar a Verna, no parece servirles, si es la coherencia un valor, para objetar la decisión del intendente. (En su viaje, además de contradecir su discurso crítico al viaje del gobernador, el intendente cae en el error de autoescracharse asistiendo despreocupadamente a partidos de beisbol o aceptando ser huésped de multinacionales que él, como militante ambientalista, debería tener la coherencia de no prestarse a su juego y, más aún, mientras aquí los problemas subsisten).

V – En este panorama desolador de un partido que ha vuelto a dejarse dominar por su obsesión antiperonista en la toma de decisiones políticas (que en el pasado lo llevaron a ser la pata civil de golpes militares) y que lo arrojó a los brazos de la derecha como socio mayoritario de Cambiemos pero sin voz ni voto en el gobierno, surge una voz que intenta una tímida diferenciación pero sin sacar (por ahora) los pies del plato derechista en el que comen con el macrismo. Desde la Juventud Radical sus dirigentes y militantes ensayan un discurso distinto que no se conforma con ser el coro anodino de las primeras voces de la derecha. Se los escucha aquí en La Pampa y se los escuchó en Córdoba en el Congreso Nacional que apoyó a Lousteau contra la candidata antialfonsinista del establishment partidario, la otrora “progre” y hoy funcional a la oligarquía Elisa Carrió. Por lo bajo y en off, los dirigentes juveniles del radicalismo tienen un discurso aún más duro contra el macrismo, más cerca de Leopoldo Moreau que del Coty Nosiglia (al que mucho sindican como el cerebro detrás de esta diferenciación “controlada” de la juventud). Como sea, si algo permite guardar esperanzas de que el partido de Alfonsín sobrevivirá como algo más que un sello cuando la derecha estrelle al país, es, justamente, este incipiente papel político que siente algo parecido a la vergüenza del rol que cumplen como laderos de un gobierno antipopular. (LVS)