La unidad “macrista”

I. Parece un disparate pero lo cierto es que el macrismo es el que está aportando la mayor dosis de cemento para unir los ladrillos del disperso peronismo. La reunión en Buenos Aires del Consejo Nacional del PJ juntó a representantes de 18 provincias entre gobernadores, vices y autoridades partidarias.
No sin dificultades, el justicialismo aparece remontando trabajosamente la cuesta en busca de la ansiada unidad para disputar con pretensiones de éxito el compromiso electoral del año que viene. Pero lo que llama la atención es que ese arduo proceso avanza no tanto por méritos propios sino por el combustible que aporta el macrismo desde la vereda de enfrente.
El cascoteo político, judicial y mediático está obrando en sentido contrario al que esperan las huestes del gobierno y sus aliados. Lamiéndose las heridas el panperonismo logra que cada día más sectores internos se sienten a la misma mesa e incluso se pongan de acuerdo para salir públicamente a cuestionar la persecución judicial que está acosando a la expresidenta Cristina Kirchner. Esto último, hasta hace muy poco tiempo, no estaba en los cálculos de nadie.
La ofensa mayor fue, sin dudas, la intervención partidaria dispuesta por una jueza federal que usó argumentos políticos antes que jurídicos. Así lo entendió la Cámara Nacional Electoral que dejó sin efecto la medida y repuso a las autoridades partidarias. En el PJ nunca vieron este hecho como una iniciativa judicial químicamente pura sino como una zancadilla de los muchos operadores que el gobierno tiene en el Poder Judicial con el propósito de hacerle la vida más difícil al espacio político más importante del arco opositor. Los nombres de los interventores designados no hicieron más que confirmar esas sospechas.

II. En la fotografía del jueves fue muy visible la pata gremial entre los presentes. El sindicalismo es otro de los blancos preferidos por los misiles oficialistas. La aplicación de multas exorbitantes a gremios emblemáticos, la demonización de la dirigencia por parte de la prensa adicta, el veto a la ley antidespidos, las ostensibles operaciones para dividir el frente gremial son algunos de las cachetazos que el sindicalismo peronista viene recibiendo y hoy quiere hacer valer en el seno del partido en un evidente reclamo de unidad defensiva.
La falta de cintura política, la arrogancia discursiva, las pretensiones hegemónicas, las descalificaciones a las figuras opositoras, el relato del “diálogo” y la “unión” mientras, en los hechos, se avanza por decreto y sin consulta previa en medidas muy sensibles -como la eliminación del Fofeso o el inquietante cambio de rol de las Fuerzas Armadas- provocan escozor en las filas de un justicialismo que se siente avasallado y ninguneado como pocas veces antes. Como reflejo, y más por espanto que por amor -Borges dixit-, las fuerzas centrífugas comienzan a imponerse por sobre las centrípetas y el instinto de supervivencia ordena deponer viejos rencores. Algo de eso dijo aquí, al regreso de la reunión, el presidente del PJ pampeano, a quien le encomendaron la peliaguda tarea de encabezar las negociaciones tras la anhelada unidad.

III. Hay otro aspecto que también comienza a operar a favor de este objetivo. El gobierno nacional ya no cuenta con una carta que fue siempre ganadora: la gran disponibilidad de fondos para ganar adeptos y someter a los díscolos entre los gobernadores. La crisis económica autoinfligida está erosionando rápidamente las arcas del Estado nacional que hoy ya no puede ofrecer tanto dispendio -muy selectivo por cierto- de partidas salvadoras. El hachazo al Fofeso es la muestra más evidente, aunque también el Presupuesto 2019 con el cual el gobierno pretende imponer un ajuste durísimo a las provincias.
En síntesis, los esfuerzos de los dirigentes peronistas que más vienen remando en favor de la unidad, enfrentando duros obstáculos internos, encontraron en el gobierno, antes que un rival, un socio impensado.