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La unidad y el efecto tan temido

El contundente triunfo del peronismo en Córdoba adquiere especial significación para los pampeanos pues es el último acto eleccionario antes de los comicios que tendrán lugar en nuestra provincia el próximo domingo. Los resultados de la antevíspera sorprendieron por el gran caudal de votos que cosechó el PJ cordobés, pero también, y no menos importante, por la gran ventaja que le sacó a sus dos principales adversarios: macrismo y radicalismo que, sumados, apenas superaron la mitad de los sufragios del ganador.
Es esta la octava elección provincial del año y, como en las anteriores, se volvió a ratificar la primacía del peronismo cuando se unen sus líneas internas y de los espacios provinciales, y la creciente debilidad del macrismo que no deja de recibir un fuerte castigo en las urnas.
El efecto tan temido se está haciendo presente. A pesar de los mayúsculos esfuerzos de los estrategas de Cambiemos, cada vez es más evidente que la situación económica ha adquirido un peso superlativo en la decisión de los votantes. Todos los ensayos por minimizar este factor, que cuentan con el decidido apoyo de los medios más poderosos y sus periodistas estrella, vienen fracasando rotundamente. Como dice la calle: la heladera le está ganando al televisor a la hora de decidir el voto.
El otro aspecto que contribuyó al abultado triunfo fue, sin dudas, la decisión del kirchnerismo de bajar sus candidatos y encolumnarse tras la figura del gobernador. Las matemáticas estarían respaldando esta conclusión pues la cantidad de votos que incrementó el PJ con relación a la elección de 2015 es muy próxima a la que todas las encuestas le venían adjudicando al espacio identificado con la expresidenta de la Nación.
El derrumbe electoral del radicalismo es otra de las aristas más notables del comicio cordobés. Según señalaron los medios de aquella provincia se trata del peor desempeño desde el retorno de las instituciones, pues hasta ahora la UCR nunca había bajado del 20 por ciento de los sufragios y el domingo apenas superó el 10. Es cierto que esta vez le jugó en contra la conflictiva división con su socio en Cambiemos que se tradujo en una doble candidatura, pero también lo es el hecho de que esa sociedad electral hoy le está generando más costos que beneficios al partido de Alem.
El gran peso electoral de Córdoba -el segundo distrito del interior en número de votantes después de la provincia de Buenos Aires- irradia hacia el resto del país e introduce una cuña imposible de soslayar en la convulsionada interna del peronismo nacional. El gobernador reelecto se posiciona como un actor de creciente influencia y, si bien en su discurso de tono conciliador buscó evitar las «interferencias» entre los ámbitos nacional y provincial, no dejará de ocupar el espacio que la política le depara a los que se abren paso con el respaldo contundente de las urnas.
Por el lado del macrismo esta elección en un distrito de tanta importancia fue otro revés ante las pretensiones de renovar mandato en octubre. El regreso al FMI con su durísima receta ajustadora y la debacle económica que no parece tener fin conforman un menú que se niega a digerir la mayoría del electorado.