La usura engorda

Otro caso de usura se conoció en estos días a través de una denuncia hecha pública por un docente de Victorica. El testimonio reproducido por este diario permite vislumbrar un sombrío panorama en el que todos saben lo que ocurre pero nadie se atreve a decirlo. Hasta las muestras de solidaridad en voz baja que recibió el vecino por atreverse a hablar públicamente revelan cuán extendida está esta práctica ilegal como el silencio que la ampara.
No es un tema nuevo. Este diario informa periódicamente de abusos cometidos por prestamistas inescrupulosos que cobran intereses desmesurados a personas necesitadas de dinero que no tienen acceso al circuito bancario. Pero la explotación de las necesidades por parte de los especuladores -los buitres locales- sigue ocurriendo sin que desde el Estado se advierta una respuesta acorde a la gravedad de este problema. Lo prueba el simple hecho de que hay muy pocas causas judiciales en trámite a pesar de lo extendido de estas maniobras ilegales. Este diario recogió también el testimonio de un ex diputado que hace casi dos décadas intentó avanzar en la Legislatura contra este flagelo pero, en solitario y sin respaldo, no pudo lograr resultados positivos. El legislador no dudó en apuntar contra el oficialismo por su desinterés en dar respuestas sobre una cuestión tan preocupante.
En momentos económicos difíciles como los que está atravesando nuestra sociedad aumenta considerablemente la probabilidad de que mayor cantidad de personas requieran de los “servicios” de los prestamistas. Si hasta las tasas de interés legales y permitidas que cobran las entidades bancarias oficiales han trepado a niveles altísimos, muy por encima de los aumentos salariales promedio e incluso de la inflación, no cuesta mucho comprender, entonces, los padecimientos que le aguardan a quienes caen -por ingenuidad o necesidad- en las cuevas de la usura.
Mientras todo siga igual, mientras estas prácticas abusivas encuentran terreno fértil para prosperar, seguiremos viendo lo mismo que hasta ahora: un tendal de personas esquilmadas que con frecuencia terminan en la calle con toda su familia. Y todo ante los ojos cerrados del poder público.

Enorme diferencia
No siempre las noticias que ocupan mayor espacio en los medios son las más relevantes para el conjunto de la sociedad. A veces informaciones escuetas, que no merecen tanto despliegue suelen tener gran trascendencia aunque no se advierta a simple vista. Esto fue lo que ocurrió con el breve informe que brindó el presidente de la Fepamco sobre el estudio que están realizando junto a la Administración Provincial de Energía para la actualización de la tarifa de la energía eléctrica. En una sintética explicación, el dirigente dio cuenta de las causas que influyen en la redeterminación tarifaria y explicó que no solo se está pensando en la salud económica de las cooperativas sino también en el bolsillo de los usuarios.
El hecho de que en nuestra provincia la APE junto a las entidades solidarias estén abocados a lograr la mejor ecuación para las tres partes del sistema (Estado, prestadores y usuarios) es un ejemplo que contrasta radicalmente con lo que sucede a nivel nacional. En esa instancia se le ha dado prioridad absoluta a las exigencias de los prestadores que, como se sabe, no son cooperativas sino enormes corporaciones de capital transnacional. En el Estado, a su vez, hay un gobierno neoliberal muy dispuesto a atender las exigencias de los sectores más concentrados y a relegar a los usuarios a quienes castiga con astronómicos aumentos tarifarios que son rechazados ante la justicia y en nutridas manifestaciones callejeras.
Fue una breve noticia, como se dijo, la que plasmó semejante diferencia económica -pero también política y hasta conceptual- digna de ser destacada en el escenario político de nuestros días.

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