La vieja complicidad de Nación y Mendoza

Como hace más medio siglo, cuando la Nación cortó el río Atuel con la construcción del complejo de los Nihuiles, los representantes del gobierno nacional mostraron ayer en la Corte, al faltar a la audiencia de conciliación, que aquélla alianza con Mendoza sigue vigente en desmedro de las justas reivindicaciones pampeanas.
La audiencia de conciliación citada por la Corte Suprema de Justicia ayer fue histórica, no solo para el avance de los derechos pampeanos al agua, sino para el avance del derecho ambiental en la Argentina.
Aquí, en La Pampa, esa trascendente instancia fue trasmitida en vivo por el canal oficial y las radios más comprometidas con la defensa de los intereses pampeanos. De esta forma fue seguida con avidez e interés por los pampeanos que escucharon en directo y sin intermediarios qué es lo que pide nuestra provincia al más alto tribunal de justicia del país, los argumentos jurídicos, técnicos, históricos, ambientales y, de la misma forma, pudieron escuchar qué arguye Mendoza para negarle el río que le robó a La Pampa.
Si algo quedó en evidencia fue la solidez de la posición pampeana, el interés de los miembros de la Corte y su intención de profundizar con preguntas las dudas que se presentaban de las exposiciones. También quedó en claro la debilidad de la posición cuyana, su intento de imponer un privilegio irracional sobre el agua como si se tratara de un derecho, a la par que, para preocupación pampeana y de todos los argentinos que siguen este tema por su intrínseca trascendencia -así como por ser caso testigo para la resolución de otros casos ambientales en otros puntos del territorio-, fue la ausencia del representante de la Nación que abandonó la sala sin explicación y dejó una nota.
Semejante conducta de uno de los actores principales de este drama, justamente el que es responsable por acción y omisión del desastre ambiental producido sobre millones de hectáreas de territorio nacional en La Pampa y sur de Mendoza, no puede ser analizada como una simple inasistencia.
Detrás de esa omisión de participación, se asoma con claridad la complicidad que los sucesivos gobiernos, sin excepción, han tenido sobre el tema, siendo funcionales a la dilación de la solución que favorece el estatus quo mendocino y perpetúa el atraso, la desertificación y la desintegración del oeste provincial.
Que la Nación no estuviera en la Corte en la audiencia parece, en clave macrista, un mensaje a la justicia, como los que acostumbra dar para que jueces amigos actúen contra sus rivales políticos. En este caso, el mensaje que parece desprenderse de la ausencia del representante nacional es que la Nación no cree que el tema deba resolverse en la Corte, a la que se da el lujo de ningunear.
Que Mendoza sea hoy del mismo color político que el gobierno nacional parece ser determinante para esa posición. Quienes hoy gobiernan el país parecen resumir, como la mayoría de sus predecesores, que el conflicto de La Pampa con Mendoza no es por un río sino que es un conflicto entre dos distritos electorales donde el más grande, justamente porque aletargó el crecimiento del otro, tiene siempre el visto bueno de los poderosos de turno. El resultado electoral de octubre es, para esta mezquina visión de país, el fin al que se subordina todo, hasta el juicio por el Atuel.