La visita de Pence ratificó el alineamiento

EE.UU. Y SU VISION DE LA SEGURIDAD CONTINENTAL

La visita del vicepresidente de EE.UU. ubica a Argentina como interlocutor regional para acelerar el cerco contra Venezuela. El gobierno adhirió a los lineamientos en materia de defensa y seguridad que bajó Washington.
EMILIANO GUIDO*
Un periodista del diario The Daily Beast definió al vicepresidente estadounidense Mike Pence como “el martillo preparado para romper el cristal en caso de emergencia”. Evidentemente, en su condición de “puente” entre el presidente y el Partido Republicano, el ex gobernador de Indiana comienza a ser percibido por la elite de su país como el hombre que puede tomar con solvencia la línea de mando en la Casa Blanca si la amenaza del impeachment, por la supuesta injerencia del Kremlin en la última campaña presidencial, avanza en el Capitolio. Esta semana, el caos en el tránsito del microcentro porteño tuvo como origen el fortín que amuralló la corta pero estratégica visita a Buenos Aires del hombre que se asoma en el trono del imperio detrás del jopo anaranjado de Donald Trump.
Mike Pence, de aspecto físico y tono discursivo mucho más atildado que el Jefe de Estado norteamericano, rompió su monótono discurso en la conferencia de prensa otorgada a dos voces con el presidente Mauricio Macri en la residencia de Olivos para hablar de su peculiar encuentro en Colombia, primer paso de su gira regional, con una “abuela venezolana” exiliada en dicho país. El hombre de pelo cano y moral ultraconservadora, es un férreo activista contra las minorías sexuales y el derecho al aborto, confió que dicha señora le había narrado cómo los niños venezolanos se despiertan a las cuatro de la madrugada en pos de buscar en las oficinas estatales un austero ticket alimentario, y que ahí se acaba la ingesta diaria de los menores venezolanos. Ese pasaje narrativo de “realismo mágico”, que valió una mueca reprobatoria en el rostro de Macri, arropó la línea central de la agenda de Pence en Argentina: el interés de EE.UU. en acelerar todos los recursos posibles para cercar y asfixiar económicamente a Venezuela.

Elogios recíprocos.
Mike Pence, que llenó de elogios por sobremanera al gobierno argentino por su “liderazgo regional” y la “audacia exhibida para avanzar en las reformas necesarias”, enfatizó el peligro de la amenaza terrorista pende desde Alaska hasta Tierra del Fuego y, trazando paralelismos, recordó que, tanto los atentados contra la embajada de Israel y la mutual de la AMIA o el ataque del 11-S contra el World Trade Center, ejemplifican que debería haber un sólido consenso interamericano en la agenda de seguridad y defensa.
Macri, claro está, hizo suyas las palabras de Pence, fustigó contra “el terrorismo, el lavado de dinero, la corrupción y el narcotráfico” y se comprometió a buscar acuerdos de cooperación hemisféricos en la materia. En apenas unos minutos, la Argentina de Macri hizo letra muerta los principios de no injerencia que nuestro país y los gobiernos vecinos venían solidificando en el Consejo de Defensa Sudamericano -un instrumento conjunto que buscaba ganar autonomía tanto en términos doctrinarios como en reequipamiento militar- y, en consecuencia, suscribió a la hoja de ruta que el Comando Sur estadounidense plantea al sur del río Bravo para ganar grados de influencia en los altos mandos de los Ejércitos zonales.

Nuevas “amenazas”.
En dicha agenda, la gobernabilidad y la estabilidad de los mercados financieros, pasa por doblegar a las “nuevas amenazas”. Una categoría difusa que engloba los delitos cibernéticos, el crimen organizado, los territorios fallidos y los movimientos sociales radicalizados. Precisamente, el Pentágono sitúa en la zona de la Triple Frontera (el extremo misionero y sus zonas lindantes en Paraguay y Brasil) como un santuario de dichos males. En la literatura del Comando Sur ahí anidan células dormidas del ISIS y un deficiente resguardo estatal (territorio fallido) de las fronteras estatales.
Por tal motivo, organizaciones sociales y políticas de Puerto Iguazú vienen advirtiendo hace tiempo que la ministra Patricia Bullrich dio luz verde para que agentes del FBI puedan patrullar la zona, vía operaciones de inteligencia y radarización del lugar. La información nunca fue desmentida o rebatida por autoridades del gobierno. En todo caso, Macri dejó en claro durante la visita de Pence que su gobierno hará la venia en los lineamientos continentales estipulados por Trump: ya sea cercar a Venezuela o apertrecharse contra el “fantasma terrorista”.

Más exigencias.
Mike Pence pasó, al parecer, una noche apacible con su esposa en la capital argentina. Antes, su compañera y él disfrutaron de la hermosa ciudad Cartagena en Colombia y, en su raid continuarán disfrutando en Chile y Panamá. En los cuatro países, sin embargo, Pence se mostró menos sensible al momento de advertir que “EE.UU. no tolerará más la dictadura venezolana”. Sin embargo, la opción militar está descartada por varios motivos: es inviable, nunca un ejército gringo puso los pies para comandar un teatro de operaciones bélico en Sudamérica. Sí, lo ha hecho varias veces en su primer anillo de influencia zonal: Panamá, Granada, Haití, más recientemente Honduras, donde un grupo de elite del Comando Sur se encargó de eyectar al presidente Manuel Zelaya hacia el exterior para facilitar el golpe blando parlamentario contra él. Pero, sobre todas las cosas, la bravuconada de Trump no tiene consenso, incluso entre administraciones muy alineadas con la Casa Blanca, por el costo político doméstico que implicaría.
Más allá de la cruzada antivenezolana, Mike Pence dosificó sus exigencias en cada escala de la gira: a Colombia le exigió más compromiso en la fumigación aérea de los cultivos ilícitos, un eje antinarcótico que viene inscripto desde la puesta en marcha del Plan Colombia; a la presidenta chilena Michelle Bachelet le solicitó un insólito paso internacional: que La Moneda rompa relaciones con Pyongyang, una nación al que el país trasandino apenas exporta “dos millones de dólares anuales” y con el gobierno panameño puso sobre la mesa el requerimiento del Pentágono de acrecentar la vigilancia del Canal de Panamá.

Cruzado contra Venezuela.
“Mike Pence es un político republicano de la línea ultraconservadora. Antiabortista, furioso enemigo de los grupos LGBT, fundamentalista religioso y es conocido por tener relaciones estrechas con la Asociación Nacional del Rifle. En lo que se refiere a nuestra región, Pence es un cruzado anti-bolivariano. Cuando el opositor Leopoldo López resultó beneficiado por el gobierno de Nicolás Maduro con prisión domiciliaria, fue Pence quién lo llamó por teléfono en nombre del presidente Donald Trump para felicitarlo y darle ánimo. También son conocidas sus declaraciones altamente injerencistas en las que cuestiona a la democracia venezolana y amenaza con potenciales acciones si Caracas sigue adelante con la Asamblea Constituyente. De forma más encubierta, Pence ha viajado a varios países de América Central para presionar a sus líderes a fin de que voten en la OEA contra Venezuela.
Elsa Bruzzone, secretaria del Centro de Militares para la Democracia Argentina (Cemida), advierte a Nuestras Voces que, con la visita de Pence, EE.UU. viene a cobrar a la Argentina todo lo que el gobierno de Mauricio Macri prometió cumplir a Washington, en términos de seguridad y defensa, durante la visita de Barack Obama al país. “Muchos de esos entendimientos ya se han puesto en práctica y han salido a la luz pública: ya conocemos que la Guardia Nacional de Georgia puede adoctrinar a nuestras tropas en el nuevo manual contrainsurgente del Comando Sur, que tiene como blanco al narcoterrorismo pero también a los movimientos sociales indígenas como los mapuches. Pero, a su vez, hay promesas vertidas por el presidente a la Casa Blanca que no se han consumado porque se trata de convenios militares de tal magnitud que deben ser aprobados por el Congreso, y hasta el momento Cambiemos no cuenta con los números necesarios para dar ese paso”, detalla la autora del libro “Las guerras del agua”.

Bases militares.
Bruzzone remarca que: “el gobierno de Macri tiene pensado ceder la autoridad de mando en jurisdicciones militares de nuestra Mesopotamia y de Tierra del Fuego para que el Pentágono pueda instalar bases o centros de operación. Para EE.UU. se trata de zonas sumamente estratégicas por su valor en biodiversidad, recursos naturales y cercanías a radios de acción geopolíticos de alta gravitación, como lo son la zona de la Triple Frontera y la Antártida, principal reservorio de agua a escala global. En segundo lugar, Macri se comprometió a movilizar tropas argentinas al continente africano para ponerse a la orden de los contingentes estadounidenses que intervienen países, en su supuesto rol de fuerzas de paz, donde la autoridad estatal está siendo rebasada por milicias fundamentalistas, como sucede en Nigeria con el avance del grupo talibán Boko Haram. Las dos últimas cuestiones no están sustentadas en hipótesis o conjeturas ya que ambos acuerdos están volcados en documentos oficiales del Pentágono”.
Durante la conferencia de prensa Mike Pence insistió en calificar la relación entre Macri y Trump como de “grandes amigos”. En términos geopolíticos y diplomáticos, ese vínculo de cercanía y afinidad suele tener un nombre menos simpático: alineamiento. Evidentemente, Donald Trump, más unilateralista y con una política exterior más teñida por el recurso militar en comparación a sus predecesores en el cargo, quiere ser el gendarme del mundo. Por lo visto, nuestro jefe de Estado ya se ha alistado en sus filas.

*Nuestras Voces.