La cooperación como solución condicionada

Señor Director:
El programa Precios Cuidados surgió de un acuerdo con supermercados y formadores de precios como una de las medidas arbitradas para afrontar lo que se denunció como un “golpe financiero”, encaminado a “hacer volar por los aires” al gobierno nacional (según el dicho reciente del economista Bein).
Al momento de escribir esta nota dicho programa se cumple a medias, pero parece encaminarse a un desempeño más discreto porque otras medidas gubernamentales, en particular el nuevo valor del dólar, recrean una atmósfera más propicia. Lo que va surgiendo como un efecto menos previsible de la experiencia de este programa es una posibilidad para quien quiera conocer cómo se forman los precios: ahí está todo a la vista, al desnudo diríamos. La desnudez de este mecanismo económico que va del que produce al que consume, deja ver toda la verdad de la cadena de intermediación y en qué partes los precios pegan un salto y cómo quienes no son ni productores ni consumidores se enriquecen mientras el productor (salvo una minoría) y el consumidor, principalmente éste, padecen. El capital financiero, que es el nuevo poder determinante de nuestros días, no está a cargo de quienes producen sino de quienes han constituido y acrecientan velozmente una masa de capital que no hace más que crecer hasta los niveles obscenos que se pueden conocer al leer la lista de ricos muy ricos y las estadísticas y encuestas (de Naciones Unidas y de organizaciones responsables) que muestran cómo año a año aumenta la desigualdad en el mundo y en cada país.
No tengo grandes expectativas con respecto a la actitud del consumidor en cuanto a su disponibilidad para estar atento al momento de comprar y denunciar transgresiones, aunque en estos días se ha notado alguna reacción positiva. No sé si habrá estado en la intención del gobierno crear esta ocasión para sacar al consumidor de su ajenidad, pero he oído más de una voz que traduce fastidio porque se le pide que asuma un papel activo. Quien así actúa cree que es cosa de que debe ocuparse el gobierno, sin considerar que al gobierno lo elige él y en una democracia el gobierno sí es cosa suya, de modo que cuando se desentiende deja vacío el sistema de la democracia: demos es pueblo y cracia es gobierno. O sea que usted, cada uno, es gobierno y sólo ha delegado algunas funciones sin incluir su condición de soberano.
El que tenga pocas expectativas acerca del consumidor no me viene de la experiencia actual, sino de un interés de larga data por el movimiento cooperativo, al cual justamente se menciona ahora como una alternativa para impedir el desaforado aumento de precios que se ensayó días atrás.
La cooperación no es otra ocasión para hacer que el consumidor delegue la tarea de controlar la producción y el consumo. Por el contrario, nace con su protagonismo y declina cuando, pasada la emergencia, el ciudadano se desinteresa. Desde que El Hogar Obrero, que fue una de las mejores experiencias argentinas de la cooperación de consumo y construcción de vivienda, desapareció en los ´90 (luego de larga y callada batalla), se pudo advertir que el ciudadano tiende a desentenderse del protagonismo que demanda esta forma de gestión popular. Cada vez se ha mostrado más renuente, limitándose a asistir a las asambleas, cuando lo hace. Para muchos la cooperación es como Santa Bárbara, a la que se recuerda cuando truena y caen rayos. En la crisis de comienzos de este siglo, surgieron algunas para evitar el cierre de fábricas, de comercios y de otros emprendimientos que ocupan mano de obra y atienden necesidades que son poco o nada rentables en las condiciones que crea el neoliberalismo. En estos días, ante una escuela privada que cierra para dar lugar a un negocio inmobiliario, en Buenos Aires, la escuela fue salvada convirtiéndola en empresa de gestión cooperativa, uniéndose maestros, padres de alumnos y vecinos. El pueblo.
Atentamente:
JOTAVE