La cultura constituye un mundo y se da a conocer

Señor Director:
La gente de la cultura, en el orden nacional, se ha sentido estimulada.
La creación del ministerio respectivo, separándolo de Educación, aparece como la puntada que faltaba para que el mundo de los intelectuales, actores, directores de teatro, dramaturgos, cineastas, músicos, bailarines, pintores, dibujantes, escultores, cantantes, científicos e investigadores (la enumeración siempre resulta incompleta) se decida a estructurarse orgánicamente, incluso como una superestructura que englobe a las organizaciones particulares que ya existen.
Digo lo anterior porque en una reunión realizada el viernes pasado en la Biblioteca Nacional se propuso constituir una organización federal que “contenga y defienda la gran diversidad cultural”. Uno de los propulsores de esta iniciativa destacó que el ministerio de Cultura (su creación) es una reivindicación histórica del sector y el documento aprobado dice también que “reconocemos y defendemos la voluntad política que generó un gran avance económico, social y cultural en la última década”. Juano Villafañe, otro de los iniciadores, dijo por su parte que el nombramiento de Teresa Parodi es altamente significativo porque se trata de una gran artista, una destacada creadora nacional y latinoamericana.
Lo que ha sucedido a partir del retorno de la democracia y, en aspectos importantes, después de la crisis que culminó en 2001-2002, es que lo que llamamos actividad cultural ha estado creciendo y fortaleciéndose, al tiempo que algunas de sus ramas han recuperado una fortaleza que había decaído y están alcanzando niveles llamativos. Digo esto con referencia principal a todo lo relacionado con la música y la danza, con el cine y con el teatro. El fenómeno de la música es notorio, no porque haya aumentado la presencia e influencia de los escenarios tradicionalmente más valorizados (el Colón, por ejemplo), sino porque ciertas formas de la música popular han tomado una fuerza llamativa. Puede decirse que hoy no hay joven que no intente por lo menos aprender a expresarse a través de algún instrumento musical ni que deje de aspirar a integrarse en conjuntos que lleguen a tener desempeño público. No pocos jóvenes hacen de esta actividad un complemento necesario de su andar hacia una formación profesional. Esta tendencia se hace evidente en todos los niveles sociales, aunque es verdad que las posibilidades crecen según el nivel económico de la familia. Ya no se trata de que haya un público importante para escuchar ciertas expresiones musicales, como la clásica: lo que hay es una voluntad compartida por tener capacidad de expresarse musicalmente desde alguna de las formas que ahora gozan de preferencia. Creo que éste es un cambio cualitativo.
Este auge musical es muy notorio, pero también se advierte crecimiento en otros sectores de la creación y la interpretación. Es notable la actividad relacionada con la cinematografía, tanto en forma de películas de ficción como en expresiones documentales, al punto de que un crítico ha podido decir que ahora el problema del cine argentino es reencontrarse con el público. La creación artística es un quehacer solitario o de pequeños núcleos, pero sin la posibilidad de mostrarse y experimentar el efecto de este encuentro, se configura una especie de vía muerta o de calle que no tiene salida. En medida menor, pero significativa, hay un retorno del teatro, tanto en los grandes centros tradicionales como en todo lugar donde haya población estable de cierta cuantía.
Estoy atento a lo que se puede conocer de cada uno de los territorios culturales y mi impresión es que ciertas expresiones que ejercían una especie de tutoría (como si fuesen arte mayor) han cedido terreno a la diversidad y a lo que puede expresarse desde la entraña social. La cultura estimula desde sus cumbres, pero su cuna está en la masa social.
Atentamente:
JOTAVE