La Europa que despierta del sueño de posguerra

Señor Director:
La elección paneuropea, realizada en los países que integran la Europa Unida, ha vivido desde el domingo 25 lo que parece el despertar de un sueño que ya ni siquiera soñaba.
Digo porque lo que arroja esa elección es lo que un diario francés llama “la derrota de una Europa en crisis que no supo defenderse”. El diario es Le Monde y el tono de esta manifestación parece mostrar que también ese periodismo se siente derrotado. El presidente de Francia, Hollande, habló de “una Europa ilegible” y dijo que la elección expresa desconfianza “frente a Europa y los partidos de gobierno”. Hollande es, con Merkel, el gobernante de mayor peso en la Europa continental y occidental. En su discurso posterior a esta elección había dicho que hay que perseverar en la línea elegida, aunque este pronunciamiento indicaría que ahora hay una mayoría de ciudadanos que han preferido otra opción , que lo que se abandona es el sueño de una Europa unida y sin guerras intestinas. En esta Europa, luego de la última guerra, 1939-1945, también había sido elegido el Welfare State, como se llamó en lengua inglesa el Estado de Bienestar. O sea, el Estado que garantice un bienestar básico como piso para eliminar las exclusiones sociales tradicionales. En lo que va del siglo y ya desde el anterior, las reformas y las políticas sociales encaminadas a tal finalidad empezaron a decaer y sus sostenes principales (obreros y trabajadores sindicalizados) dieron muestras crecientes de decepción.
En la elección del 25 de mayo, en Francia, se pudo conocer cómo se votó. El Frente Nacional (ultraderecha), vencedor con el 26%, fue votado por el 37 por ciento de empleados, el 38 de desempleados y el 30 de los menores de 35 años de edad. Por la izquierda socialista votó el 8 por ciento de los obreros, el l6 de los empleados y el 15% de los menores de 35 años. El partido de los conservadores tradicionales (UMP), que forma parte del gobierno, obtuvo el segundo lugar, con el 20,8 por ciento de los votos, pero inmediatamente después de la elección comenzó a desgajarse. El PS fue tercero con el 13,98% de los votos. Solamente votó en Francia el 60 por ciento de los empadronados.
La elección no determina necesariamente la suerte de los partidos que están gobernando en cada país, pues solamente se eligieron eurodiputados para el parlamento de la UE. El avance de la extrema derecha, que no es partidaria de la Unión, no ha logrado mayoría en ese parlamento, pero tampoco hay que esperar que la Unión siga adelante como si nada hubiese pasado. Un periodista argentino que lleva muchos años de vivir en Francia, escribe esto: “A la izquierda del Frente Nacional (el vencedor) hay una izquierda aburrida y gestionaría, vestida de monjita liberal obediente, oficializada y sin corazón… y una derecha en descomposición, donde los clanes se desgarran, donde sus cabezas visibles aparecen imputadas por la Justicia y detenidas por la policía”. Y que la escena muestra “una Europa liberal, pulcra e indolente, donde las clases populares y los jóvenes se sienten interpretados por la extrema derecha”. Otro argentino, escritor y periodista, que volvía a su residencia en Barcelona luego de un viaje a la Feria del Libro, en Buenos Aires, da cuenta que el panorama en España es similar. La primera noticia que conoció en el aeropuerto de Madrid fue que el socialista Rubalcaba anunció que se aparta de la conducción de su partido. La derecha gobernante en España muestra un estado similar a la de Francia. El fenómeno es paneuropeo y el golpe principal lo recibe el sueño de una unión que ponga fin a las guerras.
El 40 por ciento de los que no quisieron votar en Francia debe albergar a muchos de los socialistas y los conservadores que no acompañan a la ultraderecha, pero que no se sienten motivados y hacen una suerte de compás de espera. Falta ver si los viejos partidos encuentran manera de volver a motivarlos.
Atentamente:
JOTAVE