La igualdad y el caso de los “más iguales”

Señor Director:
Al cierre de la pasada semana se pudo conocer que la ya famosa Lista Falciani incluye apreciable cantidad de nombres de argentinos.
Este Falciani, Hervé, ítalo-francés, nacido en Montecarlo en 1972, es un ingeniero en sistemas. Halló trabajo en la filial suiza del banco HSBC. Trabajaba analizando el sistema de seguridad que aplica ese banco y, según su relato, advirtió muy pronto que el procedimiento en uso posibilitaba y aun facilitaba el fraude fiscal. Propuso entonces un nuevo sistema, que consideró seguro, pero que el banco lo rechazó. Creyó necesario hacer que la justicia suiza conociera la falla del sistema, pero tampoco allí tuvo éxito. Entonces entró en el secreto bancario (Suiza es paraíso fiscal porque propone secreto bancario) y elaboró una lista de las cuentas secretas y la mandó a la justicia de Estados Unidos. Allí el Senado, informado por la justicia, multó al HSBC en casi dos mil millones de dólares. La justicia suiza empezó a perseguirlo. Lo tuvo preso un tiempo y luego, ya en libertad, pidió su captura internacional aduciendo que estaba tratando de vender información hurtada. Francia, sin embargo, usó esa información y pudo hacer ingresar millones de euros al erario al castigar a sus ciudadanos que ocultaron tener cuentas en el exterior. Francia ha hecho más: envía a los países con los que tiene intercambio la lista de los ciudadanos de cada país que figuran en la nómina de Falciani.
En la Lista Falciani figuran 130 mil clientes que tienen depósitos secretos en el HSBC de Suiza. Son banqueros, políticos y empresarios que, no obstante haber hecho fortuna en su país, esconden sus ganancias y no pagan los impuestos vigentes para todos los ciudadanos. Depositan en Suiza y no incluyen esa cuenta en sus declaraciones juradas. De las cuentas de argentinos se menciona que sumarían en conjunto unos 220 mil millones de dólares. Otras estimaciones estiran esta cifra hasta 450 mil millones de dólares. Además de Estados Unidos y Francia, otros países ya han aplicado multas. España, por ejemplo, ha recuperado por esta vía 260 mil millones de euros. Cuando nuestra AFIP termine de analizar las 3.900 cuentas de argentinos que figuran como parte de las 130 mil que constituyen la Lista Falciani, seguramente habrá multas. Se sabe que solamente 125 de esas cuentas han sido incluidas en las declaraciones juradas.
En el título de esta nota hablo del principio de Igualdad, integrante del tercero ahora desplegado en la panoplia de los Derechos Humanos. Como todos estos principios, la igualdad es una propuesta a futuro, una meta que está muy distante de una sociedad profundamente desigual. Los principios de Libertad y Fraternidad también están propuestos
prospectivamente (a futuro). Son metas ideales que se enuncian para señalar un rumbo intencional. La Igualdad es más resistida. Tendemos a decir que aceptamos que todos los hombres nacen iguales y que todos están igualmente consignados a la muerte, pero la mentalidad prevaleciente hace valer las diferencias que se dan durante el lapso del existir y se argumenta que es premio y fruto del trabajo y del ingenio. Se lo resiste. Incluso nuestros jueces se excluyen de la igualdad: no aceptan pagar impuestos porque afectaría su retribución, cosa prohibida por la constitución con otro objeto. Los personajes que tienen cuentas secretas no declaradas, burlan la igualdad ante la ley.
Quienes han leído a George Orwell (1984 y Rebelión en la Granja) saben que en la sociedad que este escritor inglés de mitad del siglo XX imaginaba para 30 o 40 años después, se admitiría la igualdad condicionada al reconocimiento de que algunos individuos son “más iguales” que los simplemente iguales de la mayoría. Ahora, a más de seis décadas de Orwell, la Lista Falciani testimonia que hay quienes si tienen operan como diferentes sin necesidad de declararlo ni vestir toga.
Atentamente:
JOTAVE