La larga y difícil lucha con los fondos buitre

Señor Director:
En los años 2012 y 2013 pocos eran los dispuestos a apostar en favor de la Argentina en la batalla provocada por los llamados fondos “buitre”.
El fallo Griesa, primero, luego los de la Suprema Corte del mismo país (EE.UU.) dieron ánimo a quienes aquí buscan provocar la salida anticipada del gobierno para decir: “Hay que pagar”. De seguir tal “consejo” hubiésemos quedado en situación más grave que al comenzar el siglo. Los buitres locales esperaban que, como Alfonsín y de la Rúa, los K buscaran salir del poder de inmediato.
El actual gobierno aceptó el reto externo, donde se halla el centro del poder buitre, y dio batalla en ese terreno, allí donde estos fondos de inversión no juegan el papel de prestar y ganar el porcentaje determinado, sino que esperan que un gobierno quede imposibilitado de pagar (default) para caerle encima. La estrategia argentina consistió en llevar el problema ante las Naciones Unidas y otras organizaciones multinacionales, para destacar que una solución racional para las deudas soberanas interesa a todas las naciones y al mismo sistema neoliberal en lo que hace a inversiones en países necesitados. El voto en las Naciones Unidas reveló que solamente se oponen a la propuesta argentina algunas de las grandes potencias: EEUU, Reino Unido, Alemania, Japón, Canadá… y no Rusia, China., India, Brasil y la mayoría de las demás naciones (127 voto a favor, 4 abstenciones y 11 en contra). Al mismo tiempo puso de manifiesto el apoyo de otras grandes potencias y que importantes fondos de inversión también prefieren el juego limpio. Definido así el escenario de la batalla, la Argentina presentó su propio proyecto de ordenamiento de las deudas soberanas y la ONU lo tomó como base para elaborar su propuesta. Ahora, mientras avanza la tarea de las Naciones Unidas, la justicia de Inglaterra ha respondido positivamente al reclamo de fondos de inversión no “buitres” que reclaman el pago de las cuotas que Argentina ha depositado puntualmente, pero que están interferidas por la justicia de Estados Unidos. El juez David Richard, a cargo de la división Cancillería del Supremo Tribunal de Justicia del Reino Unido, dictaminó que los 225 millones de euros que la Argentina pagó a bonistas británicos en junio de 2014, están regidos por la ley inglesa y no por la norteamericana. Para el ministro de Economía argentino está decisión es un paso importante, aunque falta que se efectivice el pago a los bonistas ingleses.
Estos avances no dado solución al problema generado por los fondos buitre y la justicia norteamericana porque el proyecto que considera la ONU sería aplicable a futuro. De todas maneras los buitres se sintieron heridos y contraatacaron “revelando” que altos funcionarios argentinos, entre ellos el ministro de Interior y Transporte, han estado acrecentando su patrimonio. El ministro, que presenta declaraciones juradas anuales desde hace 22 años, pudo demostrar que el acrecentamiento de su patrimonio se debe exclusivamente al revalúo que ha hecho la provincia de Buenos Aires, y que paga sus impuestos con relación a estos nuevos montos. Los otros agredidos dieron respuestas equivalentes. Los buitres internos acusaron el golpe y contragolpearon movilizando a sus propios aliados locales, en nuevas variantes del caso Nisman.
Si se toma distancia para el seguimiento de esta batalla, puede pensarse que se está ante un relato imaginario. No ante un ejercicio de ficción, sino ante una realidad en la que el objetivo de quienes agreden es reconquistar el gobierno y alinear el país con el poder mundial de las finanzas y sus adherentes, éstos que se dedican a evadir ganancias (depósitos en Suiza no declarados), a la especulación interna con el dólar y elaboración de tramas destituyentes con parte de la justicia y la política. En este punto el relato provoca tristeza y pone a prueba el temple.
Atentamente:
Jotavé