La mano del papa Francisco en tierras pampeanas

Norberto G. Asquini
Raúl Martín es continuador del rumbo reformista, si bien moderado, empezado por Poli. En línea con Francisco, es proclive a la apertura y el sentido misional de la iglesia.Los condicionamientos conservadores se mantienen, así como la sombra de Servi Trinitatis, sobre el que hay quejas.
La llegada del obispo Raúl Martín a La Pampa no hizo más que confirmar por un lado la continuidad de la línea pastoral de su antecesor, el ahora arzobispo de Buenos Aires y cardenal, Mario Poli, pero también la puesta en marcha de las nuevas orientaciones del papado de Francisco.
El argentino Jorge Bergoglio, desde que comenzó su pontificado, cambió el estilo de gobierno en la Iglesia católica y, por lo menos en sus gestos, intenta dar otro mensaje al mundo y a los católicos del que manifestaban sus antecesores.
En esa línea, aunque con un perfil como el de Poli, reformista para La Pampa aunque muy moderado, es que Martín se hizo cargo de la diócesis local y empezó a dar sus primeros pasos. No hubo hasta ahora muchas innovaciones, ya que recién está conociendo el escenario, pero sí ha dado manifestaciones de que se va a continuar con el rumbo fijado.
Cuando asumió en 2008, Poli, de un perfil bajo, le dio un tono distinto al obispado, caracterizado por el estilo conservador de su antecesor durante los años 90 y comienzos de siglo, Rinaldo Fidel Brédice, y de gran parte del clero pampeano, e insinuó algunos cambios de fondo. Por supuesto, tuvo la resistencia de los sacerdotes que se vieron amenazados por la nueva tendencia y hasta lo hicieron público, parte de los condicionamientos que quedaron del modelo de institución eclesiástica provincial que dejó la era Brédice.

Nuevos lineamientos.
Martín es un sacerdote joven. Tiene 56 años, usa mochila y se comunica a través de su celular. Se aparece de improviso en las parroquias, tiene llegada con los jóvenes a los que habla de igual a igual con su lenguaje y sus códigos. Y prefiere celebrar misa en los lugares del interior donde es necesaria la ayuda de otro sacerdote antes que en la catedral.
El obispo mantiene el perfil pastoral de Poli, ordenado el año pasado como arzobispo de Buenos Aires. Ambos trabajaron bajo las órdenes de Jorge Bergoglio durante años en la Ciudad de Buenos Aires y mantienen su línea. Una impronta de apertura y mayor dinamismo, pero no rupturista. No afecta a grandes pronunciamientos. El impulso que ha dado la asunción del papa Francisco en el Vaticano ha ayudado a allanar el camino de la idea ya marcada que encierra el “pastor con olor a oveja”. Una iglesia más volcada a la misión y de cercanía con los fieles, un cambio en el accionar sacerdotal privilegiando el gesto misericordioso y de inclusión en detrimento del énfasis en el pecado.
Martín ha visitado las parroquias y manifestado a los sacerdotes que deben estar disponibles para la feligresía y facilitar los sacramentos, sin complicarlos con cuestiones reglamentaristas -como pedirle que tengan el bautismo a los padrinos y madrinas, por ejemplo- o la insistencia en la moral sexual, y allanarles a los fieles el camino a la institución estando disponibles a cualquier inquietud. Una Iglesia con un mensaje de apertura.
La mano de Francisco comenzó a verse también en el discurso del obispo. En la homilía de la misa crismal de Semana Santa de este año afirmó: “Escuchamos, como el Padre bueno, que se baja para escuchar el dolor de los pobres. ‘He visto y escuchado la aflicción de mi pueblo en Egipto, he escuchado su clamor contra sus opresores, conozco sus sufrimientos y he bajado a liberarlo’. En esta escucha y desde esta escucha, el Señor sigue llamando, ungiendo y enviando”.

Conservadores que condicionan.
Pero el camino de esta concepción no está libre de obstáculos, como lo tuvo que sufrir Poli. Una curia conservadora y tradicionalista puso reparos a los movimientos del obispo anterior. Y hay señales de que tampoco se allanará sin más al perfil pastoral de Martín. De hecho, durante el intervalo del año pasado desde que Poli dejó el cargo hasta la llegada de su sucesor, ese momento fue aprovechado por los sacerdotes tradicionalistas para avanzar en algunas cuestiones. Hubo algunos vinculados con esa corriente que enviaron a los jóvenes pampeanos que quieren seguir la carrera religiosa a seminarios marcadamente ortodoxos. Poli, a diferencia de Brédice, cambió el seminario de San Luis por el de Río Cuarto, en Córdoba, más cercano a su línea, en la formación de esas vocaciones. Ahora los jóvenes que quieren emprender sus estudios para ordenarse han sido enviados por los curas pampeanos -hubo tres casos en los últimos meses- a los seminarios de San Rafael (dos) y San Luis (uno) nuevamente. En tanto, los frailes capuchinos recoletos mandan sus vocaciones al seminario de La Plata, por lo que éstos quedan incardinados en ese obispado a cargo de Héctor Aguer. Todos estos seminaristas no volverán a La Pampa, una provincia donde la institución vive particularmente la falta de sacerdotes y la falta de renovación de una curia muy conservadora.

La sombra de Servi Trinitatis.
Entre los condicionamientos que tiene Martín en su función por parte de algunos sectores hay otra situación heredada de hace años. El cuestionado instituto secular Servi Trinitatis sigue vigente y con presencia en la Catedral. En su momento, sus dos sacerdotes, que habían ganado espacio con Brédice en la diócesis, fueron investigados por reducción a la servidumbre por sus prácticas casi sectarias. Finalmente, en un fallo que despertó cuestionamientos, la Justicia provincial sobreseyó a los dos religiosos, pero ambos tuvieron que alejarse de La Pampa. Sin embargo, esa organización mantuvo su accionar. La sede propia en la calle O’Higgins donde se encuentran varias mujeres internadas sigue funcionando y sus seguidoras dan catequesis en la Catedral. Organizan campamentos y los sacerdotes ligados al instituto siguen visitando Santa Rosa y reclutando gente. Tienen una librería y la radio. Las quejas sobre los manejos de ese instituto le siguen llegando al obispado y a otras autoridades. Por ejemplo, tienen un catecismo propio para los chicos, donde se pone el acento en su obsesión por las cuestiones vinculadas a la moral sexual.

Nuevas tendencias.
En esta nueva línea comenzada por Poli y mantenida por Martín, es de destacar como ejemplo del cambio en la función sacerdotal el caso del cura Fabián Mondini. Llegó a La Pampa durante la era Poli y hoy está radicado en La Adela y Río Colorado. El religioso, que también estudió para abogado, analizó el último documento del Episcopado, o mejor dicho, algunas lecturas interesadas que se hicieron del texto, y que apuntó al tema de la violencia social en el país.
En un medio digital de esa zona publicó su opinión: “Desde el vamos la mayoría de los medios que no comparten la línea política del gobierno como aquellos que sí y algunos funcionarios gubernamentales como dirigentes de la oposición han tratado de presentar el mensaje de los obispos en una sola dirección, una neta confrontación con el gobierno nacional. Algo totalmente erróneo ya que en el segundo renglón del mensaje dice a quien está destinado ‘nos dirigimos a todos los miembros de la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad'”.
“Sin embargo -continúa- el texto es mucho más amplio y más rico, ya que enumera varias situaciones de violencia las cuales no todas son delictivas. Todo delito es violencia, pero no toda violencia es delito. Se enumeran la violencia delictiva, las situaciones de exclusión social, la corrupción pública y privada, la crisis familiar y escolar, la lentitud de la justicia, la desvalorización de las normas legales desde la constitución a las más simple regla de convivencia, la justicia por mano propia (linchamiento), el responsabilizar y estigmatizar a los pobres por la violencia, la ostentación de riquezas de algunos, los medios de comunicación que han aumentado los espacios para las noticias violentas, pero que no siempre informan con objetividad y preservando la privacidad de las víctimas o victimarios y varias más”, indicó.
“Por último la inmensa mayoría de los que hablaron sobre el mensaje episcopal; políticos, sindicalistas, dirigentes sociales, periodistas, columnistas ya sean oficialistas u opositores; miembros del gobierno nacional e incluso algunos miembros de la Iglesia no fueron capaces de reconocer algo de la parte que les corresponde”, resalta el sacerdote.