La matriz pro-estadounidense de la oposición política y mediática

EMILIO MARÍN
Era algo evidente pero en la semana tuvo nuevas confirmaciones. La oposición política y mediática al gobierno nacional tiene una fuerte impronta pro-estadounidense y a favor del neoliberalismo.
La oposición conservadora y los medios monopólicos ya venían envenenados contra el gobierno por la propuesta de democratización de la justicia. Aquellos sectores la presentan como un brutal ataque a la independencia del poder judicial con vistas a asegurarse el poder y la impunidad.
Ese envenenamiento continuó con nuevas dosis, luego que Cristina Fernández lograra la aprobación de dos leyes de las seis en tratamiento en el Congreso. El resto sería votado esta semana, luego que fracasara Elisa Carrió en impedir el funcionamiento del mismo.
Mientras se va a reanudar el debate sobre el paquete democratizador, la oposición -sabiéndose perdidosa- ha puesto a retumbar toda su artillería mediática, que no vota pero incide en el recinto y, sobre todo, fuera de él.
Hubo juristas de supuesta sapiencia que presentaron recursos de inconstitucionalidad sobre la reforma al Consejo de la Magistratura; fueron rebotados porque el mismo aún no alcanzó el estatus legal. Alfonso Prat-Gay, de la Coalición Cívica, fue más práctico y propuso que toda la oposición se coaligue en una lista única de candidatos a consejeros para ganarle al oficialismo y obtener hasta 8 consejeros. El ex banquero prefiere contar esos porotos, como antes los dólares del JP Morgan, en vez de adentrarse en los meandros de Tribunales.

Es chantaje.
La oposición se prendió de las polleras de la relatora de la ONU para la independencia judicial, la brasileña Gabriela Knaul. Ella afirmó que la reforma judicial es contraria al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y a la independencia de la judicatura. Lo declaró desde Ginebra y luego, faltaba más, ante Radio Mitre, que es Clarín. Knaul, sintonizada con la oposición argentina, ni siquiera esperó la respuesta del Palacio San Martín a sus objeciones. Por eso Héctor Timerman se quejó de su insólita actitud y de su falta de imparcialidad.
Uno de los escribas que más celebró la injerencia de la jurista brasileña fue Joaquín Morales Solá. El jueves se congratuló en “La Nación” (“Otra señal de aislamiento e ilegalidad”) que “la única guerra que Cristina Kirchner no había previsto era contra la ONU, la organización más poderosa de la comunidad internacional”.
En un conflicto entre Naciones Unidas y el gobierno argentino, como en otro entre Repsol y el mismo gobierno, o entre los “fondos buitres” y el país, etc, el amigo del fallecido general Antonio D. Bussi la tiene reclara: en contra de los intereses nacionales.
De ese artículo lo más grave no fue aquel párrafo sino este otro: “la Corte Suprema de Justicia se reunió, en su encuentro semanal de acuerdos, y el presidente del cuerpo, Ricardo Lorenzetti, confirmó que debió advertir seriamente al gobierno sobre las disposiciones que derrocaban a ese tribunal como cabeza del Poder Judicial. ‘Eso no debía pasar. Y si hubiera pasado, yo no me habría quedado para convalidar el atropello’, dijo Lorenzetti confirmando una información de “La Nación” del viernes último. ‘Nos íbamos todos’, sintetizó otro miembro de la Corte”.
Si fue así, quiere decir que el núcleo duro de la corporación judicial ha adoptado una política de chantaje al gobierno democrático. Si la reforma judicial les sacaba el manejo de “la caja”, aunque lo preceptúa el artículo 114 de la Constitución Nacional, y si no permitía que los camaristas, jueces y magistrados designaran a sus secretarios sin concurso, estaban dispuestos “a tomarse el olivo”, como se dice vulgarmente.
Semejante actitud amerita la citada reforma judicial. La democracia fue demorada casi 30 años y está golpeando la puerta de Tribunales. No se la quieren abrir…

En línea con el imperio.
La sintonía entre la citada oposición y los grupos mediáticos y empresarios concentrados no se limita a las iniciativas de una apertura judicial. Son muchos los temas donde se verifica esa coincidencia política.
Un ejemplo, el canciller español llegó a Estados Unidos y reiteró la posición del gobierno de Mariano Rajoy de demandar a Argentina ante el tribunal del Banco Mundial, el Ciadi, por 10.500 millones de dólares, por la nacionalización de YPF. Madrid la considera una vulgar confiscación.
Y en simultáneo, la “tribuna de doctrina” pro-estadounidense dedicaba su editorial de ayer (“YPF, a un año del expolio”) a denostar esa nacionalización. Dijo el matutino que mejor expresa los negocios de la Sociedad Rural y la Bolsa de Comercio: “el quiebre brutal de las reglas que se produjo con la confiscación agudizó el daño que se pensaba subsanar y ahuyentó a posibles inversores en el país. Aquel 16 de abril, mientras Cristina Kirchner pronunciaba un discurso encendido en la Casa Rosada, la Gendarmería entró en la sede de la compañía para expulsar a directivos nacionales y extranjeros como si fueran delincuentes. El procedimiento parecía inspirado en películas sobre revoluciones”.
Cualquier coincidencia entre Repsol y “La Nación” no es mera coincidencia…
Otro ejemplo revelador. En el polémico locro del 1 de mayo organizado por el peronismo más derechoso en Córdoba, el documento “Unidos para cambiar” se quejó de que CFK se orientaba a la unidad con Venezuela e Irán. Textualmente aseguró: “también quiere hacernos creer que el mundo se divide igual y nos llevan a un eje internacional equivocado. Argentina tiene que estar con las naciones que buscan el progreso, la paz, el orden y la justicia social en democracia y libertad”.
Para estos políticos neoliberales, Washington, Berlín, Roma y hasta Londres y Madrid son las capitales de ese progreso, paz, orden… La realidad indica otra cosa: en buena parte de América Latina hay un fuerte viento de cambio social, mientras que la vieja Europa y el imperio no pueden superar la crisis capitalista, quizás la más profunda de su historia.

¿Cavallo lo arreglará?
Repsol y muchas otras multinacionales, incluso latinas como la minera Vale, se quejan del “mal clima de negocios” que existiría en Argentina, la “inseguridad jurídica” y la inflación, así como de la brecha entre el dólar oficial y el que llaman “blue”, que mejor se debe denominar directamente ilegal.
En particular en estos días las cacerolas mediáticas se baten con fuerza por la cotización del billete verde en el mercado marginal, que rozó los 10 pesos, con una ancha diferencia con la cotización del legal.
Esa diferencia de mercados dio pie a que los medios hegemónicos pusieran en lugar destacado los conceptos de Domingo F. Cavallo, augurando que la situación argentina va camino a un Rodrigazo y que por eso la presidenta no quiere devaluar. Una cosa son los desperfectos y limitaciones de la economía, que realmente existen, y otra cosa es que el cavallismo pudiera ser una plataforma de salida para esos problemas. Es increíble ese retorno de los muertos vivos. ¿Los responsables directos de la mayor crisis de la historia argentina, que reventó en diciembre de 2001, pueden hablar sin sonrojarse y hasta pontificar sobre la evolución de la situación económica?
En realidad, varios de esos aspectos que lastiman a los asalariados y vastos sectores populares -como la inflación- no son responsabilidad central del gobierno sino de los monopolios y otros formadores de precios.
En todo caso el error del gobierno nacional es su apuesta a un acuerdo con esos monopolios, confiando en sus supuestos efectos positivos. La presidenta estuvo primero en la planta de la británica Unilever, luego hizo propaganda de Wal Mart y esta semana irá a la Fiat de Córdoba. Una de las contradicciones habituales del peronismo…

El viento los amontona.
La oposición conservadora, a instancias de Clarín, y bajo la influencia del modelo de la oposición venezolana, busca aglutinarse para evitar el papelón de octubre de 2011, cuando el segundo, Binner, llegó a varias leguas de Cristina Fernández.
Así se entiende mejor el llamado a la lista unitaria de Prat-Gay y también el operativo locro del 1 de mayo, del gobernador cordobés.
Como esos intentos por ahora no son unidad sino rejunte, los primeros pasos provocan más peleas, como la crítica del macrismo a Roberto Lavagna por su foto con De la Sota y Moyano, y la devolución del ex ministro con alusiones a las fotos de la represión del PRO en el Borda.
Sin embargo, a despecho de esas dificultades, que pueden o no resolverse en camino a las legislativas de este año y las presidenciales de 2015, no hay que perder de vista que hay una fuerza poderosa que busca aglutinar a esos políticos con almas de vedettes. El Departamento de Estado los quiere ver juntos, como en Caracas.
“Cristina Kirchner está enfrentando múltiples crisis políticas y económicas y se ha afianzado cada vez más sus alianzas con las dos fuerzas más antagónicas a los intereses en Estados Unidos y la democracia en el continente: Venezuela e Irán”, asegura un informe de Douglas Farah, investigador del International Assessment and Strategy Center. Ese documento de Farah será discutido en el Congreso de Estados Unidos y a muchos opositores argentinos les gustaría estar invitados para echar más leña al fuego. Cada partido los cría aparte, pero el viento del Norte los amontona…