La mirada vecinal sobre violencia en los barrios

Señor Director:
El pasado martes se dio a conocer en la universidad nacional de La Plata un informe elaborado por la Defensoría del Pueblo Bonaerense con colaboración de la UNLP y las de San Martín, La Matanza y Avellaneda. En la misma ocasión disertó el doctor Raúl Zaffaroni.
El informe se hizo mediante preguntas a vecinos de cinco barrios pobres del conurbano con alto índice de homicidios dolosos. Los porcentajes de respuestas muestran que los vecinos perciben que víctimas y victimarios pertenecen al mismo barrio y son de la misma condición económica y del mismo grupo etario (jóvenes de bajos ingresos). Este mismo grupo es el que más sufre la violencia (según el 34% de las respuestas) y también es el responsable principal de ejercerla (40%). Con todo, el 75% dice que su barrio es un buen lugar para vivir. Predomina la respuesta negativa acerca del papel de las fuerzas de seguridad (37,5% con picos de hasta el 55,5 por ciento). Estas respuestas vecinales coinciden en que la policía actúa a partir del hecho consumado y que la acción preventiva es inexistente. Los extranjeros no son denunciados como problemáticos (sólo por 5,9% de los consultados). Acerca de causas, los vecinos no atribuyen la violencia solamente a la pobreza: también a venganza, peleas, discusiones y cuestiones emocionales.
Zaffaroni se refirió a la violencia en el ámbito regional y dijo que lo que se vive en ese nivel es una tercera guerra mundial por goteo (hacía suyas recientes expresiones del papa Francisco): es un genocidio y lo que prevalece es “la violencia estatal, por acción u omisión”. La Argentina tiene un índice de 6 a 6,5 homicidios cada 100.000 habitantes y está mejor que Brasil (27 por cien mil) o México (20). Los muertos son jóvenes de esos barrios, quienes, además, son estigmatizados por los medios masivos de comunicación. “El hecho de que estemos notoriamente mejor en los índices de letalidad no nos exime del problema, porque acá también los medios de comunicación concentrados estigmatizan al mismo sector de la población”. El expositor pidió a los estudiantes “pensar en el mundo que viene, el mundo que tenemos, porque se trata de salvar vidas humanas”.
El ministro de la Corte dijo que ahora la globalización, como antes el neoliberalismo, es un poder planetario que establece normas, “donde a unos les toca la mejor parte, como siempre, y a otros, la peor”. Vivimos en un mundo particularmente violento. La mitad de los habitantes del planeta vive en la pobreza y unos 1.200 millones viven con un dólar al día. De 23 países que superan el 23% de homicidios violentos por 100.000 habitantes, 18 son de América latina y el Caribe y los restantes son africanos. La concentración de medios de comunicación se da tanto en Brasil como en México y la Argentina y desde ahí se estigmatiza a los jóvenes, al tiempo que la letalidad de las fuerzas policiales recae sobre esos jóvenes estigmatizados. En Brasil, ahora, decrece el número de víctimas blancas, pero crece el de las personas de color y esto habla de persecución racista.
Conviene conocer estos datos y tales pensamientos. Los primeros aportan para la mejor comprensión del problema. A su vez, el pensamiento propone un debate fundado en datos de una realidad expresada a través de distintos testigos. Y de lo que se trata es tanto conseguir que no prosiga la “tercera guerra” de que habla el Papa por referencia a la serie de conflictos armados, como de generar las condiciones para que los niños y jóvenes que nacen en medios donde predomina la pobreza puedan encontrar opciones ciertas para sobreponerse al condicionamiento ambiental y a la estigmatización interesada en asignarles toda la culpa. Zaffaroni vincula esta acción con el fenómeno reciente de la globalización, que tiende a debilitar a los Estados y la política o apartarlos de su papel dirigido a gestionar y disolver el conflicto y sus causas.
Atentamente:
JOTAVE