La obra pública en terapia intensiva

Otra vez una obra pública sorprendió, y no para bien, a los pampeanos. Los problemas constructivos que se descubrieron en el nuevo Centro Cultural Provincial vienen a confirmar, una vez más, las falencias endémicas que exhibe el Estado pampeano desde hace mucho tiempo en esta materia.
Que un edificio nuevo, construído con el propósito de dar lucimiento a las expresiones culturales, muestre tantos inconvenientes de diseño y construcción a apenas un año de ser inaugurado, debería poner en estado de alerta a las autoridades de la Provincia.
Claro que no se trata de un caso aislado. Lamentablemente es interminable la lista de obras realizadas por todas las gestiones que tuvo la Provincia que se destacaron, más que por sus virtudes, por los graves problemas que desnudaron al poco tiempo de inauguradas. El caso paradigmático es, sin dudas, el del Megaestadio, pero muy lejos está de ser el único. La enorme mole de cemento y ladrillo, abandonada a orillas de la laguna Don Tomás, es solo el eslabón más visible de una larga cadena de construcciones fallidas que viene de mucho tiempo atrás.
Un caso reciente lo constituye la estación de servicio de Ataliva Roca que, a apenas un mes de ser inaugurada, debió clausurarse por sus taras constructivas. No se trata de una edificación sofisticada con complejos desafíos técnicos. Es solo una modesta estación de servicio como las centenares que hay en la provincia o las miles que hay en el país. Y a propósito de esa localidad, es imposible esquivar, si se habla de la obra pública, una referencia al recordado Polideportivo que se derrumbó con un ventarrón. Otro oscuro lunar en este ranking penoso.
Una ennumeración rápida de estos problemas no puede omitir a la vistosa Ciudad Judicial. Primero fueron las inundaciones que afectaron el nivel del subsuelo por no preverse la cercanía y el ascenso de los niveles freáticos, una negligencia incomprensible ante la proximidad del espejo de agua de la laguna. Ahora se están realizando trabajos de oscurecimiento de su enorme superficie vidriada porque la radiación solar convierte a esas dos grandes moles poco menos que en hornos de microondas y exige al límite a los equipos de refrigeración. Ese problema de diseño tampoco era difícil de abordar en una región como la nuestra sometida a rigores climáticos extremos en las estaciones estival e invernal. La irreflexiva introducción de modelos adaptados a geografías muy distintas es lo que ahora se está pagando, y muy caro, para el tesoro público.
El edificio del Crear también fue, oportunamente, motivo de quejas por parte del personal docente y del alumnado. Apenas inaugurado, surgieron infinidad de inconvenientes constructivos que obligaron a refacciones durante largos meses para incomodidad de los que allí cumplen sus tareas. En muchas escuelas de la provincia también se repitió esta triste experiencia.
Pero esta somera ennumeración de casos testigo no podría olvidar al que fue el ejemplo supremo de la improvisación en nuestra provincia, el emblema de la pésima factura de la obra pública. Como el lector habrá adivinado, nos referimos al acueducto del río Colorado que permanentemente tiene en vilo a los pampeanos a causa de sus frecuentes fallas y salidas de servicio.
El reciente cambio de gobernantes debería constituirse en una oportunidad para que las nuevas autoridades realicen un severo examen de los múltiples problemas que viene presentando la obra pública desde hace bastante tiempo. La revisión de criterios, protocolos, sistemas de adjudicación e inspección, capacitación de personal técnico, controles de calidad, etc., debería ser prioritario para provocar cambios sustanciales en un rumbo que ha deparado más dolores de cabeza que satisfacciones. Los pampeanos agradecerán esa preocupación porque son cuantiosos los recursos económicos que se dirigen a ese destino.