La relación personal y si es asunto de otro tiempo

Señor Director:
Días atrás, luego de leer y contestar un mail de un nieto que se halla en Alemania me quedé pensando en un detalle: que nunca deja de dar cuenta de sus quehaceres ajenos al laboratorio, donde realiza un posdoctorado: en particular las relaciones con estudiantes de toda Europa, muchos de ellos llegados desde repúblicas de Asia central (ex soviéticas en su mayoría). Cuenta lo que hacen juntos en tren de distracción y todo lleva a pensar que valora esos encuentros en un nivel muy alto.
Desde hace tiempo vengo observando cómo muchas personas de mi conocimiento hacen lo mismo aquí. Como que se empeñan por evitar que se cierre el ciclo (¿juvenil?) de las relaciones de camaradería y amistad. Algunas ponen tanto empeño que me han hecho pensar que se esmeran por prolongar un modo de vida que la sociedad de nuestro tiempo no prohíbe, pero de hecho dificulta.
El pasado lunes, en la columna habitual de Juan Sasturain (en Página/12), que leo habitualmente, me llamó la atención que titulase “Saludables Forster”. Comienza por referirse al argentino Ricardo Forster, para destacar el esfuerzo realizado para organizar y llevar a buen fin el Foro por la Emancipación y la Igualdad (que acabo de comentar aquí). En este caso también se ha realizado un singular esfuerzo para reunir a personas destacadas de la cultura y la política de América Latina, América del Norte y Europa que coinciden en el mismo interés por interpretar el momento internacional y que han podido conocerse personalmente y dialogar en las mesas del Foro y en el resto del tiempo libre de las jornadas. Luego de esta referencia, Sasturain parece saltar a “otra cosa”. Hace aparecer el nombre de E. M. Forster, un notable novelista inglés, autor de cinco novelas, todas ellas traducidas a nuestra lengua. Este Forster murió en l970, a los 91 años. Después de la quinta novela se abstuvo de este género. Participó en actividades culturales y aceptó la invitación de una editora inglesa que propuso que un grupo de notables de la cultura de las islas escribiese un I Believe (Yo creo). Las respuestas fueron reunidas en un volumen colectivo aparecido en l939. En l941 se publicó en la Argentina (Sudamericana) con otro título: Credo del pensador.
Lo que escribió E. M. Forster fue lo siguiente, según la nota de Sasturain: “Las relaciones personales son despreciadas hoy. Son consideradas como un lujo burgués, producto de una época de buen tiempo que ahora ha pasado, y se nos insta a librarnos de ellas y dedicarnos, en cambio, a algún movimiento o causa. Odio la idea de morir por una causa, y si tuviese que escoger entre traicionar a mi patria y traicionar a un amigo, espero que tendría el coraje de traicionar a mi patria. Es probable que no se nos pida jamás que hagamos una elección tan penosa. Pero hay en lo hondo de todo credo algo tan terrible y duro por lo cual puede exigirse que el creyente sufra alguna vez, y hasta hay un terror y una dureza en ese credo de las relaciones personales, por urbano y dulce que parezca”.
El pensamiento de E.M. Forster que acabamos de reproducir puede provocar reacciones diversas entre los lectores por lo que se refiere a la opción entre la patria y el amigo, tan a contramano de lo que aprendemos inicialmente. Puede pensarse en alguna conciliación, pero es inocultable que la opción dura puede presentarse en más de un caso. Lo que propone este pensamiento (que deja la sospecha de otras honduras) es una revalorización de la amistad y yo creo que también revaloriza lo humano, la humanidad, como algo que también creo (y acabo de publicar en esta columna): que lo humano está bregando por escapar a los condicionamientos que han hecho de la guerra un acontecimiento siempre presente. Quizás este Forster ha ido un paso más allá y quiere advertir que la vigencia plena de los derechos humanos no pondrá fin al conflicto, aunque se dé en otro plano, ojalá que menos cruento.
Atentamente:
JOTAVE