La seguridad y el ojo del gran Hermano Protector

Señor Director: Desde hace tiempo venimos haciendo de la seguridad un tema de debate y de propuestas políticas. Es notorio que hay personas que se sienten amenazadas por un peligro proteico, que cambia de forma pero es constante.
El enemigo puede ser la droga, el tabaco, el alcohol, los virus, la vejez, la conciencia de la propia muerte, el ladrón, el cambio ambiental, el rayo, el Estado, la riqueza concentrada en pocas manos, los degenerados de todo tipo, los terroristas, el Otro y hasta Uno mismo cuando se baja la guardia. Si completamos la enumeración caemos en la cuenta de que somos seres tan desamparados que no tenemos alternativa: o buscamos protección o nos decimos que sea lo que fuere vamos a insistir en compatibilizar nuestro miedo con el ideal liberador que ha gestado la condición humana.
Si acudimos a la historia, para preguntarnos cuándo comenzó la inseguridad, advertimos que su compañía ha sido constante porque los hombres de todos los tiempos han tenido una sensación de orfandad y abandono que han procurado superar de mil maneras, desde decirse -como Don Juan- “quién me quita lo bailado” y bailar, hasta esconderse como ese millonario norteamericano que se encerró en una casa aséptica, con todos los elementos de seguridad contra ladrones y enfermedades.
Un tal Tomás Hobbes razonó este tema en El Leviatán, en el que observó, hace cinco siglos, que este estado de inseguridad es inevitable, puesto que, siendo cierto que todos los hombres somos iguales por naturaleza y razón, siempre vamos a colisionar entre nosotros. Infiere que entonces se creyó necesario construir un poder superior, inapelable, que daría paz y seguridad… a cambio de la libertad. El miedo habría dado origen a una organización social y legal que culmina en un Estado que garantiza esa seguridad con dicho precio. A este ente de nuestra creación le llama Leviatán. Ante la insoportable inseguridad optaríamos por resignar nuestra libertad. En un libro más reciente, de menos de un siglo, apenas terminada la II Guerra, titulado 1984, otro británico llamado George Orwell estimó que desde entonces (1954) el mundo humano se encaminaba en un proceso que culminaría con la creación de dos supernaciones, ambas rigurosamente garantistas de la seguridad, donde un Gran Hermano daría certeza de la seguridad de todos a cambio de establecer un sistema de control riguroso de todos, incluyendo ingenios para tener acceso hasta los dormitorios de cada uno para prevenir rebeldías y conspiraciones.
Resultó que Orwell no equivocó el diagnóstico, pero sí la fecha, ya que, llegado el año l984 no sucedió lo pronosticado. En el curso de la guerra fría se configuraron dos bloques de naciones poderosas que hicieron y hacen lo posible por controlarse entre sí sin descuidar el frente interno. Ahora, con las nuevas formas de espionaje que se han desarrollado, ya existe de hecho la posibilidad de controlarlo todo y a todos, hasta en los momentos más íntimos y recatados. Cierto es que ahora todo se hace en nombre del derecho a la libertad, tanto para el acto de bombardear como para la acción terrorista.
Por su parte, los individuos humanos de todos lados están desarrollando una suerte de enamoramiento con lo que llaman las cámaras, que son como ojos múltiples que todo lo ven y todo lo cuentan en una central procesadora, donde operan y crecen o pueden crecer pequeños Granhermanos que luego podrían concluir fusionándose en un Gran Hermano, que ofrezca garantía de seguridad universal.
La necesidad de gestionar la libertad y la inseguridad resultantes del reconocimiento de la igualdad por naturaleza y por razón, también ha dado una alternativa para seguir buscando la seguridad posible sin enajenar la libertad. Contra el Leviatán opresor se trata de conciliar libertad y miedo mediante la gestión política de esa dualidad insuperable. La democracia es el desafío.
Atentamente:
JOTAVE