La tierra y su vario Lazo con el usuario

Señor Director:
En los últimos días de agosto el tema de la tierra y su relación con nuestra especie, apareció como noticia destacada.
El tema ha estado presente en la actualidad, en la Argentina y en el mundo. Me interesó inicialmente por mi inclinación a conocer el proceso de la ocupación del planeta por nuestra especie. Supe que el hombre primitivo emprendió su marcha planetaria hace casi dos millones de años; el hombre moderno, el sapiens, hace unos 65 mil años, desde un lugar de África. Los recorridos de esta expansión se reconstruyen con el avance del conocimiento, pero no es mi tema; si lo menciono es para dejar sentado que la ecúmene actual es un hecho reciente en relación con la edad de la Tierra. Escribo con T para mentar al planeta todo y con t para las tierras emergidas y ahora habitadas.
Lo que se debate ahora en el país es la relación con los grupos aborígenes sobrevivientes y el ordenamiento territorial. Un proyecto de país debe corregir las desigualdades notorias entre provincias y regiones y prevenir la apropiación, por extranjeros, de tierras de frontera o que tengan relación con los bienes de importancia sustancial. Tal es el caso del agua potable, recurso crítico y condicionante, como lo son el aire (su pureza) y lo que provee o posibilita la naturaleza. Dado que en el mundo no existe igualdad (en riqueza y poderío), la prudencia aconseja no favorecer aventuras de afuera por el descuido de estados de cosas de adentro (casos actuales de Libia y Siria). Las provincias argentinas acaban de informar sobre tierras en poder de extranjeros: 2,3 millones de hectáreas. También en estos días la ONG mundial que estudia la relación entre consumo y recursos, ha hecho saber que este año la humanidad agotó lo que puede producir anualmente el planeta en sólo ocho meses. Desde agosto todos en el mundo estamos en déficit.
El recurso básico es la tierra fecunda y fecundable, cuya demanda ha sido uno de los motores que llevaron al hombre a ocupar todo el espacio adecuado a sus necesidades. Ese proceso de descubrimiento fue acompañado por la apropiación y por el reconocimiento de la propiedad privada en favor de los ocupantes, conforme a la pauta del naciente capitalismo. El derecho del primer ocupante, con consenso legal, no ha tenido respeto regular. Cabe recordar que gran parte de la tierra americana ya tenía ocupante cuando invadió el europeo. Las culturas aborígenes no tenían títulos de propiedad formales, pero el hombre se repite a sí mismo, con variantes circunstanciales: los imperios incaico y azteca, entre otras grandes comunidades precoloniales, libraron guerras de conquista. Hay una diferencia con la actualidad, al menos en parte, puesto que para el aborigen la propiedad era de la comunidad.
Desde la independencia de los actuales países de América hasta nuestros días se ha desarrollado la propiedad privada de la tierra, que tuvo su razón de ser, pero que, al proceder sin someterse a una noción reguladora de conjunto, generó y luego perpetuó situaciones de inequidad y, en casos, las ha estado agravando. Así llegamos a este momento, en el que los países tratan de hallar manera de reducir la desigualdad y darse mejores garantías para el futuro. La idea básica del propósito de “ordenamiento de tierras” ha crecido con los últimos siglos y hoy se reconoce el derecho prevaleciente de la comunidad para modificar la propiedad de terrenos o espacios determinados cuando ésta afecte o comprometa al conjunto. Se lo hace legalmente por expropiación mediante resarcimiento económico a quienes figuran como propietarios. Eso está en nuestra constitución. Hoy se discute un ordenamiento mayor para ver si el país puede establecer mejor los derechos de igualdad territorial y cuidar su futuro.
Hay quienes piensan que la tierra no es apropiable, pues somos criaturas suyas. “De polvo eres y al polvo volverás”. Pero, éste es otro tema.
Atentamente:
JOTAVE