Las buenas noticias siempre están en el futuro

EL MACRISMO Y LA GESTION DE LAS PROMESAS

Lucas Eidelman* – Macri encarna un gobierno de expectativas: “en el segundo semestre bajará la inflación y repuntará la actividad económica”; pero los asalariados, comerciantes y pequeños empresarios no se van a dar cuenta.
El presidente Mauricio Macri y el ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat Gay aseguran que las buenas noticias comenzarán a llegar en breve, en este segundo semestre que comienza. En pleno contexto de desaceleración económica, despidos masivos y pérdida del poder adquisitivo, esta afirmación apuesta a generar una mirada optimista sobre el futuro cercano, apelando a la confianza de quienes llevan adelante las políticas económicas y sosteniendo que este trance era inevitable. Pero economistas y analistas políticos coinciden en que tanto los números como la confianza se resquebrajan.
Desde su asunción, Macri tomó un rumbo económico que provocó un fuerte impacto en el bolsillo de la clase trabajadora. Depreciación de la moneda, despidos en el sector público y el privado, desregulación en el control de precios, aumento en las tarifas de servicios. Una larga lista, que a esta altura resulta imposible de esconder incluso por los medios que apoyan al gobierno.
Sin embargo, desde las oficinas de la Casa Rosada parecen conformes: contextualizan los cachetazos en una transición, en un proceso de normalización de la economía anclado en el relato de sinceramiento de una herencia trágica. Todo está mal, pero ¡tranquilos!, estaremos mejor. “Ordenar lo que nos habían dejado lleva a tomar decisiones que nos duelen, pero es el camino de la verdad”, sinceró el presidente a comienzos de abril. ¿A qué camino se refiere? ¿En qué indicadores económicos se sustentan las promesas de un futuro mejor? ¿Vamos a estar mejor?

El factor externo.
Para Andrés Asiain, economista y Director del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), la situación económica del primer semestre se vio marcada desfavorablemente por la crisis en Brasil, la parálisis en la obra pública y la contracción del consumo interno generado por la suba del dólar y el incremento en las tarifas. Sobre el factor externo, detalló: “La economía de Brasil continúa en crisis, registrando en los primeros tres meses del año una contracción interanual del 6,6%. Esto generó un doble impacto en la industria local: por un lado, por las menores exportaciones -que en el caso automotriz registran una baja del 30% interanual acumulada a abril-, y por la venta al mercado argentino de la sobreproducción industrial brasileña, que en el mismo sector muestra incrementos de importaciones del 46% interanual para el mismo período”.
Asiain considera que “la situación externa no tiene perspectivas ciertas de mejorar. De ahí que un cambio de escenario económico en el segundo semestre debería estar determinado por un nuevo rumbo en la política interna”.

Infladísimos.
A seis meses del comienzo de la gestión, el Banco Central logró el objetivo de reducir la cantidad de dinero circulante a través de una agresiva política de colocación de Lebacs. La venta de estas letras, que llegaron a pagar casi diez puntos más que lo que ofrecieron los plazos fijos en el mismo período, se multiplicó por cuatro.
Sin embargo, para los economistas del CESO la efectividad en materia de contención de precios ha sido nula. “El fracaso de la política monetaria en materia de precios muestra que las causas de la inflación deben buscarse en lugares alternativos a los que suele explorar la ortodoxia. La principal característica de la inflación en argentina es su componente inercial (dado por la indexación de hecho de contratos de alquileres, créditos, negociaciones salariales, acuerdos con proveedores, etc.), que no cede ante restricciones de liquidez y mermas en la demanda agregada. Por el contrario, su piso inercial se eleva ante cambios bruscos en precios claves como el dólar y las tarifas”, afirman en el informe publicado para el mes de mayo.

Optimistas, abstenerse.
“Si se mantiene sin nuevos saltos el valor del dólar, los combustibles y las tarifas, la concreción de los aumentos salariales negociados en paritarias junto a los incrementos de las asignaciones y jubilaciones podrían moderar el deterioro del consumo interno. También pueden mejorar el desempeño del sector de la construcción, y con ello el empleo”, advierte Asiain.
Los economistas coinciden que el gobierno disminuirá la inflación y retomará la iniciativa en el sector de la construcción. Pero, de no cambiar el rumbo, el segundo semestre será solo una foto para los discursos presidenciales. Desde ya, se considera poco probable que los afectados por los impactos de la política económica terminen el año en curso mejor de cómo lo comenzaron.
“Los recientes incrementos en combustibles y tarifas tienen impactos secundarios en la estructura de costos de las empresas, a los que se sumará el ya tradicional pase a precio de los aumentos salariales. De esa manera, con una visión optimista, la inflación cerrará el 2016 cerca del 40 por ciento, y la mejora de los salarios, jubilaciones y asignaciones entre 10 y 5 puntos por debajo. La consecuencia es una caída interanual del consumo, que, aunque menor que el primer semestre, no deja de ser una baja”, auspicia Asiain.

(Des)confiemos.
Al realizar la búsqueda “Macri + prometió” en Google, se encuentran decenas de propuestas futuras postuladas a lo largo del último semestre. El sociólogo y analista político Carlos Fara asegura que la combinación puede resultar peligrosa. “El presidente está muy obsesionado con el uso de la palabra confianza, pero las estrategias discursivas dependen mucho de cómo la sociedad decodifica hechos. Si estos no se decodifican positivamente, por más que se repitan en el discurso, no sirven para nada”, sentencia. Además, advierte que “teniendo en cuenta que hay un porcentaje importante de la sociedad que piensa que éste es un gobierno para ricos, la percepción del ejecutivo se da de bruces con la utilización de la palabra confianza”.
Con los golpes hacia los sectores con menores ingresos de la población, la opinión pública empieza a modificarse y la imagen de la gestión desciende en la medida que las decisiones avanzan en consecuencias para los hogares. Para Fara, “está claro que el tamaño del ajuste ha hecho crujir a varios sectores, y es uno de los motivos centrales de la caída en la aprobación de la gestión presidencial. De todas maneras, las expectativas se sostienen bastante elevadas, con lo cual lo convierte, más que nada, en un gobierno de expectativas”, aclara.

Ganancias selectivas.
Otro analista, el consultor político Ricardo Rouvier, coincide en la mirada sobre la economía: “El gobierno de Cambiemos tomó medidas destinadas a elevar o sostener la tasa de ganancia empresaria, y esto se está logrando no a través de la expansión del mercado interno, sino disminuyendo el ingreso del trabajo”. En este sentido, Rouvier considera que “la comunicación oficial apunta a mantener la esperanza en la población sobre la posibilidad del derrame económico en el futuro. Sin embargo, la opinión pública aún le otorga un crédito al presidente y a la gestión. Si bien la imagen del gobierno y la personal del presidente viene cayendo por efecto de la inflación, el temor a perder el empleo o los que ya lo perdieron, todavía hay una parte de la población que tiene confianza en el futuro”.
Pero la opinión pública es una vereda ancha, sinuosa y difícil de retratar con una sola foto. Y ni siquiera la maquinaria más grande de venta de promesas puede transformar lo que sucede en el plano de la realidad concreta, la tangible. El plano del hoy y ahora.
“Así como todavía no hay un plan económico -hay políticas, pero no ordenadas a largo plazo-, tampoco hay un plan de comunicaciones. La estrategia de localizar la recuperación en el segundo semestre tiene un aspecto positivo y otro negativo. El positivo es que pone un elemento temporal esperanzador, y lo malo es que al instarlo se ve obligado a cumplirlo”, dice Rouvier. “Ya, de alguna manera, varios funcionarios han salido a hablar del año que viene, o sea que el segundo semestre se extiendió”.
En consonancia, Fara agrega: “El gobierno necesita tener por lo menos un indicador que evolucione favorablemente. Si no mejora la actividad económica, tiene que haber una baja sensible en el tema inflación. Aun así, esto tampoco garantiza que la imagen vaya a mejorar. La inercia de la opinión pública es bastante fuerte y, por lo tanto, cuando se logra calmar una situación, se limita la pérdida, pero no necesariamente se recupera imagen”.

Fríamente y sin calcular.
El hecho de que la mayor porción del gabinete presidencial tenga raíces en el sector privado generó críticas del amplio espectro opositor. Los cañones apuntaron a cuestionar el orden de intereses de los funcionarios, pero pocos fueron los que apostaron a hablar de incapacidad. Sobre este punto, Rouvier observa un equipo con mucha experiencia empresaria, pero poca política. Y destaca que es allí donde “aparecen declaraciones innecesariamente fuertes -como el caso de Durán Barba-, y otras fuera de lugar”.
Otra vez coincidente, Fara analiza: “Hasta acá hubo cierta improvisación. Ellos imaginaban el discurso más tranquilo, vinculado a las expectativas y las buenas ondas, pero cuando tuvieron que salir a responder sobre situaciones complicadas -como los Panamá Papers, las tarifas, el Impuesto a las Ganancias- se notó la improvisación: en el manejo de la crisis comunicacional no estuvieron a la altura de las circunstancias”. (Nuestras Voces).
*Periodista.

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