Las estadísticas bajo sospecha

Dos días después de informar que crece la desigualdad entre los más ricos y los más pobres, el Indec dio a conocer que la pobreza disminuyó un 3,6% en el primer semestre del año, al pasar del 32,6% el año pasado al 28,6%.
Esta débil coherencia entre ambos resultados parece darles motivos a no pocos economistas que vienen advirtiendo sobre la manipulación de datos en el organismo aunque sin gran repercusión en la gran prensa porteña como ocurría durante el gobierno anterior. Son varios los centros de estudios económicos que sostienen que durante el apagón estadístico del año pasado, el Indec procedió a modificar los parámetros utilizados para medir la canasta básica de la pobreza, elevando su nivel. La insólita interrupción en el suministro de datos durante el último trimestre de 2015 y el primero de 2016 dificulta realizar un empalme confiable de los indicadores económicos justo en el límite entre el final del kirchnerismo y el inicio del macrismo. De tal modo, la sobrestimación de los valores para definir la franja de la pobreza dio como resultado un mayor número de personas bajo esa condición. El Indec consiguió así un doble objetivo: por un lado medir una mayor cantidad de pobres heredados de la administración anterior, y por otro iniciar el nuevo período con un nivel de pobreza artificialmente elevado a fin de poder “bajarlo” con más facilidad en sucesivas mediciones. Este resultado que hoy se obtiene -la baja del 3,6% en un año- responde exactamente al objetivo buscado aunque, como se dijo, ese dato entre en colisión con otros que no revelan una mejoría en los sectores menos favorecidos.
Otras mediciones de la pobreza divulgadas ahora también generan fuertes suspicacias entre los economistas. Por ejemplo: la enorme caída de 9,7% en el Gran Córdoba al bajar del 40,5% al 30,7% en un solo año. En San Juan el descenso fue todavía mayor: 17,1%, al caer del 43,5% al 26,4%. Recordemos que el caso cordobés disparó una fuerte discusión entre el gobernador de esa provincia y el titular del Indec.
En el informe anterior del organismo que mostró el crecimiento de la desigualdad se consignó que los ingresos en la mitad de los hogares relevados no llegan a cubrir la canasta básica de la pobreza (15.244 pesos). En términos de salario los datos son igualmente reveladores: el 80 por ciento de los trabajadores no llega a percibir ese ingreso mensual.
Las cifras oficiales sobre desempleo, producción industrial, déficit fiscal y hasta inflación están siendo objeto de observaciones críticas por parte de un número creciente de economistas. Los análisis y las mediciones que llevan a cabo varias universidades, instituciones especializadas y centros de estudios económicos comenzaron a poner en entredicho los datos que difunden organismos gubernamentales como el Indec, el Banco Central o el Ministerio de Trabajo
El despido arbitrario de un director del BCRA que no responde al oficialismo no hizo más que darle sustento a estas advertencias aunque, desde luego, la muralla mediática que protege al gobierno nacional opera activamente para que los cuestionamientos no lleguen a las grandes audiencias.