Las estadísticas y la realidad

I. Muchos economistas no ortodoxos vienen alertando sobre la manipulación de las estadísticas del Indec y aunque se trata de un tema de gran interés público la prensa oficialista mira para otro lado. Muy diferente a lo que ocurría durante el gobierno anterior cuando las críticas al organismo -por el mismo motivo- ocupaban las portadas de los grandes diarios y los espacios centrales en la televisión y la radio.
Así las cosas, las personas que observan con cierta atención el escenario político y económico -y prefieren informarse por canales mediáticos ajenos al periodismo hegemónico- no dejan de sorprenderse por la discordancia que suelen mostrar los números oficiales con la evolución de las condiciones de vida de los argentinos que no pertenecen a los segmentos más privilegiados de la sociedad.
Este diario y otros medios de la provincia vienen registrando lo que a todas luces es un deterioro de la situación socioeconómica de las mayorías. Por muy diversas fuentes el periodismo viene exponiendo sobre este problema al recoger testimonios de dirigentes sociales y gremiales, intendentes municipales y concejales de las localidades del interior de la provincia, funcionarios de las áreas más conectadas con la realidad social, docentes y hasta ciudadanos particulares que, por propia iniciativa, han habilitado en sus propias casas comedores o merenderos o colaboran con entidades solidarias que actúan frente a estos problemas.

II. En un abanico tan amplio de personas, organismos públicos y entidades sociales es notable la coincidencia. Todos señalan lo mismo: desde hace más de un año no paran de crecer las demandas de ayuda económica y hasta las necesidades alimenticias de sectores crecientes de la población. Y a la hora de hablar de las causas las coincidencias persisten: hay menos trabajo por aumento de la desocupación, menos ingresos familiares por una pérdida inocultable del poder adquisitivo de los salarios y menos changas en quienes no tienen un trabajo registrado. Pero hay más. Tanto en Santa Rosa como en las localidades del interior debe incrementarse el abastecimiento de alimentos a los comedores porque está creciendo en forma continua la asistencia de personas, lo cual revela sin tapujos una situación de empobrecimiento general.
Los últimos datos del Indec sobre la desocupación sorprenden frente a esta realidad. Según el organismo, a nivel nacional hay menos desocupación que hace un año (bajó del 9,2% al 9,1%) y en el conglomerado Santa Rosa-Toay también bajó (del 7,8% al 4,9% en el mismo lapso). No es lo que ven los sindicatos, las cámaras empresarias ni las reparticiones públicas que entienden en la cuestión pues todos, sin excepción, hablan de una persistente caída de las fuentes de empleo.
Con la inflación sucede lo mismo. Varias consultoras -incluso algunas muy cercanas al gobierno- vienen estimando índices superiores a los oficiales. El último ejemplo es revelador: para mayo casi todas habían calculado entre 2,5% y 2,8%, sin embargo el Indec sorprendió con un 2,1%.

III. Apenas asumió, el macrismo dispuso interrumpir la publicación de las series estadísticas del Indec bajo el pretexto de revisar las metodologías que se venían utilizando a fin de recuperar la “confianza” en los datos del organismo. El “apagón estadístico” duró seis meses y, según se dijo, cumplió con su objetivo. Sin embargo en esa tarea de “limpieza” removieron a tres técnicos que, paradójicamente, habían sido fuertes críticos de la gestión anterior a la cual habían denunciado públicamente por lo que consideraban manipulaciones. Bajo el nuevo gobierno el apartamiento se realizó sin quejas ni denuncias de los implicados ni del periodismo antes tan sensible.
A pesar de su importancia este tema no figura en la agenda política. ¿La causa?: el silencio de los grandes medios porteños y de muchos dirigentes seudo opositores.