Las palmeras y la mala comunicación

Por segunda vez en muy poco tiempo el intendente de Santa Rosa se vio envuelto en fuertes críticas a partir de una polémica que hubiera podido zanjar con solo aparecer oportunamente para brindar información y despejar dudas instaladas en la comunidad.
Aquel enojo ante los reproches que cosechó -junto con los concejales oficialistas y opositores- por la insólita rapidez con que se sancionó la ordenanza de las antenas en los espacios públicos, resultó difícil de entender pues fue él mismo, con su silencio, el que dejó progresar la sospecha pública frente a una norma aprobada sin ninguna consulta en nuestro medio y promulgada sin decir una palabra.
Ahora, con las palmeras sucedió algo parecido. La ausencia de información sobre el valor de la inversión, la aptitud de la especie elegida y la modalidad de compra habilitó el debate que fue creciendo conforme una gran cantidad de vecinos se interesó por el tema. Algunos concejales plantearon públicamente sus dudas y, ante la falta de respuestas con información precisa por parte del Ejecutivo, se desató la polémica.
El fenómeno es bien conocido para cualquier dirigente político: información mata rumor. La mejor forma de evitar la proliferación de versiones es con el aporte de datos. La transparencia de una gestión en materia informativa es el mejor antídoto para combatir los equívocos y las interpretaciones “libres”.
Muchos vecinos, sinceramente preocupados por el arbolado urbano como por las finanzas públicas se hicieron eco de la polémica. Y está muy bien, porque muestra que hay una buena cantidad de santarroseños que están atentos a los temas que involucran a su ciudad y conocen que el arbolado de esta capital presenta serias deficiencias. El intendente lo sabe no solo por el lugar que ocupa sino por su larga militancia en el ambientalismo.
El acierto o no con la especie elegida fue motivo de la discusión pública, por una sencilla razón: el costo de los ejemplares y su adaptabilidad tanto al clima como al suelo de esta zona son parámetros básicos a la hora de elegir una especie arbórea exótica -proveniente de otra región- para introducirla en nuestro ecosistema urbano.
El silencio de varios días del Ejecutivo municipal dejó crecer versiones y opiniones que lo pusieron en el ojo de la tormenta cuando, con una sencilla comunicación al periodismo hubiera alcanzado para aportar la información necesaria. Y sin costo alguno para la comuna pues en nuestro medio, los medios -valga la redundancia- no cobran a los funcionarios a la hora de brindar información de interés público. (Algo que no puede decirse de otros puntos del país).
Para peor, cuando se decidieron a presentar los datos de la operación, el intendente y uno de sus funcionarios incurrieron en una seria contradicción en uno de los puntos centrales: el costo de la inversión. Y encima nada dijeron sobre las evaluaciones que -presuntamente- deberían haber respaldado la elección de la especie.
Ahora los vecinos saben que cada palmera costó poco menos de 1.300 pesos, seis veces más que el valor de los ejemplares que se usan habitualmente, pero todavía nada acerca de su capacidad de adaptación a nuestra geografía. La deuda de información sigue sin saldarse.