Las provincias se pintan la cara

El fin de semana se conoció que una sólida mayoría de las provincias no se allanará a cederle a la hermana mayor, Buenos Aires, “ni un centavo” a expensas de sus propios presupuestos. La coincidencia tuvo lugar durante la reunión de fiscales de Estado que sesionó en Capital Federal para analizar el espinoso tema del Fondo del Conurbano ante la demanda que el gobierno bonaerense planteó ante la Corte Suprema para cambiar la forma de repartir la torta de recursos económicos entre todas las jurisdicciones.
La mayoría de las provincias que adelantaron su desacuerdo están gobernadas por el justicialismo en todas sus vertientes aunque también figuran otras aliadas al gobierno nacional. En unos días más, los que se reunirán serán los propios gobernadores y en ese momento la ratificación de este acuerdo inicial alcanzará otra dimensión política.
En pleno período electoral, entre las PASO y las legislativas de octubre, todo movimiento en el tablero de ajedrez de la política nacional adquiere significación especial. Especialmente por estas horas en que acaba de ratificarse el triunfo del peronismo kirchnerista en la provincia de Buenos Aires después de la maniobra que pergeñó el macrismo para no perderse el festejo triunfal ante las cámaras televisivas. Esta “novedad”, sumada a la que se registró en Santa Fe en el mismo sentido, altera el mapa político en forma significativa, si bien es indiscutible el buen desempeño en las urnas de Cambiemos. Los pampeanos lo sabemos muy bien con el sorpresivo “batacazo” que aquí dio el macrismo.
Ahora, esta puja por la vieja cuestión que enfrenta a las provincias argentinas entre sí y con la Capital Federal desde tiempos de la reorganización nacional (cuando los conflictos se zanjaban de una manera no tan civilizada): el destino de los recursos fiscales, ocupará el centro de la escena. Y mostrará hasta qué punto las urnas fortalecieron al gobierno nacional que, en este tema, respalda incondicionalmente a su delfín: la gobernadora María Eugenia Vidal.
También será una oportunidad para que el disperso peronismo pueda encontrar un cauce que termine con tanta fragmentación debilitante. Ese es el dilema crucial que enfrenta esta fuerza política que acaba de perder en bastiones hasta hoy inconmovibles como La Pampa, San Luis o Santa Cruz. El triunfo del kirchnerismo en Buenos Aires y Santa Fe, dos de los distritos electorales de mayor peso, añade complejidad al escenario pues ese espacio no cuenta con las simpatías de todos los gobernadores pero, a la vez, volvió a instalar en los primeros planos de la política a la ex presidenta Cristina Fernández.
En la vereda opuesta, si bien las provincias que las PASO pintaron de amarillo son inferiores en número, las cosas aparecen más ordenadas pues quedó fortalecida la figura presidencial luego de su incursión considerada decisiva en la campaña electoral.
Es en el Congreso en donde se dirimirán las batallas decisivas en estas pujas interprovinciales y allí se verá si, después del 22 de octubre, el oficialismo podrá seguir doblegando voluntades a fuerza de “látigo y billetera”, como hasta ahora, o se armará un bloque opositor más sólido con vistas a las presidenciales de 2019.