Las crisis enseñan, pero el aprendizaje es lento

Señor Director:
Lo que propongo en el título está referido al valor de la experiencia y pone en duda la idea de que se aprende más con las situaciones difíciles.
He repensado esta idea a partir de la experiencia que estamos haciendo con la deuda externa y los llamados fondos buitre. Si partimos como en mi caso de un somero conocimiento de la experiencia argentina, se hace posible ver que la experiencia de estos días no es sino un desarrollo de todo lo que nos llevó a la situación extrema de 2001, que muchos denominan la peor crisis que haya afrontado esta nación.
La experiencia que vivimos a partir de 1824 solamente nos mostró un aspecto de este fenómeno, que en la Argentina, pero no solamente aquí, se ha repetido cíclicamente. La deuda con la banca británica Baring Brothers se terminó de pagar recién en 1904, 80 años después. Entonces no se habló de fondos buitre, quizás porque la índole buitre no estaba desdoblada sino unificada en la única banca. Se recordará que del monto solicitado, 1 millón de libras esterlinas, el Estado pudo disponer (teóricamente) de apenas un poco más de la mitad, pues el resto quedó en manos de gestores y recaudos de seguridad. Se terminó pagando una suma desproporcionada (14 veces la deuda). De las 560.000 libras acreditadas, la Baring retuvo en depósito 500.000 y pagó por esta suma un interés del 3 por ciento anual. Había prestado al 6 por ciento, retuvo la mitad del monto y pagó solamente el 3% por la parte que retuvo. Lo poco que realmente se recibió en Buenos Aires se perdió sin rastros y las obras previstas quedaron sin hacer. Los estudiosos consideran que fue un fraude descomunal y estiman que fue fraguado para consolidar el dominio británico sobre la antigua colonia española. Fue notoria la participación y beneficio que obtuvieron los gestores argentinos de ese empréstito.
La crisis de 2001 mostró palmariamente (aunque sólo lo visualizamos ahora) que nada se aprendió de la experiencia inicial. Mejor dicho, hubo quienes aprendieron, como los juristas Drago y Calvo, pero sus advertencias no impidieron que durante la dictadura de l976-82 se hiciera posible dejar la resolución de diferendos en manos de tribunales extranjeros (esta vez no Londres, sino Nueva York): la trampa entonces abierta y mantenida hasta la crisis de 2001 ha regido para los préstamos externos (deuda externa) contraídos desde ese momento. A partir de 2003 no se tomó este tipo de deuda. En cambio, desde 2005 se afrontó el pago de la cuantiosa deuda externa mediante una negociación que fue aceptada por más del 92 por ciento de los tenedores de bonos y que está siendo pagada. Los fondos buitres compraron por poca plata gran parte de los bonos que no entraron en el acuerdo y desde ahí operaron haciéndose fuertes en la concesión citada (jurisdicción concedida a un tribunal menor de Nueva York, el de Griesa). No pudo haber acuerdo con estos nuevos buitres, ahora fuertes en Estados Unidos, que especularon con el riesgo de default. El gobierno argentino acaba de pedir que Estados Unidos investigue si los fondos buitre, beneficiados por el fallo Griesa, ya han hecho ganancias porque habrían tomado seguro sobre sus bonos y pueden haberlo cobrado al sostener que la Argentina está en default. Para posibilitarlo, el tribunal de Nueva York obstaculizó el pago a los bonistas del canje y así creó la situación que los buitres insisten en llamar default. Esta vez recién vamos conociendo a los argentinos aliados a los buitres de afuera. Pero haberlos los hay.
Falta conocer el final de esta triste historia, en la que repetimos el “error” (si fue error) de 1824, aunque se ha dado la variante de un gobierno que no ha concedido y que también viene denunciando maniobras como el intento de bancos privados instalados en la Argentina que ensayaron un acuerdo con los buitres de afuera dando en garantía los bonos de argentinos que tienen en depósito.
Atentamente:
JOTAVE