Las guerras actuales y enigmas que proponen

Señor Director:
El siglo está avanzando sin que estalle una guerra del tipo que se conoció en el siglo XX, en sus dos grandes versiones europeas (y mundiales).
Esas guerras tuvieron marcada diferencia, entre ellas, por el desarrollo tecnológico: el surgimiento de la aviación y (como novedad absoluta) los misiles y las armas atómicas. Muchos creen que esas guerras cerraron la etapa de grandes contiendas con mayoría de combatientes en tierra. Lo que va del actual siglo ha abundado en acciones bélicas, sin que se configurasen en la línea tradicional. Se han librado desde el aire, con máquinas voladoras tripuladas o no, con esos proyectiles de enorme alcance territorial y con usos crecientes del arma comunicacional, que nunca ha faltado en las guerras, pero que ahora ha aumentado su capacidad de penetración y de distracción (dicho con referencia a distraer a la opinión de la población de las naciones comprometidas y de todo el mundo, al punto de que cada vez son menos los que saben a ciencia cierta qué está en juego). Las armas atómicas, nacidas al final de la II Guerra del siglo XX, están “bien guardadas” y algunos creen que es así porque su capacidad destructora no tiene límites, mientras que otros destacan que los posibles grandes rivales hipotéticos han desarrollado este poderío y se neutralizan. Pero, ¡están ahí!
Las principales acciones bélicas actuales se desarrollan en la parte africana de la costa mediterránea y en medio oriente. La guerra de Irak, que no ha cesado de hecho desde que la iniciaran los Estados Unidos y sus aliados más estrechos, se intensificó meses atrás con la irrupción de una nueva organización del fundamentalismo musulmán, que empezó a ganar posiciones en el norte de Irak y Siria. Varios grupos estuvieron acosando al gobierno sirio, hasta que los más poderosos de ellos terminaron enfrentándose entre sí. El apoyo completo que esperaban algunos de parte de EEUU y la OTAN no se concretó porque se estaba disputando en una zona de frontera virtual con Rusia y China. En estos días, EEUU bombardea en Siria a un aliado inicial, a cuyo equipamiento contribuyó, pero que derivó hacia el actual Estado Islámico. La confusa visión de los motivos y objetivos de estas acciones (ya que nunca son los que se declaran) permiten pensar que esa región prolonga los efectos de la política colonial occidental en su primera manifestación, que dividió y agregó territorios (y pueblos), sin atender a otro objetivo que su conveniencia inmediata.
Días atrás, el argentino Mario Rapoport, emérito de la UBA, tituló una nota periodística suya con estas palabras: “Del Detroit de Stefan Zweig al de la bancarrota”. Parecía proponer una glosa de lo que escribió Zweig, quien conoció Detroit en su esplendor, cuando la ciudad era alma de la industria automovilística. Eso es lo que hace en dos tercios de su artículo, pero se desprende luego de Zweig para decir que hoy Detroit y sus industrias “parecen historia de verdad y la misma ciudad es un museo al aire libre, pero no del progreso sino de la decadencia de los Estados Unidos”.
No me sorprendió esta expresión porque la vengo leyendo en ensayistas europeos y estadounidenses. Rapoport dice también que la actual situación crítica de EEUU “no es un simple producto de la coyuntura mundial, sino también una de sus causas, si entendemos que estamos no sólo ante una crisis financiera y que el mundo debe enfrentarse a un verdadero problema de sobreproducción”.
Conviene que entendamos que, entonces, el problema no es solamente de EEUU y que, incluso, en gran medida es también nuestro, como se hace patente con la producción de automóviles, motor del empleo primero, pero que ahora necesita subsidios para mantener la demanda interna por lo menos. ¿Pasará algo semejante con la industria bélica de las grandes potencias y las guerras se harán necesarias para demorar que se multipliquen los Detroit?
Atentamente:
JOTAVE