Las pifias, ausencias y vedetismos de la oposición

No son días fáciles para la oposición. El reanimamiento de la figura de la presidenta acentúa los problemas de aquélla. Lo que crezca Macri se lo resta a Fa-Unen y a Massa, y en parte es a la recíproca, aunque éste también muerde al socialismo.
EMILIO MARIN
No se trata de que la debilidad de la oposición radique en la abundancia de candidaturas. Si ese fuera el mayor problema se puede resolver con las PASO en agosto de 2015. Además, si es por eso, en el kirchnerismo también abundan las precandidaturas, que eran siete en el Congreso del Partido Justicialista y ahora podrían ser ocho, si se sumara Axel Kicillof.
Si de números se trata, también en ese punto hay una superioridad del oficialismo. Y es que entre sus 6-7-8 aspirantes hay un marco de coincidencias mayor, aunque no es lo mismo Daniel Scioli que Sergio Urribarri, como ambos lo han dejado planteado.
Entre Elisa Carrió y Sergio Massa, o entre Pino Solanas y Mauricio Macri, o entre varios de ellos y Julio Cobos y Ernesto Sanz, las diferencias son más significativas. Por algo no están todos en un frente sino en tres espacios diferentes: Frente Renovador, PRO y Fa-Unen. Y un cuarto, la UCR, que revolotea y pone un huevo en cada canasta.
El problema principal es político. Esta variopinta oposición no aprovechó el momento de mayor declive y confusión del kirchnerismo, luego de su derrota en las legislativas de diciembre pasado, para formular un proyecto político que enamorara a un sector importante que la había votado. Dejaron pasar el tiempo, no se ocuparon de los problemas sociales ni menos avanzaron en una coordinación, como para inspirar más confianza en sus seguidores de que en 2015 podrían ser gobierno.
¿Acaso están condenados a no serlo? No. Pueden ser los ganadores del 2015, sobre todo teniendo en cuenta las debilidades del oficialismo y la imposibilidad de que Cristina Fernández de Kirchner compita por un tercer mandato. Pero desde la victoria de fuerzas opositoras en 2013 hasta hoy parecen hacer todo a propósito para complicar esas chances.
La cuestión política es esencial. Desde hace algunos meses está es la batalla judicial con los “fondos buitres” que lograron tres fallos favorables del aparato judicial norteamericano.
El gobierno decidió pleitear y no rendirse ante esos fallos, sobre todo el del impresentable juez Thomas Griesa, funcional a Paul Singer, del NML Capital. Combinó recursos ante ese juzgado, denuncias políticas ante la Unasur y otras instancias internacionales, se presentó ante la Corte Internacional de La Haya, etc. Sólo se le puede reprochar que no llamó a la movilización popular, pero todos los otros deberes jurídicos y diplomáticos los hizo bien.

El ser o no ser nacional.
Esa defensa del gobierno nacional, expresada en dos figuras que más actuaron en el tema (Cristina y Kicillof), fue bien vista por los argentinos. Según las encuestas, la imagen positiva de ambos trepó hasta el 50 por ciento (algunos analistas dijeron que quizás el ministro de Economía termine siendo bendecido por la presidenta como su candidato).
La oposición, sobre todo el segmento más gorila (¿quién sino Carrió?), enfrentada a esa realidad, acusó a Cristina de estar “malvinizando” la cuestión de los “fondos buitres”. Si resistir la violación de la soberanía por un mal juez estadounidense que desconoce la legalidad del acuerdo entre el Estado y el 92,4 pro ciento de los bonistas es “malvinizar” la cuestión, entonces está muy bien la malvinización.
El más entreguista en esta materia fue Macri, quien declaró que había que pagar lo que Griesa ordenara pagar. No casualmente entre el jefe del PRO y la matrona de una parte porteña del Fa-Unen hay buena onda, que escasea entre los demás. El Departamento de Estado los cría y el viento los amontona…
En cambio un economista y político de la oposición, como Roberto Lavagna, basculando cerca de Sergio Massa, cuestionó “las actitudes miedosas de quienes salieron a decir ‘paguen, paguen’ sin pensar en las consecuencias que eso tiene y, muchos de ellos, candidatos a presidentes, lo que provoca mucho miedo a futuro”. El principal destinatario de ese palo pareció el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el más griesista de los opositores.
Mientras el gobierno se debatía como trucha fuera del agua, la oposición se limitaba a contemplar y criticar a CFK, no a Griesa. Sanz dijo que el gobierno había sido irresponsable, que manejaba el diferendo sin profesionalidad y con impericia, con “la reprochable ética de patria o buitres”.
En este asunto decisivo los referentes de la oposición no tuvieron una posición de defensa de los intereses nacionales. Tomaron de blanco principal a la presidenta y no a Griesa, Singer y el capital más usurario del sistema financiero internacional. Arrullaron a los buitres como si fueran palomas…

Lejos de Abuelas.
Otro tema de importancia para un sector grande de los argentinos, no todos por supuesto, es el de los derechos humanos. Algunos sectores de la oposición en algún momento habían tenido algo que ver con el mismo, sobre todo los radicales cuando Raúl Alfonsín impulsó el juicio a las ex Juntas Militares (1985). La agrupación Libres del Sur, con el ex preso político Humberto Tumini y la nieta recuperada Victoria Donda, también fue de la partida de este movimiento, pero lamentablemente luego, por su ruptura con el gobierno, se alineó con partidos que poco o nada tenían que ver con los DDHH.
El PRO vuelve a ser el peor del grado. Como refrito de los núcleos más reaccionarios que militaron en la UceDé, en el partido Demócrata y el menemismo, el partido de Macri no tiene absolutamente nada bueno para mostrar en su haber.
No lo tiene en años pasados y la historia, y tampoco en el presente, porque el primer jefe de su Policía Metropolitana fue el comisario Jorge Palacios, procesado por el atentado a la AMIA. Esa fuerza hizo espionaje ilegal; atacó brutalmente a los trabajadores de ATE, internos, médicos y periodistas en el desalojo al Hospital Borda; reprimió a gente sin techo en varias oportunidades y tuvo de funcionarios a relacionados con la dictadura militar.
Por eso un reciente hecho tan conmovedor como feliz, el hallazgo del nieto recuperado número 114 por parte de Abuelas de Plaza de Mayo, tuvo a la oposición como ausente total. Pegó un faltazo visible e imperdonable.
Las razones de la ausencia son políticas. La Comisión por la Memoria de Olavarría denuncia que quien entregó al bebé robado a la desaparecida y luego asesinada Laura Carlotto a un matrimonio de esa ciudad, fue el ex presidente de la Sociedad Rural de la localidad, Francisco Aguilar. Ese ruralista participó en política en los años ’90 y en 2007 se candidateó a concejal por la coalición Unión-PRO que encabezó en la provincia de Buenos Aires Francisco de Narváez, aliado de Macri.
Sin llegar a ese extremo de complicidad, el caso Carlotto también salpica a la UCR, teniendo en cuenta que hace unos años su precandidato presidencial Ricardo Alfonsín cuestionó a Estela de Carlotto y después tuvo que salir a reconocer que no sabía que el cadáver de su hija Laura había sido recuperado por la familia y enterrado.
Supina ignorancia y una dosis de agresividad con las Abuelas en un tema altamente sensible. Por vivir y hacer política en la misma provincia que Estela, con un caso tan resonante desde hace años, el diputado nacional debía conocerlo. Tardíamente, sólo por Twitter, este 5 de agosto escribió: “Cada nieto recuperado tiene igual valor, pero ante la lucha de Estela, no puedo dejar de sentir especial alegría por la aparición de Guido”.

Muchas peleas y una coincidencia.
Los intereses competitivos entre sí motiva rupturas que a veces suceden antes de lo esperado. Por ejemplo el macrismo y el massismo se habían aliado para las legislativas de 2013; el PRO introdujo candidatos suyos en la lista del Frente Renovador. Y de hecho esos legisladores ingresaron a la Cámara de Diputados, donde se anotaron en la bancada del PRO, cuando ya los dos artífices de la alianza habían roto relaciones.
El jefe de gobierno de la CABA motoriza los mayores desencuentros dentro de la oposición. Es una figura muy poco simpática para sectores populares y en particular para los que tienen alguna afinidad u origen peronista. Entonces los potenciales socios tratan de poner distancias con él, salvo, como quedó dicho, la señora Apocalipsis. Los demás se hacen a un lado, como Julio Cobos, precandidato de la UCR, que declaró: “el tema Macri nos hace daño” (Página/12, 10/8).
De todos modos, oportunistas como son, esto se resolverá según digan los números y encuestas. Por ejemplo la UCR apoya al candidato del PRO en las elecciones de intendente de Marcos Juárez, Córdoba.
No hay que exagerar. No todas son diferencias entre esos partidos. Se constatan -además de las señaladas aquí- otras dos coincidencias de fondo. Una, todos llevan la cucarda de la Sociedad Rural, como se vio en la reciente Exposición de Palermo. Otra, todos son amigos de la embajada norteamericana y de la Alianza del Pacífico, con los gobiernos más obedientes de Washington: Colombia, Perú y México.
Esos factores de poder de adentro y de afuera, más el monopolio Clarín, podrían forzarlos a la unidad, llegado el caso de un ballottage. A esos poderes les resultará difícil decirles que no.