Las pruebas del expediente indican que fue un suicidio

MUERTE DEL FISCAL NISMAN

A un año de la muerte del fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, sus familiares insisten en que fue un “magnicidio”, es decir, un crimen con fines políticos. Pero en la causa judicial no hay pruebas que avalen esa hipótesis.
IRINA SANTESTEBAN
La concentración que se realizó el pasado lunes 18 en la Plaza Alemania, en la ciudad de Buenos Aires, para rendir homenaje al fiscal Alberto Nisman, contó con la presencia de relevantes funcionarios del gobierno nacional, desde la vicepresidenta Gabriela Michetti hasta la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, la jefa de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso, y del jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.
Once meses antes, el 18 de febrero de 2015, un grupo de fiscales convocó a una movilización -el 18F-, en reclamo de “justicia” por Nisman, siendo que son esos funcionarios los que deben dirigir las investigaciones judiciales. Uno de los organizadores fue el dirigente del sindicato de los empleados judiciales de la Nación, Julio Piumato, confirmando el giro de su accionar, más pegado a los reclamos de la “corporación judicial” que a los de sus representados.

La muerte del fiscal.
El hallazgo del cuerpo sin vida de Nisman, en su departamento en el edificio Le Parc, cuatro días después de haber presentado una denuncia judicial contra la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el ex canciller Héctor Timerman, fue una bomba en pleno verano. Las más insólitas elucubraciones se hicieron en torno a la muerte de quien durante 10 años condujo la Unidad Fiscal AMIA, y tuvo a su cargo la investigación del atentado a esa mutual judía en 1994.
Diego Lagomarsino, el dueño del arma cuyo disparo terminó con la vida del fiscal, en una entrevista publicada el lunes 18 en el diario “La Nación”, aseguró que “no hubo terceras personas cuando Nisman murió”. Negó ser el autor del supuesto crimen, tal como afirma la jueza Sandra Arroyo Salgado, ex pareja del fiscal, y aunque es el único imputado en la causa, suena increíble que alguien mate a un hombre con un arma registrada a su nombre, y luego la deje al lado del cadáver, para simular un suicidio.

Tres hipótesis.
Desde el inicio, hubo tres hipótesis para las investigaciones judiciales tendientes a resolver la muerte de Nisman: el suicidio, el suicidio inducido y el homicidio. En el expediente que hoy está en manos de la jueza Fabiana Parmaghini, todas las pruebas apuntan a la primera de las hipótesis.
Sin embargo, la querella de Arroyo Salgado, en representación de las hijas de Nisman, Iara y Kala, afirma que fue un crimen y pidió varias veces el apartamiento de la fiscal Viviana Fein porque “no investigaba” esa hipótesis.
El expediente está caratulado como “muerte dudosa”, y todas las indagaciones y pruebas llevadas adelante por Fein indican que ha investigado la posibilidad de un homicidio, pero que, hasta el momento, no hay pruebas directas sobre esa teoría.
El abogado Romero Victorica, representante de la querella, dice que hay tres pruebas “contundentes” que sostienen la hipótesis del crimen: que no se encontraron restos de pólvora en la mano de Nisman; que había presentado una denuncia muy fuerte contra Cristina Kirchner y Timerman, y que había recibido amenazas; y que en los días previos, el estado de ánimo del fiscal no se compadecía con la de una persona que planea suicidarse.

Sin pruebas del homicidio.
Raúl Kollman, del diario Página/12, es uno de los periodistas que ha seguido con más seriedad la causa y en un artículo publicado en la edición del pasado lunes, da por tierra con esas supuestas pruebas de la teoría del crimen.
Ninguna de ellas sostiene con cierto grado de certeza que la muerte del fiscal fue un asesinato.
La prueba del barrido, realizada a pedido de la querella en Salta, para Arroyo Salgado es “concluyente”, porque de la misma surge que no se encontraron rastros de plomo, bario y antimonio (tres metales del fulminante del disparo) en la mano de Nisman. Pero la ausencia de esos elementos no indica con certeza que no pudo haber disparado. Kollmann se refiere a esta pericia, en una nota publicada el 22 de diciembre de 2015: “El estudio que se hizo en el Cuerpo de Investigaciones Fiscales de Salta no es concluyente. Por un lado dice que hay partículas consistentes con un disparo, pero que eso no es definitorio. Además mencionan que puede no haber partículas características -las que sí son definitorias- tanto por las manos con sangre, como por las horas transcurridas entre la muerte y la toma de la muestra”.
Según Kollman, el estudio “no puede concluir que la víctima sí disparó o que no disparó”.

La denuncia de Nisman.
¿Por qué la familia de Nisman sostiene la teoría del homicidio, o “magnicidio” (crimen de Estado)? ¿Y por qué apoyan esa hipótesis los que al momento de la muerte del fiscal eran oposición a CFK y hoy son gobierno?
Para algunos entonces funcionarios, como Aníbal Fernández o el diputado Carlos Kunkel, había un trasfondo económico detrás de Arroyo Salgado. Estaría buscando percibir los seguros de vida del fiscal, que favorecían a sus hijas, o demandar al Estado nacional, si se comprobaba que la muerte de Nisman era fruto de una “conspiración” en la que habrían intervenido agentes de inteligencia, y peor aún, que el fiscal habría sido asesinado “por orden” de CFK.
En el acto en Plaza Alemania, cuando hizo uso de la palabra Joaquín Morales Solá y dijo que la de Nisman era una “muerte política”, algunos asistentes cantaron “Cristina asesina”.

Denuncia sin sustento.
Pero sin descartar del todo el móvil económico, lo que en realidad se busca al llevar la investigación para el lado del crimen, es darle sustento a la denuncia que el fiscal de la UF-AMIA había formulado contra CFK y Timerman, 4 días antes de morir.
Hay que recordar que esa denuncia, de más de 300 páginas, fue descalificada, no por uno ni dos, sino por 4 jueces federales y por la Cámara Federal. Esa denuncia se encuentra archivada porque luego de la resolución de este último tribunal, no hubo fiscal que la sostuviera y apelara.
Los jueces federales María Servini de Cubría, Ariel Lijo, Rodolfo Canicoba Corral y Daniel Rafecas, por distintos motivos, desestimaron la denuncia que provocó el retorno anticipado de Nisman de su viaje por Europa, y que fuera presentada el día 14 de enero de 2015, en plena feria judicial.
Dicha presentación produjo un revuelo político tal, que la entonces oposición, encabezada por Patricia Bullrich y Laura Alonso (del macrismo), organizó una reunión en el Congreso para escuchar al fiscal. Ante ello, los legisladores kirchneristas dijeron que iban a asistir a dicha reunión y que iban a ser muy “incisivos” en sus preguntas.
Víctor Hugo Morales, en una entrevista publicada por el diario Perfil (18/01/2016) afirma que Nisman se habría asustado por el tenor de preguntas como las que había formulado previamente el diario “La Nación”.
En la hipótesis del suicidio inducido, Fein investigaba la posibilidad de que el ex espía Antonio “Jaime” Stiusso, lo había “dejado solo” a Nisman, al prometerle más pruebas para su denuncia, que luego no aportó. Se habló de que faltaban escuchas telefónicas, porque las que mencionaba Nisman en su denuncia, de un dirigente de la comunidad iraní, y dos dirigentes políticos (Luis D’Elía y Fernando Esteche) no tenían entidad para sostener el “encubrimiento”, dirigido hacia la ex presidenta y el ex canciller.

Ahora la jueza.
A los pocos días de asumir el presidente Mauricio Macri, la jueza Fabiana Parmaghini tomó la dirección de la investigación, sin apartar a la fiscal Viviana Fein, pero sí desplazándola de la conducción.
De esta manera, aceptó tácitamente las fuertes críticas que Arroyo Salgado le formulara a la fiscal del caso. En realidad, lo que siempre le pidió la fiscal a esa querella es que para sostener otra cosa, debía aportar pruebas.
Aunque se intente retomar una teoría para la cual no hay comprobaciones, en una causa voluminosa (45 expedientes), donde la mayoría de los peritos afirman que no hubo terceras personas en el baño cuando Nisman murió a causa del disparo de una pistola Bersa, será muy difícil sostener la hipótesis del homicidio, como pretenden la querella y algunos funcionarios del gobierno macrista.
Es que si Nisman hubiera sido asesinado, para el gobierno habría fundamentos para retomar aquella denuncia contra Cristina Fernández, por encubrimiento en la causa AMIA, por la firma del memorándum de entendimiento con Irán (que luego fue aprobado por el Congreso Nacional).

“Revancha”.
Lo que el gobernador jujeño Gerardo Morales está haciendo con Milagro Sala y la Tupac Amaru, actitud que la periodista Sandra Russo llamó “revancha”, es lo que en realidad sueñan con hacer algunos funcionarios del gobierno de Macri, con Cristina Fernández.
Lo dijo el fiscal de la Cámara del Crimen Ricardo Sáenz en el acto del lunes por Nisman: “la denuncia de Nisman por encubrimiento contra el anterior gobierno, sin duda la más grave que existe, … no es como la causa de Hotesur, que es solamente plata”. El funcionario se había mostrado feliz cuando el presidente recibió el domingo 17 a las hijas de Nisman. “Tuvieron que esperar un año para que un gobierno le rindiera homenaje a su padre”, dijo. Pretender que la entonces presidenta le hubiera rendido homenaje al fiscal que la denunció por encubrimiento, es un poco desubicado.

El otro Nisman
La familia de Nisman criticó en diversas oportunidades algunos aspectos de la investigación, que revelaron un costado desconocido (por lo menos para la opinión pública) de la vida del fiscal. Arroyo Salgado se quejó porque se habían publicado cuestiones que, en su opinión, eran de la “intimidad” de su ex pareja, como lo relativo a la “vida amorosa y las finanzas” de Nisman. En realidad, en la teoría criminalística, esos aspectos son centrales a la hora de investigar cualquier asesinato.
Así, se supo que Nisman no era ese “fiscal de la república”, que se intentó instalar desde aquel 18F. Viajes de placer con jóvenes modelos, en épocas del año laboral judicial, sin haber pedido licencia en sus funciones; sospechas de que esos viajes eran costeados con los cuantiosos fondos que contaba su Unidad Fiscal; etc., son cuestiones que van más allá de la “intimidad”, máxime tratándose de un funcionario que tenía a su cargo una causa tan importante como el atentado a la AMIA.
De las investigaciones surgió la existencia de una cuenta por 600.000 dólares en el Banco Merryl Linch de Nueva York, que Nisman nunca declaró. La misma estaba a su nombre, de su madre Sara Garfunkel, su hermana Sandra Nisman y el técnico Diego Lagomarsino. Por esos fondos, la madre y la hermana del fiscal están siendo investigadas por presunto “lavado de dinero”, en una causa que inició el ex titular de la Unidad Fiscal de Investigaciones, José Sbatella.