miércoles, 16 octubre 2019
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Libertad a Assange, consigna empieza a recorrer el mundo

PRESIDENTE ECUATORIANO LO ENTREGO A LA POLICIA BRITANICA

Julian Assange, fundador del sitio WikiLeaks, estaba asilado desde 2012 en la embajada de Ecuador en Londres. Fue detenido allí luego de la traición del presidente ecuatoriano.
SERGIO ORTIZ
Assange es joven; cuando lo detuvo Scotland Yard el 11 de abril en la embajada ecuatoriana, su padre declaró: «le vi, la manera como lo arrastraron en la escalera, los policías, no tenía buen aspecto. Tengo 74 años y tengo mejor aspecto que él, que tiene 47».
Esa detención es una profunda injusticia. Pero lo más preocupante es lo que viene: un juicio para ver si se aprueba su extradición a Suecia, donde se había radicado en 2010 una denuncia por abuso sexual. Y peor aún, si se canaliza el pedido de extradición a Estados Unidos, donde las acusaciones son más graves por haber vulnerado supuestamente secretos militares y del gobierno. Esto podría costarle torturas, 35 años de cárcel e incluso la pena de muerte.
Esa escalada de violación de derechos humanos se puso en marcha cuando el ecuatoriano Lenín Moreno cesó el asilo concedido en 2012 a Assange y le retiró la ciudadanía ecuatoriana, y entraron en acción los policías británicos. Assange ya estaba en un confinamiento que en los últimos tiempos parecía cárcel, por cuanto le habían cortado el acceso a Internet y prohibido las visitas a excepción de sus abogados. Además Moreno le impuso un sistema de espionaje, demostrado cuando documentos de los letrados defensores fueron usados para chantaje.
«El mayor traidor en la historia de Ecuador y Latinoamérica, Lenín Moreno, permitió que la policía británica ingrese a nuestra embajada en Londres para arrestar a Assange», manifestó Rafael Correa.
No es el único punto donde el asumido en 2017 abandonó el legado correísta. Moreno enterró el Unasur, se sumó al Cartel de Lima, reconoció al usurpador venezolano Juan Guaidó, firmó nuevos acuerdos con el FMI y coquetea con el Comando Sur. En ese marco era esperable que entregara a Assange, como ofrenda a Washington y de paso vengarse del fundador de WikiLeaks. El portal se había hecho eco del escándalo de los INA Papers, denunciando a un hermano de Moreno y su firma offshore.
La argumentación del traicionero es que Assange había convertido a la embajada en una «central de espionaje». Una acusación falsa, mucho más cuando el acusado no tenía acceso a Internet ni a la red telefónica de la embajada.
Cuando WikiLeaks afirma algo, lo basa en cables y documentos. El «Judas» Moreno acusa sólo con su devaluada palabra…

Libertad a Assange.
El fondo de la cuestión es que en 2010 WikiLeaks publicó 470.000 documentos militares clasificados sobre las guerras del imperio en Afganistán e Irak y posteriormente 250.000 cables diplomáticos clasificados. Así se documentaron los crímenes en aquellas guerras y también torturas en las cárceles secretas de Abu Ghraib y Guantánamo. Esa información fue filtrada por Bradley Manning, hoy llamada Chelsea, un militar norteamericano condenado a 35 años de cárcel y que cumplió efectivamente 7.
Los cables de las embajadas norteamericanas y el Departamento de Estado mostraban la injerencia yanqui en esas naciones. En Argentina la información dejaba muy mal parados a Mauricio Macri, Alberto Nisman, Sergio Massa y Daniel Scioli (ver «ArgenLeaks», libro de Santiago O’Donnell).
WikiLeaks, ya con la conducción práctica del periodista finlandés Kristinn Harfnsson, seguía dando golpes al espionaje imperial. En marzo de 2017 publicó 8.761 cables de la CIA con programas para el espionaje de teléfonos celulares y hasta televisores. El programa «Angel que llora» («Weeping Angel»), diseñado por la surcoreana Samsung, «pone a la televisión en un modo ‘off falso’; la televisión parece apagada pero no lo está y mientras tanto, graba las conversaciones y las manda gracias a Internet directo a un servidor secreto de la CIA».
Eso explica el odio del imperio hacia Assange; de los demócratas como Barack Obama y republicanos como Donald Trump, más la CIA, NSA y 15 agencias de espionaje.
El plan para la revancha fue tomarse de denuncias contra Assange por supuesto abuso sexual de dos mujeres en Suecia. Una de ellas retiró su denuncia; la otra fue cerrada por la fiscalía en mayo de 2017 por falta de pruebas. Con esa débil base, la justicia sueca pidió a la inglesa la extradición. Un juez británico ordenó la detención en 2012, apelada por el acusado en libertad. La Corte Suprema inglesa falló en su contra y ante el temor de que, al ser detenido podría ser extraditado a EE.UU., el cyberactivista se asiló en la embajada de Ecuador.
En estos casi 7 años Londres violó la ley al no reconocer su asilo e impedirle salir de la embajada con un salvoconducto para viajar a Quito, como ciudadano ecuatoriano desde 2017. Quería apresarlo y que pasara todo el tiempo en confinamiento. Ahora lo llevó a una cárcel con posibilidad de que se lo extradite a Suecia y luego eventualmente a EE.UU.
¿Cuál es la acusación en Yanquilandia? La denuncia está radicada en Virginia, donde tiene sede la CIA (Langley), y todo lo malo puede suceder. Lo acusan de ser cómplice de Manning en piratería informática y difusión de documentos secretos. Eso le costó a Manning un trato inhumano, torturas y una larga pena carcelaria. Para Assange puede ser peor porque en el pedido de extradición lo acusan de forzar el ingreso a un servidor de Defensa. Es un cargo falso. El 13/4 O’Donnell citó en PáginaI12 el documento de la fiscalía de EE. UU.: «el 10 de marzo de 2010 Assange le pide más información a Manning acerca de la clave en cuestión y le comenta había intentado obtenerla ‘pero hasta ahora no tuve suerte'».
Más allá de la historia judicial del asunto el fondo político es clarísimo: de un lado, un periodista que permitió al mundo conocer parte de las guerras del imperio, espionaje y violaciones a los DD.HH.; y del otro, ese imperio y su socio británico. Es muy fácil saber de qué lado hay que ubicarse.