Llamado de atención

El procesamiento del segundo del ex secretario de Deportes y hoy precandidato a gobernador por el PRO en La Pampa no es una noticia que puedan festejar en las filas del Cambiemos. Entre otras razones porque le quitará fuerza a uno de los caballitos de batalla que enarboló con éxito en las últimas campañas electorales: el combate a la corrupción.
Con el inestimable respaldo de los grandes medios porteños, el macrismo supo pivotear alrededor de ese lema para castigar a sus oponentes -especialmente al kirchnerismo- pero también para autoproclamarse como el garante de la transparencia en la gestión pública. Menos de tres años bastaron para dar con tierra con esa pretensión. Los casos de corrupción que suma el macrismo se acumulan a enorme velocidad aunque no aparezcan en la prensa adicta: Correogate, Panamá papers, aportes de las campañas electorales, soterramiento del ferrocarril Sarmiento y sus vínculos con Odebrecht, operaciones poco claras del Fondo de la Anses, licitación de parques eólicos, low cost presidencial, blanqueo de capitales para familiares y amigos…
La lista podría ampliarse pero estos ejemplos alcanzan para mostrar que aquel alarde de presentarse como los campeones del republicanismo impoluto fue apenas un recurso de marketing electoral.
La ausencia de trayectoria política fue, paradójicamente, un capital que utilizó el líder del PRO pampeano para lanzarse al ruedo electoral ante una sociedad hipersensibilizada por el “flagelo de la corrupción”. No es que no exista el problema, solo que los medios hegemónicos en su despliegue de “periodismo de guerra” sobresaturaron el aire con sus “denuncias” -muchas de las cuales, ahora se sabe, fueron meras operaciones para desprestigiar a los oponentes del macrismo- y sembraron la desconfianza general sobre la política (otro efecto deliberado).
En vísperas de la campaña electoral, adelantada por el desdoblamiento de las elecciones, esta imputación por “negociaciones incompatibles con la función pública” al hombre que acompañó en su gestión al hoy precandidato de Cambiemos debería ser un llamado de atención, porque deja en evidencia en forma palmaria que la corrupción no tiene color político y su combate exige un compromiso mucho más profundo que su mera utilización como bandera en el fragor de las campañas proselitistas para desacreditar a los adversarios.