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Lo personal es político

El 2018 se despidió bien a tono con lo que fue. Muertes al por mayor en las rutas pampeanas, tarifazos a diestra y siniestra y el fallecimiento del ex canciller Héctor Timermann luego de una persecución judicial y mediática nunca vista en gobiernos electivos. Quizás a causa de este clima general los deseos de «buen año», característicos de este corte en el almanaque, han tenido esta vez un signo distintivo.
Las redes sociales se han convertido en el vehículo casi exclusivo para los saludos de fin de año que hasta hace no demasiado tiempo se canalizaban por el correo o el teléfono de línea, hoy convertidos en piezas de museo o poco menos. El desarrollo tecnológico asombroso de las comunicaciones posibilita a cada persona recibir en pocos minutos y en su propio celular -el nuevo fetiche de la sociedad de consumo- una cantidad tan elevada de mensajes que en otras épocas hubiera provocado vértigo. Además, estos mensajes se han socializado, ya no son «personalizados» como antaño cuando se escribían en una tarjeta de cartulina. Cualquiera puede, con su smartphone enviar decenas, centenas o miles de saludos a través del ciberespacio.
Esta nueva realidad virtual -los mensajes son intangibles, son un paquete de señales electrónicas que se «arman» en las pantallas de los celulares- tiene un costado interesante para quienes han desarrollado cierta capacidad de observación. Un usuario -si tiene una cantidad considerable de «amigos» en las redes, algo nada raro en estos días- puede convertirse en una suerte de muestra estadística de los mensajes que circulan por el ciberespacio, puede decodificar sin demasiado esfuerzo la tendencia predominante de los contenidos que circulan; en pocas palabras, lo que busca comunicar la mayoría, o al menos una significativa cantidad de usuarios.
Dicho esto, lo que ha dejado ver este fin de año es la fuerte «contaminación» de la política en los saludos que se intercambian en la «nube». Entre los deseos de «buen año», «felicidades», «paz y amor» o «prosperidad» tan habituales en nuestra cultura se han colado esta vez otros de fuerte contenido político. No es que antes estuvieran ausentes, pero es innegable que hoy han adquirido una presencia determinante. Y con un rasgo también distintivo: la gracia y la ironía. La mayoría de ellos lleva el sello del humor ácido argentino, toda una tradición en la política de nuestro país.
Una sociedad agobiada por el desastre económico que trajo el 2018 de la mano de Cambiemos, con salarios y jubilaciones derretidos por un nivel inflacionario como no se veía desde la híper de comienzos de los noventa, encontró una forma de canalizar su malestar a través de las redes con el inicio de un año electoral y, por tanto, con la esperanza de que llegue un «cambio» -uno a favor de las mayorías, desde luego- que deje atrás tantos pesares.
Podría decirse entonces que en este año nuevo estaríamos viviendo una suerte de reactualización de aquella consigna feminista de los sesenta: «lo personal es político», que también vendría a rendir tributo, por supuesto, a un año en donde ese movimiento social tuvo una expresión tan contundente que marcó a fuego la agenda política del país.