Lo que crece es la desigualdad

El aumento de la desigualdad entre pobres y ricos ya es una marca registrada del gobierno de Cambiemos. Y es el propio Indec el que lo confirma. Cada vez que el organismo da a conocer estadísticas sobre la economía sobresale ese sello de la gestión del macrismo. Ahora, el reciente informe sobre la distribución de la riqueza que genera el conjunto de la sociedad correspondiente al segundo trimestre del año -abril, mayo, junio- no hizo más que confirmar que los argentinos más pudientes cada día se separan más de los más pobres y en el medio, esa ancha franja no para de deslizarse hacia abajo.
Una breve cita de algunos datos sirve para ubicarse frente al problema. Más de la mitad de los hogares tienen ingresos que no alcanzan a cubrir la canasta básica de la pobreza que es de 15.244 pesos, en tanto el 80 por ciento de los asalariados cobra sueldos inferiores a esa cifra.
En los hogares que pertenecen al 10 por ciento más pobre el promedio de ingresos es de 4.800 pesos, mientras en el otro extremo los hogares del 10 por ciento más rico registran un promedio de 66.700 pesos con máximos que superan los 500 mil pesos.
La distancia entre los que más y los que menos ganan se viene estirando en los dos últimos años como lo muestra con transparencia el Indec. En esta última medición se comprobó que esa diferencia es de 19,6 veces, mientras que el año pasado había sido de 18,9 y en 2015 de 16,3 veces.
Otra forma de medir esa creciente desigualdad es el índice de Gini, un parámetro internacional que varía entre 0 (máxima igualdad) y 1 (máxima desigualdad). Ese índice midió 0,410 en 2015, 0,427 en 2016 y 0,428 este año, lo que deja ver una clara tendencia hacia la desigualdad de la sociedad argentina.
Lo más positivo de estas cifras es que evitan que el debate se desvíe por los sinuosos caminos que plantean los economistas afines al gobierno que tienen tanta presencia en los grandes medios porteños. Con estos números en la mano es imposible creer que las buenas noticias vayan a llegar a los sectores populares. El fiasco del “segundo semestre” o “el primer trimestre del año que viene” fue fulminante.
Es indudable que las medidas económicas más importantes del gobierno nacional han beneficiado a los sectores más poderosos y, como contracara, han perjudicado a los sectores medios y bajos. La gran pérdida de los salarios ante la inflación del año pasado -causada por la brutal devaluación- es una evidencia indiscutible. Este año se va a reiterar ese fenómeno aunque un poco más atenuado. La destrucción de decenas de miles de puestos de trabajo formales en la industria también aporta lo suyo pues son “reemplazados” -y solo parcialmente- por monotributistas, es decir precarizados y con ingresos muy inferiores.
Mientras tanto los más ricos acumulan ingentes beneficios: quita y rebaja de impuestos a las exportaciones (retenciones); reducción de impuestos progresivos como Bienes Personales y otros que gravan artículos suntuarios; liberación de los precios para las empresas gasíferas, eléctricas y ahora petroleras y ya se anunció una reforma impositiva que, a tono con este gobierno de CEOs, va a profundizar esta tendencia.