Lo que se festeja y lo que se oculta

Dos noticias relevantes se conocieron ayer; una de ellas mereció especial atención en los grandes medios porteños, la otra fue silenciada. La información destacada -y aplaudida- por la prensa oficialista fue la declaración de nuestro país como “mercado emergente”; la que no se pudo ver -salvo en los medios que no practican un oficialismo militante- fue la nueva filtración de los Panamá Papers que vuelven a involucrar a la familia presidencial en oscuras maniobras financieras.
No son dos noticias desconectadas entre sí. Una mirada superficial permitiría afirmar que no tienen vínculos visibles, sin embargo se pueden rastrear algunas conexiones sin demasiada dificultad.
El “premio” que nos llega desde el riñón de las finanzas globales fue otorgado por una consultora privada, MSCI, porque Argentina se volvió mucho más “amigable” para los flujos financieros que recorren el planeta practicando eso que un economista del primer mundo denominó, con justicia, “capitalismo de casino”. Sin embargo, simultáneamente también llegó una advertencia pues la “distinción” durará mientras el país siga sin controles ni regulaciones a la entrada y salida de los capitales; si en algún momento se interrumpiera la libertad absoluta del mercado financiero tal calificación sería retirada y volveríamos a “caer” en el “estigma” de ser un “mercado de frontera”.
El festejo del gobierno y los medios amigos se tradujo en declaraciones y comentarios eufóricos y en pronósticos llenos de optimismo. Desde luego, se volvió a hablar de la llegada de inversiones y las sonrisas poblaron las pantallas de la televisión. Como esta noticia llegó junto con la que consignaba la aprobación del stand-by por parte del Fondo Monetario Internacional la alegría fue completa. Por qué empalidecer entonces ese día festivo con una información que venía a estropear la jornada: la divulgación por parte del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación de un nuevo capítulo de la novela negra de los Panamá Papers.
En esta entrega el protagonista fue el hermano del presidente, Gianfranco Macri, a quien se le ventilaron maniobras y una complicada ingeniería financiera destinada a ocultar operaciones con dineros no declarados que entraron en el blanqueo, al cual pudo acceder gracias a un decreto del jefe de gobierno. En esa anmistía al delito de evasión tributaria, el hermano presidencial blanqueó 35 millones de dólares que, ahora se sabe, estaban depositados en una guarida fiscal.
Esta compleja trama de movimientos de enormes sumas de dinero utilizando empresas radicadas en países con economías opacas, no es ajena a lo que pretenden los grandes jugadores de las finanzas globales cuando le exigen a la Argentina abandonar los controles a los ingresos y salidas de capitales. Este “premio” llega para asegurarse una “zona liberada” a los enormes flujos que viajan por todo el mundo en busca de ganancias rápidas en la especulación antes que en proyectos productivos.
La gran cantidad de funcionarios del gabinete nacional que tienen sus dineros en el exterior muestra que esa “filosofía” es ampliamente compartida por el gobierno.