Inicio Opinion Lo único bueno es que, con Pichetto, se sabe a qué atenerse

Lo único bueno es que, con Pichetto, se sabe a qué atenerse

LA SEMANA POLITICA

La fórmula del macrismo se completó con Miguel Pichetto, un peronista ubicado bien a la derecha del espectro. Lo único bueno de la jugada es que el electorado que los vote no podrá alegar promesas ni engaños.
SERGIO ORTIZ
La novedad fue el martes 11, cuando el oficialismo confirmó que el compañero de fórmula de Mauricio Macri sería Miguel Pichetto, presidente de la bancada del Partido Justicialista en el Senado.
El elegido venía de fracasar en el armado de Alternativa Federal, un peronismo alternativo frente al kirchnerismo, sobre todo luego que éste deviniera en Frente de Todos (se confirmó lo afirmado aquí el domingo: el nombre de la coalición opositora no sería Frente Patriótico).
Esa bolsa de cuatro gatos, con perdón de esos simpáticos animalitos, terminó así: Pichetto, con Macri; Sergio Massa en la alianza con Cristina y Alberto Fernández; Juan M. Urtubey al pie de Roberto Lavagna, y Juan Schiaretti amurallado en Córdoba y jugando bajo cuerda para Lavagna y en un balotaje para Macri.
De ese estado perdidoso del rionegrino no dieron cuenta muchos análisis, algunos coincidentes en que Macri lo convocaba como señal de apertura y gobernabilidad y otros cuestionando indignados su traición al peronismo. Ambas conclusiones tienen mucho de cierto, pero lo primero a destacar es que Macri recogió un náufrago. ¿Cuántos votos puede arrastrar consigo? No muchos del padrón electoral nacional. Otra cosa es si se limita al Consejo de la Magistratura que designa magistrados y promueve juicios para removerlos. Allí, sobre sus 13 miembros, Pichetto puede ser decisivo, máxime siendo presidente de la Comisión de Disciplina y Acusación de donde sale el primer dictamen para sancionar o no a los jueces.
El rionegrino ya declaró que no renunciará al Consejo. En todo caso deberán ser sus pares del bloque del PJ, los que pudieran exigirle la renuncia o bien designar a un reemplazante. Pichetto accedió a ese estratégico lugar, junto al diputado Wado de Pedro, en nombre de su oposición de palabra que abandonó de hecho.
No está de más recordar que en el Consejo de la Magistratura se tramitan denuncias contra jueces y camaristas, algunos probos como Alejo Ramos Padilla, la pesadilla de Balcarce 50, y otros que mejor no hubieran nunca terminado sus estudios de abogacía, como Carlos Stornelli, cuya carrera de prófugo puede terminar en ese Consejo.
Quizás la mejor definición sobre el pase de Pichetto lo haya dado el director del suplemento del agro de Clarín, Héctor Huergo: «Ahora hay equipo». Escribió: «la fórmula Macri-Pichetto fue bien recibida por los mercados, que ven disolverse los gruesos nubarrones que pintaban el horizonte. Las encuestas subrayaban el avance K y la sombra doliente del chavismo se extendía sobre estas pampas como el fantasma de Santos Vega».
Huergo cuenta que en la previa a la votación sobre la 125, Pichetto le confesó que las retenciones eran «un disparate de Kirchner». Había un traidor alevoso, Julio Cobos, y otro en las sombras que se decía leal…

Para la primera vuelta.

La sumatoria del tránsfuga es parte de una jugada que va más allá de lo electoral. Busca resultados inmediatos, de allí que al día siguiente del anuncio el arribista era uno más en el gabinete. También lo recibieron con un asado, como a un gran amigo, los dirigentes de ese espacio, provenientes del peronismo, como Cristian Ritondo, Rogelio Frigerio, Diego Santilli y Emilio Monzó, entre otros.
La sumatoria del rionegrino podría aportar un cachito de seguridad en que el Titanic no se está yendo a pique, como era la evaluación general. Más allá de las fundadas críticas a su derechosa trayectoria parlamentaria de años, su currícula supera a Gabriela Michetti y Marcos Peña, expertos en meter la pata.
No es que el dólar bajó unos centavos gracias a Pichetto, sino más bien debido a los millones de dólares que malvendió el Banco Central. No es que la inflación de mayo cayó unas décimas, cuando el Indec informó del 3,1 de mayo, gracias al pase mencionado, sino porque la brutal recesión y falta de ventas impide un mayor traslado a precios de la inflación mayorista.
De todas maneras, hay gente que cree cualquier cosa, como que el 3,1 por ciento es «baja inflación», cuando es altísima. ¿Por qué no habría quienes piensan que esa «baja» se produjo por el pase del rionegrino al equipo macrista?
Hasta antes del 18 de mayo, cuando Cristina dio el golpe de timón y nominó al guitarrero beatlómano, el gobierno creía que sería perdidoso en primera vuelta pero podría ganar en balotaje, gracias al voto del peronismo de derecha y centro. Cuando la expresidente movió el tablero y sobre todo con la novedad de confluencia deSergio Massa y el Frente Renovador, entonces se prendieron las alarmas en el poder. No fuera cosa que el Frente de Todos alcanzara el 45 por ciento el 27 de octubre.
Y para impedir esa pesadilla, apuró el pasaje dirigentes peronistas hacia Cambiemos. Lo tentó a Urtubey y lo logró con Pichetto. A su amigo Schiaretti no le pidieron eso porque su rol es otro: apoyar la fórmula de Macri sin adherir formalmente.
Todavía es pronto para decir con seguridad Odol si Macri evitó el riesgo de perder en primera vuelta. Una mejoría de sus chances para evitar una catástrofe el 27 de octubre no descansa principalmente en la sumatoria de Pichetto. Es un combo donde además entra la venta de dólares del Central, la sucesión de juicios y denuncias contra Cristina por supuesta corrupción, algunos alivios económicos o subsidios para la venta de ciertos autos o con el plan Ahora 12, etc. La idea del presidente y su vice no tiene nada de peronista sino es más bien gorila, de un capitán ingeniero: «hay que pasar el invierno».

Bajo el ala norteamericana.

Ese capitán ingeniero fue embajador argentino en EEUU durante la dictadura militar de Onganía. Había llegado a ese destino con sus recetas conservadoras y oligárquicas a cuestas, las que mostró en el frondicismo. Y volvieron recargadas de liberalismo para hacer daño con la diminuta Ucedé y también con el peronismo de Carlos Menem.
Ese intercambio, de un neoliberal aliándose a un justicialista, es parecido a la actual sumatoria de un peronista, Pichetto, a un neoliberal y conservador, Macri. Los resultados de aquella mixtura van a verse superados con creces con el experimento actual, que esperemos no se pueda prolongar después del 10 de diciembre.
El macrismo pichetista tiene en carpeta seguir con el duro ajuste actual, al margen de algún retoque para la tribuna electoral de estos meses. Y si logra el objetivo, irá a fondo por el triple objetivo trazado por sus mandantes del FMI: pagar toda la deuda externa, hacer la reforma laboral y una nueva reforma previsional, la que ya le costó en estos días la primera huelga general al referente regional de ambos, Jair Bolsonaro.
La embajada norteamericana de Edward Prado se siente bastante tranquila, de cara a las elecciones argentinas. Sus cartas están jugadas a favor de Macri y Pichetto, sobre todo luego que el vice estuviera semanas atrás en EEUU invitado por el banco HSBC, dando seguridades al FMI, avalando las políticas de la Casa Blanca y también de Israel. Ahora lo reiteró: «hay que ubicarse definitivamente en un perfil occidental y volver a la relación histórica con los EE UU».
También debe haber sido del agrado de Prado el maccartismo del rionegrino contra el «comunista» Axel Kicillof, un ataque mentiroso en su fundamento y peor aún en su objetivo, de favorecer a María E. Vidal en Buenos Aires. La gobernadora regresó el 11 de junio de su gira por Colombia, el aliado principal de EEUU en la campaña golpista contra Venezuela y en la supuesta lucha contra el narcotráfico y terrorismo. De modo que el anticomunismo de Pichetto, que atrasa muchísimos años, tiene un sentido muy positivo para el macrismo y míster Prado.
El embajador estadounidense también sabe que cuenta con amigos en el Frente de Todos, como Alberto Fernández y muy en especial Massa, asiduo visitante de la embajada. Si éste compite con su fórmula en las PASO o bien encabeza la lista de diputados en Buenos Aires y luego aspira a la presidencia de la Cámara, serían ambas buenas noticias para Washington.
Estos temas que hacen a la relación de Argentina con EEUU lamentablemente son invisibilizados por los grandes medios de incomunicación e incluso por los candidatos más o menos progresistas que debieran destaparlos. Por caso, nadie del Frente de Todos ni del FIT alertó que el 12 y 13 de junio la embajada yanqui organizó una reunión en Buenos Aires centrada en la lucha contra la supuesta «amenaza terrorista» de Hezbollah en la región. Asistieron Prado y el embajador de Israel, Ilan Sztulman, delegados del Departamento de Estado, FBI, DEA e Interpol, y de la AFI, UIF y funcionarios judiciales. Prepararon «la reunión ministerial del hemisferio occidental sobre la lucha contra el terrorismo» en Buenos Aires, el 18 y 19 de julio, con el secretario de Estado Mike Pompeo, a 25 años del atentado a la AMIA.
Para este bloque pro-norteamericano el peligro de Argentina viene de la mano del «populismo», China y Hezbollah. Los dramas reales son causados por Macri-Pichetto, el FMI, la deuda externa, el neoliberalismo y Trump, y justificados al toque de Clarín.