Lo que se dice y lo que se oculta

Cuando se acaba de conocer la sorprendente declaración de “desacato” del juez Thomas Griesa y la inmediata y enérgica respuesta argentina, resulta oportuno recordar lo sucedido hace apenas algunas horas en la ONU. En el Consejo de Derechos humanos de ese organismo, nuestro país cosechó un contundente respaldo -como poco antes lo había logrado en la Asamblea General- para condenar el accionar de los fondos buitre, esos especuladores usurarios de las finanzas internacionales: hubo 33 países que apoyaron a Argentina frente a apenas cinco que se opusieron y nueve que se abstuvieron.
Pero el ocultamiento de una información de semejante envergadura por parte de la prensa hegemónica fue quizás lo más insólito. La ausencia de títulos destacados referentes a este logro de la diplomacia argentina en la máxima instancia política internacional, no hizo más que confirmar el carácter belicoso que ha asumido hoy la gran prensa opositora porteña encabezada por los diarios de mayor tirada y los informativos de los canales de televisión monopólicos. El desplieque que debió tener esta noticia, por su importancia política y económica a nivel mundial, fue ocupado por denuncias insustentables y amplificadas hasta la saturación como fueron, entre otras, la “nueva información que se exige a los pasajeros que viajan al exterior”. Tanto barullo mereció apenas un reordenamiento de la información en un nuevo soporte tecnológico para ponerse a tono con las exigencias que ya cumplen muchos países del admirado “primer mundo”. Y no demandará, por lo demás, la entrega de nueva información de los pasajeros a la que ya se daba sino que establece normas para el manejo de datos de las líneas aéreas y los operadores turísticos.
Volviendo a lo importante, en el lote de países que votaron en contra de la propuesta argentina figuran los que ya se habían opuesto en la Asamblea General que son, justamente, los que sostienen y albergan las bases de operaciones de los fondos buitre: Estados Unidos, Japón, Alemania y Gran Bretaña acompañados por República Checa. El argumento de estas naciones que respaldan un sistema financiero como el actual con absoluto predominio de la especulación sobre la producción, fue que la ONU “no es el ámbito” de discusión de este tema sino que correspondería a los organismos financieros internacionales, básicamente el FMI. Sucede que en dichas entidades esos países tienen un voto calificado, en cambio en el ámbito más democrático de la ONU cada nación tiene un voto. En esos organismos se reproducen así las profundas desigualdades económicas que hay en el planeta: unos pocos, pero poderosos, tiene poder de veto, y la mayoría debe acatar con la cabeza gacha.
Se sabe que la economía y sobre todo las finanzas, en este mundo neoliberal y globalizado, son las menos democráticas de las actividades. Por eso buena parte de las grandes corporaciones mediáticas, los “economistas” del sistema y no pocos dirigentes políticos con aspiraciones presidenciales, han asumido una posición tan lamentable frente a la agresión de los fondos buitre que está padeciendo el país en su conjunto y no solo su gobierno. El triunfo de estos usureros seriales, que atacan países con demandas judiciales en tribunales afines, implica el empobrecimiento de millones de personas. Es así de simple y claro, pero los que tienen intereses que no están vinculados a las mayorías sociales prefieren no verlo y buscan confundir a la gente con posturas deliberadamente ambiguas y poco claras. Los que dicen que “hay que pagar” allanándose a las brutales exigencias de los fondos buitre que pretenden ganancias obscenas, no dicen que ese acatamiento implica, como contracara, perjudicar al tesoro público, es decir, al bolsillo de todos los argentinos. Afirmar lo primero y ocultar lo segundo es una burda maniobra de engaño que hay que desenmascarar.