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Los agrotóxicos y las luchas de los pueblos

"HACER ES LA MEJOR FORMA DE DECIR"

La Argentina es uno de los pocos países del mundo donde los transgénicos se cultivan masivamente y donde es tan grande el descontrol en el uso de los agrotóxicos
FERNANDO FRANK*
Una nota sobre agrotóxicos puede empezar de muchas formas. Empezaremos diciendo que es una buena noticia que el silencio, siempre dañino, se rompió para siempre. Las minorías empresarias que durante décadas hicieron negocios millonarios en silencio, hoy están siendo cuestionadas en todas partes por el descontrol en el uso de agrotóxicos.
Partimos de una desigualdad muy grande. Como demostración clara tenemos, en 2019, la misma postal del 2002: cosecha récord y hambre récord.
La Argentina es uno de los pocos países del mundo donde los transgénicos se cultivan masivamente y donde es tan grande el descontrol en el uso de los agrotóxicos. Así y todo, como decíamos al principio, durante muchos años la sociedad no vio esto como un problema. Quizás haya sido porque, a diferencia del resto de los países de Latinoamérica, más del 90 por ciento de la población vive en ámbitos urbanos.

Sin control.
El descontrol en el manejo de los agrotóxicos queda en evidencia cuando vemos que no existe ningún tipo de registro del consumo de estos productos. Sólo tenemos datos de facturación de empresas. Estos datos, sistematizados por el INTA en 2012, muestran que entre 1991 y 2011 el consumo de herbicidas creció más de 12 veces: de 19,7 a 252 millones de litros anuales. En un informe reciente la ONG Naturaleza de Derechos estimó que se aplican, anualmente, 500 millones de litros de agrotóxicos. Sabemos que mucho va a sojas y maíces transgénicos que se exportan y se usan para fines no alimenticios, pero también sabemos que hay niveles alarmantes de tóxicos en frutas y verduras que consumimos a diario. También alarma saber, en lugares afectados, los niveles peligrosos de tóxicos en aguas de consumo humano.
Otro punto del descontrol son las liberaciones comerciales. Hoy a las aprobaciones las hace el Senasa, que es parte del Estado Nacional, pero a partir de estudios que presentan las mismas empresas. Se remarca muchas veces que los agroquímicos son los mismos que se usan en otros países, pero se omite mencionar que en Argentina se usan 107 plaguicidas prohibidos en otros países del mundo, 36 de ellos considerados «altamente peligrosos» por la Organización Mundial de la Salud, como resalta un informe de Rapal (Red de Acción en Plaguicidas y Alternativas de América Latina). Lo que en otros países está prohibido o altamente controlado, acá se puede comprar por internet y aplicar como uno quiera.

Encuentro histórico.
Los agrotóxicos enferman y contaminan: ninguna de las formulaciones comerciales es inocua para la salud humana. Este hecho es todavía desconocido por muchas personas, y quizás alguno de los lectores del diario se esté enterando hoy. Las comunidades fumigadas en Argentina son territorios del dolor. Piensen en familias afrontando enfermedades tremendas en sus hijos. También esos pueblos son hoy territorios de la resistencia lúcida.
Así como todos comemos, todos podemos aportar a la transformación de los sistemas productivos. Hay capacidad transformadora por todas partes: en todos los poderes del Estado y sus escalas, en las organizaciones de la sociedad, en la academia y en los medios. Para lo rural y alimentario invito a leer las conclusiones del Primer «Foro Nacional por un Programa Agrario Soberano y Popular» en un encuentro histórico de miles de personas realizado en mayo de este año en Buenos Aires, donde se definieron con claridad ideas y propuestas concretas para la acción política desde lo agrario para todo el país.

Re-sembrar.
La transformación que necesitamos tiene como objetivo salir de la dependencia de las empresas transnacionales de agrotóxicos, de comestibles industriales ultraprocesados, de las exportadoras y de las cadenas de supermercados. Los caminos de esa libertad ya están siendo transitados. Se resiste, se reflexiona y se proyecta desde miles de espacios de lo más diversos. Sembrar con lo que hay: precisamente lo que constituye la verdadera Agri-Cultura, esa que tiene más de diez mil años y que está siendo resembrada siempre.
Hay cuatro planos de acción que los pueblos en lucha marcaron como prioridades:
-La limitación a las fumigaciones cercanas a escuelas y pueblos, y también a viviendas rurales.
-La regulación de las aprobaciones de agrotóxicos y transgénicos.
-La concientización del daño a la salud y el ambiente.
-La promoción de las producciones libres de venenos.

Hay conocimiento.
El Estado provincial tiene mucho para hacer en educación, salud, producción. También los Estados municipales, sobre todo de los pueblos más afectados, y las organizaciones políticas, sindicales, culturales, y las instituciones de ciencia y técnica.
La transición a la producción libre de tóxicos no está trabada en lo tecnológico: hay experiencias y conocimiento científico listo para ser trabajado y adaptado a grandes escalas en todo tipo de territorios del país: desde las producciones ganaderas bajo pastizales naturales, hasta la horticultura periurbana. Lo que falta, muchas veces, es decisión en las políticas públicas y en el apoyo de la sociedad. Son tiempos de acción. Como dijo José Martí: «hacer es la mejor manera de decir».

*Ingeniero agrónomo (UNLPam). Trabaja en la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación, delegación San Luis.