Los científicos se movilizan contra el ajuste

PARA FRENAR EL ACHIQUE PRESUPUESTARIO

La comunidad científica de todo el país se está movilizando contra el ajuste que contempla el
Presupuesto 2017 elevado al Congreso.
NADIA LUNA*
Argentina tiene 1.299 científicos repatriados gracias al programa Raíces, declarado como política de Estado mediante la Ley 26421 sancionada en 2008. Un año antes se había creado el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación (Mincyt). En el marco de las políticas de fortalecimiento de un sistema científico-tecnológico el Conicet pasó de tener una planta de cinco mil investigadores y becarios en 2003 a una de 20 mil en 2015. Además, aumentaron los ingresos en otros organismos descentralizados.
Sin embargo, los números que en estos días ocupan a muchos científicos son otros. El proyecto de Presupuesto 2017 que el Poder Ejecutivo presentó al Congreso plantea una reducción que lleva la inversión en ciencia y tecnología al 0,59 por ciento, el mínimo histórico desde la creación del Mincyt. Roberto Salvarezza, quien fue presidente del Conicet desde 2012 y renunció ante el cambio de gobierno nacional por considerar que no estaban garantizadas las políticas científicas dijo, durante la presentación de la revista Ciencia Propia en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires que “este Gobierno, que sostuvo que iba a darnos el 1,5% del PBI porque creía que la ciencia y la tecnología eran política de Estado, manda su primer presupuesto con un recorte que en la práctica se traduce en unos 10 mil millones de pesos menos”.

Asfixiados.
Para indagar en los números basta con mirar el informe elaborado por el investigador de la UBA Fernando Stefani, que se difundió dentro y fuera de la comunidad científica o explorar la tabla comparativa que hicieron circular el decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, Juan Carlos Reboreda, y el vicedecano, Luis Baraldo, donde se compara el presupuesto otorgado a cada instituto.
Allí se observa que el presupuesto destinado a la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (Anpcyt), que financia gran parte de los programas de investigación del país, sufre un recorte del 32,3%. En tanto, otros institutos tienen un leve aumento en el presupuesto pero que, al ser mucho menor a la inflación superior al 40% actual, también implica un recorte en términos reales, es el caso del INTA, el INTI y el Instituto Nacional del Agua (INA). Otros, como la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), directamente ven reducido su presupuesto en pesos.

Algunas historias.
El investigador del INTA Juan Pablo Zamora integra el equipo técnico de Agua y Desarrollo Rural del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (IPAF) Región NOA. El equipo ha participado en más de 130 proyectos hídricos aplicados en numerosas comunidades dispersas de las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Córdoba. El trabajo beneficia a unas cinco mil familias productoras. “Una baja en el presupuesto nos dificulta las actividades en el territorio. Este año tuvimos inconvenientes para solventar la provisión de combustibles y el mantenimiento y reparación de vehículos, que están sometidos a mucha exigencia por la geografía en que nos movemos para llegar a cada comunidad. También se complica la adquisición de equipos e insumos para laboratorio”, indica Zamora.
En la región del Litoral, la subejecución del presupuesto impactó desde principios de este año en una caída de becas para los estudiantes. Silvina Gibbons, profesora de la Universidad Nacional de Rosario, dice que “en el interior se depende muchísimo de este tipo de becas, porque hay chicos que viven en pueblos alejados, que tienen que trasladarse grandes distancias para poder asistir y la falta de recursos los afecta mucho. Doy clases en una materia correspondiente a los últimos años de carrera en Paraná y ahí el número de estudiantes cayó un 20 por ciento”.
Gibbons pertenece al grupo Científicos y Universitarios Autoconvocados (CYUA), conformado en el marco del ballotage en las últimas elecciones presidenciales, no solo en Rosario sino en varios puntos del país, como Buenos Aires, Córdoba y San Luis. En esa fecha, los científicos salieron a las plazas y otros espacios públicos a contarle a la gente el trabajo que realizaban y por qué le decían “No a Macri”. “Imaginamos el recorte en ciencia y tecnología porque el contexto ideológico en el que surge un candidato como Macri es de ajuste del Estado. Sabíamos que se venían tiempos de resistencia. Por eso nos empezamos a agrupar en este tipo de organizaciones”, expresa. Cuando no hay una política que se sostiene en el tiempo y se reducen los recursos para que los científicos ejerzan sus profesiones, los obliga a buscar trabajo fuera del país. Esto implica que nosotros como Estado estamos formando recursos muy calificados que terminan siendo beneficio para otros países más desarrollados”, afirma la docente.

No es la primera vez.
Mirta Iriondo, decana de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba, dice que el panorama actual le recuerda a otro ya vivido. “No es la primera vez que sucede. En los ’90 teníamos laboratorios con equipamiento obsoleto. Poder adquirir instrumentos nuevos llevó mucho tiempo. Entonces, que haya una disminución en el presupuesto es muy duro, porque la tecnología avanza rápidamente y nos vamos a quedar atrás otra vez”, sostiene.
Iriondo explica que la posible falta de recursos también afectaría la continuidad de proyectos que tiene su facultad con otros organismos de ciencia y tecnología, como la Conae y la CNEA. Lo mismo va a suceder, considera, en el área de vinculación tecnológica, ya que las pymes de la provincia “se están viendo afectadas por las medidas macroeconómicas que se han tomado este año”. Además, pone un ejemplo de falta de continuidad en las políticas: la suspensión del proyecto SARA (Sistema Aéreo Robótico Argentino). “Es un proyecto ambicioso, muy importante por los desarrollos tecnológicos que íbamos a lograr con eso y que nos iba a permitir dejar de importar, algo fundamental en un área sensible como el Ministerio de Defensa. La expresidenta Cristina Fernández lo firmó el año pasado pero ahora está frenado. La parte del motor, por ejemplo, la estaba desarrollando una Pyme cordobesa dirigida por Oreste Berta. Para la economía de empresas chicas la paralización de un proyecto tan grande se siente mucho”, señala.
José González, quien fue director del Centro Nacional Patagónico del Conicet en la provincia de Chubut, y que actualmente está a cargo del Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas de ese centro, cuenta que un área del trabajo que se perjudicaría por el recorte es la de redes temáticas, que son nodos de trabajo que conectan a los investigadores con el sector productivo, organizaciones sociales y representantes del gobierno. Actualmente, son dos: la Red de Maricultura y la Ecofluvial. “Tenemos un pronóstico muy malo de financiamiento para esas redes. Además, la pérdida de poder adquisitivo que el salario del Conicet ha experimentado es significativa. De hecho, ya tenemos un investigador que migró al exterior”, afirma.

Movilización.
Ante la evidencia de los números y las realidades concretas de cada región, los científicos decidieron movilizarse. Se contactaron con legisladores, elaboraron comunicados y salieron a la calle a explicar su situación. “Este gobierno tiene que entender que los investigadores y docentes estaremos aquí todas las veces que sea necesario para defender los derechos vulnerados”, advirtió el investigador Hernán Palermo, de CyUA. Su colega Verónica Pérez, de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), señaló que las movilizaciones son novedosas. “La comunidad científica tiene una cultura bastante meritocrática. Estamos metidos constantemente en procesos de evaluación que refuerzan la representación individual. Entonces, muchas veces se pierde de vista que todo lo que crecimos en los últimos años tuvo que ver con una política científica”, reflexiona.
Alejandro Delorenzi, investigador del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias de la UBA, dice que “en estos últimos 12 años se plasmó la idea de que hacer ciencia es trabajar por el país. Esa parte es la que estamos perdiendo nuevamente”. Guadalupe Suárez, becaria doctoral del Conicet, resalta: “El proyecto de ciencia por el que estamos luchando está relacionado con un proyecto de soberanía tecnológica, donde pueda haber un desarrollo industrial propio”.

“No al ajuste”.
Las movilizaciones se extendieron a buena parte del país. En Rosario, el grupo de CyUA realizó una jornada de concientización. En Córdoba, unos 300 trabajadores del sistema científico-tecnológico realizaron un paro y marcharon junto a las centrales sindicales bajo la consigna “No al ajuste en ciencia y tecnología”. En Jujuy, los trabajadores del INTA se movilizaron a la legislatura de la provincia para hablar con los representantes de diferentes bloques y realizaron actos en localidades del interior donde los productores manifestaron su apoyo al reclamo. En Chubut, los investigadores comenzaron a recolectar firmas con el propósito de solicitar a los legisladores y al gobernador Das Neves que se pronuncien a favor de una mejora presupuestaria.
Diversas agrupaciones de científicos han convocado a una gran movilización a Plaza Congreso para el próximo jueves 27 de octubre. “Organizar estrategias de lucha en la calle es la mejor manera para lograr que esto se revierta”, considera Palermo. A su lado, Juan Manuel Sueiro, de ATE-Conicet Capital, le habla a colegas y peatones a través de un megáfono: “Es muy importante que cada ciudadano entienda que esto no es una defensa corporativa. Se trata de inversión a largo plazo que beneficia a toda la sociedad. Y como esta película ya la vimos, lo único que falta es que aparezca un personaje con un detergente y diga: ‘Vuelvan a lavar los platos'”. (NuestrasVoces)

*Agencia TSS. Universidad Nacional de San Martín.

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