Los dilemas del gobierno ante la unidad del PJ

NO TODOS COMPARTEN EL OPTIMISMO DE MARCOS PEÑA

El macrismo especula con un peronismo dividido y domesticable y ahí juega sus fichas. Cómo extremar el
discurso para que no se hable de la crisis económica.
CLAUDIO MARDONES
Mientras analiza encuestas y estudia los cambios de la demanda electoral ante la crisis, el presidente Mauricio Macri recibe una lectura optimista de sus colaboradores más cercanos. “Ganamos en primera vuelta”, aseguran los funcionarios que dependen del jefe de Gabinete, Marcos Peña, que cumplió sus primeros dos meses como superviviente de una reducción de ministerios, en el marco de la cual sus detractores reclamaron desplazarlo sin éxito.
Para Peña las campañas electorales siguen siendo su mayor salvavidas en tiempos de crisis. Así como Macri le agradece haberle posibilitado la victoria que lo llevó a la presidencia, ahora le encargó que empiece a tensar las riendas de la campaña en vista al año electoral que se avecina. De esos movimientos organizativos surgen las primeras proyecciones de un Macri reelecto sin balotaje: un pronóstico construido a partir de una polarización cerrada con el kirchnerismo, que el PRO busca ahondar para capitalizar las ganancias electorales de un peronismo dividido y domesticable, a pesar de la crisis.

Espejo borroso.
Los números del presente son un espejo que en la Casa Rosada consideran borroso. En el cierre de 2018, último año no electoral del mandato que Macri comenzó en diciembre de 2015, algunas encuestas aseguran una victoria de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner en una segunda vuelta con Macri. Otras no llegan a esa foto, pero reflejan una fuerte caída en la imagen presidencial y de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, con un incremento de su imagen negativa al calor de la crisis y la recesión con inflación, un cóctel que para algunos analistas anticipa todos los escenarios electorales y permite indagar sobre intenciones de voto, que resultan muy esquivas para Cambiemos.
En todos los casos, la centralidad que le dan a CFK es directamente proporcional a las dudas que tienen sobre un proceso de unidad del peronismo, bajo una sola candidatura que ponga a prueba las apuestas de Cambiemos para evitarlo. Para profundizar la polarización con el kirchnerismo, el gobierno también buscará antagonizar en cuestiones culturales, migratorias y sociales. Un prisma para capitalizar la demanda más conservadora del electorado, con un audacia discursiva que se amparará en la elección del ultraderechista Jair Bolsonaro como presidente de Brasil. Será una forma corrosiva (de consecuencias imprevisibles) para eludir el debate público y el pronunciado desgaste por la política económica del gobierno, que finalmente transformó a Macri en “el candidato del ajuste” que tanto Peña como su asesor Jaime Durán Barba evitaron construir en la campaña de 2015.

No tantas certezas.
“Si hay rejunte, vamos a explicarle al electorado quiénes son, de donde vienen y por qué ahora están juntos cuando hace un año se estaban matando, algunos a un paso de caer presos”, anticipa un escudero del optimismo que cultivan en el primer piso de Balcarce 50. La advertencia velada por momentos suena a carpetazo, pero también revela los preparativos, y preocupaciones del oficialismo ante la hipótesis de una confrontación compleja frente a un peronismo unificado, que cuente con CFK adentro del armado, pero sin definir su candidatura hasta último momento.
En una oficina donde siguen de cerca la evolución electoral, toman distancia de las certezas de Peña. “El presidente tiene 45% de imagen positiva, es decir, por encima de los tres tercios, que es lo creíble en un año no electoral. No barajamos lo de la primera vuelta, pero vemos que CFK encuentra un techo del 35% y una imagen del 65% negativa. En el Conurbano cambia todo, porque Macri tiene una imagen negativa igual de alta, pero en el interior está por encima del promedio nacional, es decir 45 puntos.”
Un parapeto útil para preservar a Cambiemos de la voracidad de la crisis tiene que ver con el fracaso de la reforma electoral que Macri intentó sancionar en el Congreso. Sin cambios, el calendario electoral de 2019 ya cuenta con posibles comicios provinciales desdoblados en territorios como Santa Fe, Córdoba, La Rioja, San Luis, Mendoza, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Neuquén, La Pampa, Río Negro, Chubut, San Juan, Catamarca, Chaco, Tucumán, Misiones y Entre Ríos. En muchos de estos territorios los gobernadores buscarán su reelección antes de las generales del 27 de octubre, donde el PRO ya asegura que habrá comicios simultáneos para gobernador en los dos distritos que controla: la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires.

El peso de la recesión.
Un escenario institucional definido a la fuerza por la cercanía del año electoral, pero signado por una dinámica política donde la recesión todavía no tiene fecha de vencimiento y promete extenderse en gran parte del año próximo. En la Rosada, escupen sobre esos panegíricos y aseguran en la pulseada de la credibilidad comienza a revertirse por el freno en la devaluación del dólar, promovida por el actual titular del BCRA, Guido Sandleris, el mismo que hace dos meses estrenó su cargo anticipando que “no compraría dólares ni loco”. Cerca del presidente respiran esa brisa como si fuera una larga primavera, aunque afuera de la Casa Rosada recién comienza un verano tan frío en materia económica, como caliente en términos sociales. (Tiempo Argentino).