Los divorcios se estabilizan los matrimonios decrecen

Señor Director:
El informe anual (2015) que se acaba de dar en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires permite saber que el número de divorcios, que en los últimos años crecía sin cesar, ahora se ha estabilizado.
Esto no significa que el uso del derecho al divorcio vincular haya sido una moda pasajera, pues lo que sucede es que el número de casamientos también ha dejado de crecer, de modo que al haber menos bodas también disminuye porcentualmente el número de separaciones formales.
Las separaciones crecieron con fuerza en los primeros años de vigencia de la ley, pero en los últimos cuatro años comenzó a notarse la tendencia a la baja. En l990 hubo en la CABA 7993 divorcios, mientras en 2010 se registraron 6.594 y en 2015 hubo 5.643. Las bodas, en l990, fueron 21.996, mientras que en 2015 solamente llegaron a ser 11.295. Entre l990 y 2015 el número de matrimonios se redujo en un 49 por ciento; el de divorcios, creció un 29%.
El informe da otros detalles. La edad de quienes se divorcian son mayoritariamente personas de entre 40 y 50 años, que habían permanecido unidas durante nueve años promedio. Hay quienes vuelven a casarse, principalmente los varones. Crece proporcionalmente el número de nuevas uniones formales entre un varón divorciado y una mujer soltera.
No se han dado informes actualizados acerca de la evolución de este fenómeno en todo el país, pero puede conjeturarse que se repite con variantes regionales.
Lo que se infiere es que estamos transitando desde una forma de unión a otra forma; que el
matrimonio, a pesar de mantener el respaldo de las iglesias, disminuye y parece encaminarse a ser una expresión menor, mientras que crece la tendencia a constituir parejas cuya permanencia o duración ya depende de la voluntad de las partes. El “hasta que la muerte los separe” pierde posiciones. Decae lo que se ha considerado la base de la estructura de la sociedad: el matrimonio no fácilmente cancelable que posibilita que haya una familia estable, al menos en los términos relativos con que se dan las cosas humanas, pues la muerte no tiene fecha conocida y modifica dicha estructura. Las implicaciones que tiene y la que haya de tener con el paso del tiempo, son conjeturables, aunque ya se pueden observar rasgos de lo que puede ser la nueva relación. Como dice Zygmunt Bauman, entramos en la “sociedad líquida”, es decir que, como sucede con el agua de los ríos, sólo se la puede contener por un tiempo, mayor o menor según la capacidad de los embalses. En el caso humano: según la voluntad de las partes.

Terminal.
Los países del Caribe han firmado una declaración, en La Habana, Cuba, en la que dejan constancia de su alarma por la amenaza real de desaparición de sus territorios, por efecto del aumento de nivel de las aguas marinas, fenómeno a su vez expresivo del cambio climático.
Los países caribeños son isleños y costeros (en Centroamérica). Si el fenómeno indicado no se interrumpe corren un riesgo cierto de desaparecer porque su tierra quedará por debajo del nuevo nivel del mar. Ya se observan indicios muy claros de tal riesgo, según la declaración: huracanes cada vez más violentos, algas que cubren mayores superficies del mar, invasión de peces predadores (un temible pez león) y erosión de las playas.

Billetes.
Cuando ya es inminente la aparición de nuevos billetes en nuestro país, para acompañar el ritmo de la pérdida de valor de los que están en uso, la novedad no es la inflación sino que ahora se tenderá a ilustrarlos con animales de la fauna nacional en lugar de la efigie de personajes de nuestro pasado.
La idea puede responder a motivaciones políticas circunstanciales, pero abre una posibilidad interesante. La de que el papel moneda no sea escenario de nuestras divergencias políticas e historiográficas. Hasta se puede proponer que los próceres propuestos sean actores de acontecimientos importantes de hasta, digamos, 1820. Belgrano podría ser el límite, con próceres más ajenos a las peleas actuales.
Jotavé

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