Los grandes debates políticos en la calle, no en la campaña

LA SEMANA POLÍTICA

Emilio Marín – La realidad va indicando cuál es el escenario político primordial, no excluyente: si la calle o el parlamento. A la luz de lo ocurrido con las protestas por la desaparición de Santiago Maldonado, el gran debate se da en la calle.
Aquella valoración no implica subestimación por los otros carriles por donde discurre la política, esto es el parlamento, la campaña para las legislativas de octubre y los medios de comunicación y redes sociales. Todos son escenarios donde los actores importantes y de reparto dicen lo suyo y lo defienden, a veces con más marketing que verdades.
Sin embargo, valorando esa actividad política tan diversa, la desaparición del joven Santiago Maldonado fue señalando la calle y las plazas como el lugar donde se resuelven cosas importantes. Obvio, tales tendencias y números allí expresados no se reflejan del mismo modo a la hora de escrutar los votos de los protagonistas, ni los que tuvieron en las PASO ni los que contarán, uno a uno y ojalá sin las manipulaciones gubernamentales de agosto, en la cita del 22 de octubre.
Como suele suceder, el epicentro de la pulseada entre la vida y la muerte fue otra vez la Plaza de Mayo, al cumplirse el primer mes de la desaparición forzada de Maldonado. Una multitud diversa se dio cita esa tarde para reclamar por aquél, desaparecido en un operativo represivo de la Gendarmería el 1 de agosto pasado en una comunidad mapuche en Chubut.
Ese público fue estimado en 200.000 personas, según el comunicado posterior de la CTA de los Trabajadores. Y a ese número, o similar con más o con menos, se llegó no sólo por la gravedad de lo que está en juego sino también por la mayor unidad de la convocatoria. Estaba el antecedente de la marcha de mayo contra el “2×1” del fallo de la Corte Suprema, cuando los organismos de derechos humanos más tradicionales como Madres Línea Fundadora, Abuelas, Familiares, Hijos, CELS, Liga y otras se pusieron de acuerdo con sus similares del Encuentro por Memoria, Verdad y Justicia.
Ahora pasó lo mismo, afortunadamente, porque antes -en circunstancias similares- el resultado eran dos actos por separado, sellando una división. Y en ese clima de unidad y convergencia también ayudó que los oradores no fueran de una parcialidad política dada sino familiares directos de Maldonado, como su hermano Sergio.
El mensaje de aquél puso el centro en impugnar el rol y la política del gobierno y la Gendarmería en la desaparición de su hermano. Al gobierno le espetó: “dejen de sembrar dudas y mentiras. Nosotros jamás nos negamos a nada. Hacerlo sería no querer que Santiago aparezca. Dejen de sembrar sospechas sobre lo que Santiago hacía. La única ideología que mi hermano milita es la de la solidaridad”. A la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, le pidió la renuncia y que diera un paso al costado, en medio de abucheos generalizados.

Problemas para Macri.
Por ahora Mauricio Macri no quiere saber nada con entregar la cabeza de “Patricia Guinnes” (por el récord de pases en el mercado de los partidos políticos). La defendió en su última cita en el Congreso el jefe de gabinete Marcos Peña, quien luego en declaraciones a Radio Mitre dijo que por supuesto la ratificaban en su cargo.
De todos modos Bullrich no tiene asegurado el ministerio. Dentro del gabinete fue la más expuesta porque la fuerza actuante en la represión de Chubut depende de su cartera y tuvo a su número 2 Pablo Noceti en el sitio, dirigiendo el operativo que culminó con la desaparición del artesano. Además de eso hay que tener en cuenta que la ministra de Seguridad juró y perjuró sobre la inocencia de Gendarmería, cuando compareció ante la comisión de Seguridad del Senado, ante los medios y también en la mesa de Mirtha Legrand, el sábado 26 de agosto.
Otros ministros, como el de Justicia, Germán Garavano, que no son ningunas maravillas, en cambio, han tenido actitudes menos inamistosas con la familia del desaparecido, por ejemplo recibió a la abogada de los Maldonado y declaró que como hipótesis él no descarta la responsabilidad de Gendarmería en el lamentable asunto.
Si en el juzgado federal de Esquel de Guido Otranto y la fiscalía de Silvina Avila llegaran a reunirse más elementos contra algunos miembros de aquella fuerza de seguridad, los días de Bullrich habrán terminado. En algunos cuchicheos políticos se menciona que sería reemplazada por Guillermo Montenegro, del PRO, exsecretario de Seguridad del gobierno porteño.
Macri estará sopesando ventajas y desventajas de hacer ese recambio; las primeras serían que echaría lastre y su gobierno navegaría algo más aliviado; las segundas, que sería imposible negar la evidencia de que a Bullrich la habría echado el repudio popular. El famoso “equipo” perdería bajo presión social uno de sus jugadores que mordían en toda la cancha (en realidad, mentían, pegaban, detenían, baleaban y en el caso Maldonado, desaparecían).
Por supuesto las políticas macristas continúan, con unos u otros nombres. Ya sin Esteban Bullrich en la cartera de Educación, su sucesor Alejandro Finocchiaro, se ocupó de dar instrucciones a las escuelas para prohibir el debate que los maestros agrupados en UTE, Suteba y CTERA pedían dar con una guía sobre el caso Maldonado.
El doble discurso oficialista y de sus aliados gobernadores peronistas de centro-derecha está a la vista. Por un lado reprochan que se den clases sobre derechos humanos en las escuelas a raíz de la desaparición en Chubut. Por el otro muchos de ellos justifican las clases de religión católica en las escuelas públicas de Salta, tema que motivó en la semana audiencias en la Corte Suprema entre los defensores de ese sectarismo religioso del gobierno de Juan M. Urtubey y las madres que objetaron esa intromisión de la Iglesia.
El problema de Macri es que en el caso de enseñanza de religión las divisiones de opinión pueden ser, supongamos, 50 y 50 por ciento; pero en lo de Maldonado las proporciones son 90 a 10 y eso se reflejó en la Plaza de Mayo y en plazas de Córdoba, Rosario, Salta, Chubut, La Pampa, etc.
En esas concentraciones político-sociales hubo gran amplitud, pluralismo y buen contenido político, centrado en la aparición con vida, y muchos jóvenes. Eso es decisivo para una lucha de largo aliento, porque las Madres y Abuelas no pueden ser maratonistas a esta altura de sus vidas.

Derivaciones electorales.
La desaparición de Maldonado tiene muchísima significación porque evoca las miles ocurridas en la dictadura militar-cívica. Esa tragedia no puede ser olvidada, y a favor de la memoria opera que, aún a tantas décadas de esa represión ilegal, siguen realizándose juicios por derechos humanos, por ejemplo el iniciado en Santa Rosa, La Pampa, contra represores de la Subzona 14.
Está muy bien esa preocupación social por Maldonado, aunque no es la primera desaparición en democracia; ya hubo las de Julio López, Miguel Bru y Andrés Núñez, cuatro militantes del MTP capturados en La Tablada, etc.
¿Cómo operarán electoralmente en octubre estas grandes movilizaciones por derechos humanos?
En principio suman votos contra la alianza del PRO-Cambiemos, que por supuesto no llevó ni un pequeño grupo a Plaza de Mayo: inasistencia perfecta.
Eso no significa sellar ningún resultado de octubre: el padrón electoral excede largamente a las importantes movilizaciones de este sector del pueblo movilizado. Es la vieja discusión sobre la importancia del activo y gente más consciente, y los segmentos medios y atrasados – dicho sin elitismo- que son más a la hora de emitir su voto.
Además las movilizaciones masivas vienen sufriendo un embate político-policial por parte del gobierno nacional, que ya se vio en ocasión de la mencionada marcha contra el “2×1”: sospechosos incidentes, infiltración policial y represión posterior. Esto se repitió el viernes, cuando el grueso de la multitud ya estaba desconcentrada o terminando de desconcentrar.
Hubo incidentes supuestamente de manifestantes anarquistas, aunque no se puede descartar que elementos de la policía y la AFI, de civil, tuvieran que ver también con esas refriegas. De inmediato una desmedida y violenta represión golpeó a manifestantes, hirió a varios y detuvo a una treintena de personas.
El gran favorecido por esos hechos fue el gobierno nacional, que en los medios amigos puede bajarle el precio a la manifestación por Maldonado y ponerse en supuesta víctima de la violencia, cuando la mayor cuota de ésta fue de sus uniformados y elementos de civil, como ocurre en el 99,9 por ciento de los casos.
Las organizaciones políticas convocantes de las marchas deberán dar un debate que precise algunos puntos si quieren evitar ese aspecto no deseado. Por ejemplo, ¿la de Macri es una dictadura como la de 1976? Por más que tiene varios elementos que la asemejan, en su plan económico, no es igual al régimen de Videla. Si fuera idéntica, entonces estarían justificados los conatos anarquistas en Plaza de Mayo y El Bolsón, pero no es el caso. La lucha debe ser primordialmente política y en todo caso los manifestantes deben defenderse de previos ataques represivos, y no propiciarlos con actos vandálicos funcionales a la Policía y la propaganda macrista-clarinetista.
En política es clave no empujar los peces de las clases medias a las aguas profundas de la oligarquía; y en elecciones mucho más.