Los grandes ríen, los chicos sufren

El comercio, la hotelería, las pequeñas industrias y talleres, es decir, la mayoría de las empresas pampeanas está atravesando con muchas dificultades la tormenta económica que sacude al país. Las páginas de este diario, como también otros medios locales, son el mejor espejo en donde se refleja esa dura realidad que hoy aflige a quienes llevan adelante un emprendimiento económico. Sin temor a errar demasiado podría decirse que los únicos -entre los que han apostado a la producción de bienes y servicios en La Pampa- que pueden festejar son los que se dedican a la actividad rural, especialmente los de mayor escala. El informe que publicó el habitual columnista económico de La Arena días atrás reveló el gran crecimiento de los ingresos que generó la quita y reducción de los derechos a la exportación (retenciones). La transferencia del Estado nacional a los productores de cereales y oleaginosas de nuestra provincia superó los 125 millones de dólares, el equivalente a casi el 10 por ciento del presupuesto de la administración pública.
Pero por afuera de ese sector que hoy tiene sobradas razones para festejar, el resto de las actividades económicas no ha tenido igual fortuna con las políticas económicas del gobierno nacional y está viendo caer sus niveles de actividad en forma dramática. Lo peor es que esta situación tiene consecuencias inmediatas en los trabajadores quienes, además de resignar ingresos salariales por paritarias fagocitadas por la inflación, ven cómo se pierden puestos de trabajo. Lo denunció un senador y dirigente gremial mercantil al referirse a la complicada situación que vive el sector en General Pico y el norte provincial.
Este complicado escenario fue motivo de un debate la semana pasada cuando el gobernador cuestionó las políticas económicas del macrismo. El mandatario mencionó el aumento de la desocupación, el desmesurado crecimiento de los precios de la canasta alimentaria, el tarifazo en los servicios públicos y la apertura importadora entre otros graves problemas, y los atribuyó a la decisión política del gobierno nacional de retirar el Estado y dejar que sea la “mano invisible” del mercado la que regule las relaciones entre los actores económicos. Desde el macrismo la respuesta no se hizo esperar y le llovieron críticas al gobernador fogoneando una polémica ideológica que hasta el momento no había tenido tanta presencia en la arena política pampeana.
Es bien sabido que la mayoría de las empresas pampeanas pueden encuadrarse, por su escala, como pequeñas o medianas, y lo que está sucediendo aquí con ellas no es diferente de lo que ocurre en todo el país. La elección del macrismo de privilegiar las súper ganancias de las grandes empresas agrícolas, exportadoras, mineras, gasíferas y bancarias está provocando un costo social muy alto y severos daños a quienes no pertenecen a esa elite económica. En todo el país están multiplicándose las protestas del sector Pyme y, como no podía ser de otra manera, también de los sindicatos. Hay una relación directa entre ambos colectivos pues el pequeño y mediano empresariado es el mayor generador de empleo privado en el país. Sin embargo resulta paradójico que -a pesar de esta situación de desventaja ostensible en que se encuentran- las empresas de menor escala son las que están generando menos despidos en relación a las más grandes, mostrando mayor sensibilidad a la hora de cuidar el empleo.
La única respuesta del gobierno nacional a estos dramáticos planteos es continuar pateando la pelota para adelante y enarbolar el mismo libreto: la felicidad prometida llegará en el futuro. Ahora, en el presente, solo hay respuestas para los más grandes; los chicos, aunque sufran y lloren, deben esperar su turno. Y como el segundo semestre parece que llegó demasiado pronto, ahora dicen que hay que seguir esperando hasta el año que viene.