Los presidentes aplauden en la cubierta del Titanic

LA SEMANA POLÍTICA

No sólo Mauricio Macri pinta a los suyos y el mundo una Argentina próspera que no existe. La mayoría de sus colegas del G-20 hace lo mismo. Aplauden en la cubierta del Titanic, que esta vez fue el Teatro Colón.
SERGIO ORTIZ
Ayer culminaba la Cumbre del G-20, en una Buenos Aires con la gente recluida en sus viviendas, y un dispositivo policial pocas veces visto. Y eso que Argentina tiene experiencia en puebladas y fuertes represiones, como en diciembre de 2017 cuando Macri quiso garantizar con palos, gases y balas su ataque previsional.
Lo del G-20 supera todo lo anterior con el despliegue de 22.000 efectivos de fuerzas policiales y de seguridad, Gendarmería, Prefectura, de Seguridad Aeroportuaria y un largo etcétera donde deben contabilizarse los custodios extranjeros.
La ministra Patricia Bullrich, una de las responsables del operativo (claro que subordinada a los directivos de la CIA y otras agencias de inteligencia), admitió que había permiso para disparar, si la seguridad de las comitivas estuvieran en riesgo. Como cuestión excepcional se podía abatir a cualquier avión que atravesara nuestros cielos en actitud sospechosa.
Hasta los casi 3.000 periodistas acreditados para cubrir esta reunión tenían sus movimientos limitados. Para llegar a Costa Salguero no podían hacerlo por su cuenta, sino sólo en colectivos habilitados desde tres puntos de la Capital.
Por suerte toda esa parafernalia bélica no tuvo que usarse, salvo para lo habitual, que es limitar las movilizaciones populares de protesta. Detuvieron y golpearon a algunos manifestantes el viernes 30.
Una convergencia de entidades sociales, sindicales y políticas de un arco muy diverso y plural pudo movilizarse pese a las tremendas amenazas del gobierno en los días previos. Se repudió en la calle el sentido fondomonetarista y de ajuste del gobierno anfitrión y buena parte de sus invitados.
Quizás en condiciones normales esa movilización habría sido apaleada por los uniformados de Bullrich, pretextando alguna piedra o una cara con pañuelo. Esta vez, con tantos ojos y cámaras de afuera atentos a lo que pasaba, no hubo represión. Una buena, de las pocas cosas buenas que se vio en dos días.

Cumbre muy cara.
La Cumbre fue muy onerosa. Aunque habrá que esperar un tiempo para recibir las rendiciones, si es que se hacen, se puede adelantar que como mínimo el costo fue de 338,5 millones de dólares, discriminados de la siguiente forma: 40 millones por servicios de catering, traslados, cena y gala del Teatro Colón, obsequios, traductores, limpieza, etcétera. Otros 43 millones de dólares fueron gastados por los ministerios de Bullrich y Oscar Aguad en los operativos para asegurar la reunión y en compra de carros de asalto e hidrantes, gases, vallas y escudos. En este rubro de gastos deben incluirse los 17 millones de dólares para financiar las 84 reuniones previas y otros 12 millones de salarios de 70 integrantes de la Unidad Técnica G-20 de la organización.
A eso hay que agregar la compra de 12 aeronaves Texan II a EEUU por 160 millones de dólares; cinco aviones Súper Etendard a Francia por 12,5 millones de euros, y cuatro lanchas artilladas a Israel por 49 millones de dólares. También cinco tanquetas 4×4 blindadas, fabricadas en Bélgica. A una empresa alemana se le adquirió un sistema de defensa antiaéreo. Y se autorizó a Aguad a comprar escudos antiaéreos por 1,5 millones de dólares.
En estos tiempos de ajuste y crisis mayúscula de Argentina es como mínimo alocado gastar tanto dinero en armas y pertrechos para una reunión internacional.
Resulta contradictorio que Aguad ponga en seria duda la tarea de recuperar los restos del submarino ARA San Juan y de sus 44 tripulantes por el alto costo que implicaría, por un lado, y por el otro pague sin chistar toda aquella factura del G-20.
Los apuntados 338,5 millones de dólares son la parte más visible de lo gastado. A eso hay que sumar el costo de la parálisis de la ciudad y sus alrededores por dos días, más el feriado bancario nacional el viernes 30 y la interrupción de una serie de actividades productivas y culturales.

G-20 al cuete.
Algún macrista podría defender esas erogaciones con el argumento muy discutible de que la reunión fue muy productiva y quedaron acuerdos que beneficiarán a Argentina. Eso no es cierto.
Como todos los eventos anteriores que se vienen realizando desde 2008 (no por causalidad porque ese año reventó la crisis financiera con el crac del Lehman Brothers), la finalizada ayer en Buenos Aires fue igual de improductiva e intrascendente para los destinos de la humanidad.
La reunión tenía tres ejes convocantes, escogidos por el país organizador. Uno era “El futuro del trabajo”. El otro “Infraestructura para el desarrollo”. Y el tercero “Un futuro alimentario sostenible”, muy relacionado con la defensa del medio ambiente.
La escasa utilidad de la cita queda de manifiesto con un dato: hasta las 17 horas del sábado, cuando el cronista está escribiendo la Semana Política, no se conocía el texto del documento final. En conferencia de prensa, Macri adelantó que en efecto está acordado ese texto, algo en lo que vinieron trabajando los responsables de diversos países en larguísimas reuniones sin haberse puesto de acuerdo hasta el sábado. Tal es así que podía ser la primera vez que el G-20 culminara su cita sin un documento acordado.
Trascendió que los redactores de la pieza no podían conciliar las posturas contrapuestas en dos asuntos claves, que no figuran entre los tres ejes convocantes de la reunión, lo que constituye otro caso notable de imitación del tero que pega el grito en un lado y pone los huevos en otro.
El primer tópico contradictorio era la contradicción multilateralismo versus proteccionismo, con China y la Unión Europea en la postura inicial y los Estados Unidos de Donald Trump en la opuesta. Que no se confunda el lector: el proteccionismo es algo bueno cuando lo practican países en desarrollo para defenderse de avalanchas importadoras, pero es pésimo cuando lo ejerce el imperio decadente de USA, que hasta hoy no permite el ingreso de limones y carnes argentinas. Al declarar la guerra comercial a China, no sólo por el acero sino ante todo por la vanguardia que Beijing está liderando en áreas tecnológicas muy avanzadas, Washington lesiona el comercio internacional, incluida la parte argentina.
El segundo capítulo que dificultaba el documento se refiere al cambio climático. Nuevamente de un lado China, la Unión Europea y otros países, que mantienen su adhesión a los Acuerdos firmados en París en 2015. Y en el rincón opuesto otra vez Trump, que retiró su firma de aquéllos. También en Buenos Aires insistió en que su país dará empuje a su economía al margen de lo prescripto en la capital francesa.
Volviendo a los tres ejes convocantes, la performance argentina en los mismos es decepcionante en la realidad y mal podía disimularse en la Cumbre.
¿”El futuro del trabajo”? Un futuro negro en Argentina con 107.300 empleos industriales destruidos por el macrismo.
¿”Infraestructura para el desarrollo”? Tampoco habrá. Las denuncias de coimas percibidas por años por la “Patria Contratista” dificultan hoy el Programa de Participación Público-Privada. Y el objetivo de “Déficit Cero” impide una mayor inversión en obras por el Estado.
¿”Un futuro alimentario sostenible”?. En el país eso no existe, por el nivel de pobreza reinante, donde pululan los comedores de organizaciones sociales en los barrios, para paliar el hambre de chicos y grandes. Y eso ocurre en un país de 44 millones de habitantes cuyas autoridades presumen de producir alimentos para 400 millones y ponen el acento en la exportación, para ganancias de los pulpos exportadores.

Lágrimas de cocodrilo.
Si al final sale un documento de la reunión será una hoja al viento, o un papel mojado, inútil para encarar la solución de los problemas del mundo actual. Estos son el enorme endeudamiento de los países tercermundistas, el capitalismo salvaje y financiarizado de las grandes potencias, las grandes sanciones de EE UU contra China, el modelo neonazi de Trump y Benjamin Netanyahu, las guerras criminales que éstos libran contra Siria y el pueblo palestino; el bloqueo norteamericano contra Cuba y Venezuela; la destrucción del medio ambiente con el calentamiento global sobre todo por parte de EE UU, los dramas de millones de inmigrantes, etcétera.
Esos gravísimos problemas actuales y de larga data no se arreglan con una foto de familia, documentos inútiles y galas en el Colón. El presidente dijo que lloró de emoción en la gala del Colón. Son lágrimas de cocodrilo. Llorar en serio lo hacen los argentinos víctimas de su impiadoso ajuste, alta inflación y una desocupación feroz, así como los familiares de muertos por “gatillo fácil”.
Todo lo que hace Macri es falso. Habla del “empoderamiento de la mujer como un hecho central”, pero las esposas de los presidentes fueron mandadas a conversar aparte, a Villa Ocampo, como a competir cuál era más elegante. Además de May y Merkel, la única que estuvo en las fotos oficiales fue Christine Lagarde, pero al fondo, bien atrás. Propio de machirulos. Ella, como FMI, es el verdadero poder en Argentina y aspiraba a estar en primera fila en la foto, en el centro.