Los que acarician el viejo sueño

Todo proceso eleccionario arroja datos duros y constituye una fotografía de un momento político. Ayer en este diario un eufórico presidente del radicalismo pampeano reconoció que el frente Frepam se encuentra “en stand by” y que hoy su partido integra sólidamente Cambiemos. También tuvo que admitir que a pesar de conseguir en la interna casi el 60% de los votos de la alianza, en octubre los afiliados radicales deberán votar a un hombre del PRO.
Es evidente que en la coalición ganadora empezó a avizorarse la perspectiva de una primavera electoral y que, por primera vez en mucho tiempo, infligir una derrota al peronismo no aparece como una utopía o una posibilidad muy remota. Primero un senador radical y después el líder del macrismo pampeano y secretario de Deportes de la Nación mostraron sin tapujos sus ambiciones de candidatearse a gobernador para la batalla electoral de 2019.
Todavía es prematuro realizar pronósticos con cierta pretensión de certeza, especialmente porque falta disputar la final de estas legislativas de medio término de las que recién se concretaron las PASO. Pero como en el mundo de la política las expectativas cumplen un papel relevante y con ellas se suelen alimentar pretensiones y esperanzas no es nada raro que aparezcan estas reacciones.
Y hablando de expectativas, la mayor de ellas, sin lugar a dudas, para la oposición política pampeana es lograr la meta más ambiciosa: desalojar a los actuales moradores del Centro Cívico para instalar allí un gobierno no peronista. No es una tarea fácil en una provincia en donde el PJ gobernó sin interrupciones desde el retorno de la democracia en 1983. Más todavía, en la anterior y breve primavera política -en el trienio que se extendió desde marzo de 1973 al mismo mes de 1976- también las urnas le dieron la victoria al justicialismo. Luego de casi medio siglo de elecciones favorables al PJ, quien logre destronarlo habrá alcanzado un objetivo que le quitó el sueño -y frustró- a varias generaciones de dirigentes opositores.
Se entiende entonces que el combustible de estas PASO haya encendido las ambiciones en la dirigencia opositora. Sobre todo porque el triunfo de Cambiemos fue muy holgado al superar al PJ por más del 10 por ciento de los votos emitidos.
Claro que una cosa es hacer cuentas y pronósticos y otra muy diferente llevarlos a cabo. Volviendo al inicio de esta columna y la definición de “stand by” en que se encontraría el Frepam, otro aspecto sustancial en este escenario es el perfil político-ideológico de la alianza opositora que aspira a dar el batacazo en 2019. El giro del radicalismo hacia la derecha -su virtual divorcio del Frepam y su matrimonio con el PRO- no es un dato menor. Habla de que al suelo pampa también llegaron los vientos de “cambio” que hoy soplan en el país a partir de la derrota del kirchnerismo a manos del macrismo para instalar lo que ha sido definido como la restauración conservadora.
Para decirlo en pocas palabras -porque merecería un análisis sociológico mucho más profundo- si hoy algunos avizoran la posibilidad de un cambio de signo político en el gobierno pampeano, todo indica que no llegará desde posiciones progresistas.