Los que engordan con la malaria

En tanto la economía del país se va a pique los bancos no paran de aumentar sus ganancias. Los últimos informes oficiales sobre el sistema financiero revelaron que mientras cierran Pymes y fábricas tradicionales y reconocidas, dejando multitudes de desocupados, las entidades financieras tuvieron un 2018 floreciente.
Los números son elocuentes: en los primeros once meses del año pasado los bancos casi duplicaron las ganancias con relación a 2017 al acumular utilidades por 154 mil millones de pesos. Y no por haber trabajado mucho más en favor de la financiación de proyectos productivos para el país sino porque se beneficiaron con la gran devaluación del peso y las tasas de interés astronómicas que fueron un azote para casi todas las actividades económicas. Esas calamidades para la economía real les hicieron engordar los bolsillos a los banqueros como pocas veces antes.
Paralelamente también se conoció que la fuga de divisas durante el año pasado volvió a crecer y alcanzó el nivel más alto del último decenio. El drenaje llegó a 27.230 millones de dólares en 2018 y suma en los tres años de Cambiemos nada menos que 59.328 millones, un monto superior al del acuerdo ampliado con el Fondo Monetario Internacional.
De esa sangría de recursos que deja cada vez más raquítico al país nada dice el macrismo ni el FMI que está al mando del timón de la economía. Toda la dedicación que están poniendo en el achique del gasto público no lo invierten, ni de lejos, en el control de la fuga de divisas, un pasivo mucho peor. Para el gobierno es preferible “ahorrar” en salarios, salud, educación, ciencia y tecnología u obra pública antes que evitar esta enorme dilapidación de recursos que van a parar a las mismas manos de siempre.
Hay un dato que se repite invariablemente: la minoría que se lleva los dólares para inmovilizarlos en cajas de seguridad o sacarlos del país no supera el millón de personas. El dato figura en los medios pero nadie habla de él. El gobierno se cuida muy bien de mencionarlo, pero asombrosamente tampoco la oposición dice algo al respecto, desatendiendo un problema decisivo de la economía porque desangra al Estado.
Lo que queda muy claro es que, de la mano de Cambiemos, la economía real está cada vez peor y en cambio la economía especulativa florece como nunca. El perfil de nuestro país va aproximándose aceleradamente al de una factoría colonial, en donde los capitales financieros globales encuentran oportunidades de lograr enormes ganancias especulativas en el cortísimo plazo, a expensas de un endeudamiento suicida del Estado, y la industria local está desapareciendo por la ausencia de políticas de protección como las que aplica el tan admirado primer mundo, con Estados Unidos a la cabeza.
En semejante panorama no sorprende que entre los muy pocos que aplauden a rabiar la política económica del macrismo están los bancos, acumulando ganancias obscenas. Los industriales, comerciantes, asalariados, jubilados y cuentapropistas no participan de la fiesta. El “cambio” prometido no fue para ellos y solo deben conformarse con mirar por la ventana cómo se divierten los ricos y famosos.