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Los que vacilan ante el golpe

El golpe de Estado en Bolivia permitió ver en acción a la verdadera «grieta». No la que se menea con oportunismo para obtener réditos políticos de bajo vuelo o estigmatizar mediáticamente a algún adversario, sino la que parte aguas con respecto a lo más importante: la defensa del sistema democrático, de la soberanía popular, ante los intereses del poder económico, también llamado «poder real».
Para un gobierno, como el macrismo, que surge del riñón del «círculo rojo», es decir de la elite económico-financiera de nuestro país, resulta impensable repudiar el golpe que derribó al gobierno de Evo Morales. Ese alzamiento de la derecha empresaria que contó con apoyo policial y militar -y también con respaldo de EEUU como lo revelan los datos que se van conociendo- no podía nunca ser condenado por el gobierno de Mauricio Macri, pues la coincidencia de intereses estratégicos y económicos entre ambas partes es más que evidente. De ahí los eufemismos y giros retóricos del canciller argentino para negar la existencia de un golpe, hablar de «transición» y hasta elogiar a las Fuerzas Armadas bolivianas. La frutilla del postre llegó en las últimas horas con el reconocimiento de la autoproclamada presidenta -ante un Parlamento semivacío y sin quórum- como «referencia de autoridad». Cualquier parecido con el respaldo al patético Juan Guaidó como «presidente interino» de Venezuela no es mera coincidencia.
Lo que consterna es el acompañamiento a esta postura antidemocrática de diputados y senadores radicales del bloque de Cambiemos en el Congreso de la Nación. No todos porque algunos de ellos rechazaron el derrocamiento de Morales por afuera de esa bancada, pero sí los que sostuvieron la postura oficialista e incluso actuaron de voceros para justificar la negativa a repudiar el golpe de Estado boliviano.
Otros tres pronunciamientos contribuyeron a poner claridad con relación a cómo juegan y quiénes son los se ubican de un lado y del otro de la «grieta». El presidente de EEUU Donald Trump respaldó el golpe, incluso con una ominosa «felicitación» a los militares bolivianos. En el mismo sentido se pronunció la OEA, ese apéndice de la política exterior norteamericana, que habló de «irregularidades» en el proceso eleccionario con argumentos tan endebles que fueron cuestionados por centros de estudios internacionales insospechados de parcialidad. En la vereda opuesta se ubicó el Grupo de Puebla -el foro integrado por altos dirigentes y reconocidas figuras de América Latina y España- condenando el golpe contra Evo Morales y fustigando la «intransigencia» y «radicalización» de los golpistas. A esta altura, quien no sepa en dónde pararse no es porque le falten datos sino convicciones democráticas.
En nuestro pago chico pampeano, en cambio, recibimos con alivio la noticia de que la Cámara de Diputados y el Concejo Deliberante santarroseño lograron consensuar todos los bloques y por unanimidad un rechazo a la destitución violenta del presidente constitucional boliviano. Frente a tantas deserciones a la hora de defender a un gobierno popular de este ataque del poder económico, merece destacarse esta actitud.