Los santos inocentes de la política mediática

LA SEMANA PAMPEANA

I – El Plan Qunita fue suspendido en todo el país luego que una runfla mediática progubernamental elevara a la categoría de verdad revelada unas vagas acusaciones de que se estaban entregado en el programa materiales que ponían en riesgo la integridad de los bebés. Sin casos comprobados de accidentes por las cunitas del plan, solo con el corifeo de mercenarios de los medios, el gobierno suspendió la entrega de decenas de miles de kits destinados a los sectores más humildes y desató una guerra mediática y judicial contra el anterior gobierno a quienes acusaba (con el impresentable juez Bonadío como ariete) de poner en riesgo la vida de los niños argentinos. Se llegó al extremo de ordenar la quema de 60.000 kits, en un acto que nada tenía que envidiar a la Inquisición o la dictadura genocida cuando usaban el fuego para “purificar” con “autos de fe”, con diferencia de siglos pero por similares motivos ideológicos.

II – Fue claramente una maniobra política despreciable, enmarcada en el método de mentir sobre todo con el fin de lograr réditos políticos y electorales siempre amplificados por sus aliados, los grandes medios periodísticos que ejercen lo que confiesan sin pudor es un “periodismo de guerra”, esto es, un “vale todo” que ataca a quienes no son funcionales a sus forma extorsivas de operar. La justicia finalmente ordenó entregar esos kits, pero no las cunas, ni se ordenó reemplazarlas con otras. La decisión judicial se tomó luego de conocerse que un plan gemelo al Qunita estaba en práctica en varios estados de EEUU sin problemas pese a que se trataba de materiales y diseños similares.

III – Pero un año y medio de no entregar cunitas a los sectores más humildes, y con la estadística terrorífica de millones de nuevos pobres en ese lapso, no fue gratis. Aquí en La Pampa, la punta de un iceberg asoma con un dato sobre el aumento de las muertes de bebés por asfixia por colecho. Es, de acuerdo a especialistas médicos en el tema, la prueba tenebrosa de que aquélla decisión sustentada en mentiras repetidas con fines políticos, le costó la vida a niños que murieron en los lechos de sus padres que no tenían cunas donde hacerlos dormir de manera segura. En nuestra provincia son ocho los muertos por esta causa en el lapso en que estuvo suspendido el plan Qunita. ¿Cuántos son en todo el país? Son, todo lo indica, los nuevos Santos Inocentes, muertos por los modernos Herodes de la política y sus aliados del periodismo que no se detienen ante nada con tal de reforzar su “relato”, que intenta descalificar todo lo que se hizo en beneficio de los más pobres para achicar en parte la monstruosa desigualdad en la que se sustenta el capitalismo criollo.

IV – (La cuna objetada por el periodismo y el gobierno era un diseño de alumnos de la carrera de Diseño Industrial de la UBA de 2012 que usó normativa europea para su construcción dado que en el país no existía ni existe normativa para este tipo de elementos. Un prototipo fue analizado por el INTI que realizó observaciones que fueron tenidas en cuenta cuando se comenzó con la producción. No hubo ningún caso de accidente ni de muerte súbita ni por asfixia en bebés que utilizaron los elementos del Plan Qunita. Pero hoy sí hay sospechas de que muchas de las muertes por asfixia por colecho _entre otras las de La Pampa_ podrían haberse evitado si el plan hubiera continuado).

V – En cualquier país serio del mundo (como les gusta decir), una investigación periodística como la publicada sobre los casos de muerte súbita y la opinión de especialistas sobre la sospechosa coincidencia en el aumento de estos casos con la suspensión por parte del Estado de la entrega de cunitas (del Plan Qunita o de otro que lo reemplace), hubiera merecido una investigación judicial o legislativa. Aquí es difícil que eso ocurra con buena parte de la justicia subordinada a ser un apéndice funcional a las operaciones de la prensa hegemónica, otra parte resignada a no actuar sin autorización del gobierno y el resto debatiéndose entre sus obligaciones constitucionales y los riesgos de terminar apuntados públicamente como opositores y recibir un “carpetazo”. El caso de la persecución política y mediática a la procuradora de la Nación da una idea de hasta donde este gobierno necesita de una justicia adicta para imponer el nuevo relato donde aún las mentiras que causan la muerte de inocentes son catecismo político. (LVS)