Los aspirantes y una Formación en discusión

Con sólo pasar dos meses en la Escuela de Policía, un ciudadano mayor de 21 años puede salir a la calle con su arma reglamentaria. Cuatro meses después, se convierte en un preparado agente de la policía que vela por la seguridad de la sociedad.
Quizá por la ola de robos que parece haberse dado en la ciudad, desde el Instituto Superior Policial se decidió reforzar la afectada zona céntrica con más personal, y en las últimas semanas comenzaron a patrullar grupos de aspirantes a agentes, jóvenes de entre 21 y 28 años que se capacitan para proteger a la comunidad. Pese a que los jefes policiales dijeron que “esto es algo común” y que no se relaciona con los robos, puede que la presencia de estos “novatos” sea en realidad una medida adoptada desde la Jefatura para lidiar con la inseguridad.
Las autoridades encargadas de capacitarlos y prepararlos explican que en sólo dos meses los aprendices de policía reciben todas las enseñanzas necesarias como para manejarse en situaciones extremas que les pueden tocar en suerte a cualquier uniformado. “Estas son prácticas profesionalizantes”, afirman. Indican además que los uniformados que salen a la calle colaboran con la seguridad y son constantemente supervisados. Tienen conocimiento de cuestiones jurídicas, de derechos humanos y de procedimientos policiales. Esto permite que el personal esté en condiciones de tener los primeros contactos con los vecinos.
Si bien las dudas sobre su accionar, y preparación, llegan con sólo revisar algunas notas periodísticas publicadas en las últimas semanas. Hace poco, un policía decidió hacer justicia por mano propia y fue a buscar a un joven que había intentado robarle a su novia. El cabo -que estaba de franco- se armó con una pistola nueve milímetros, subió a su moto y fue al encuentro del acusado sin siquiera avisarle a sus colegas. Fue tal su negligencia que fue agredido por el muchacho y dos cómplices, y supuestamente se vio obligado a efectuar varios disparos para defenderse.
Puede considerarse que dos meses no es tiempo suficiente para determinar si una persona está en condiciones o no de portar una pistola. Pero también poco para otras funciones que implica ser policía como, por ejemplo, manejar un auto oficial en situaciones de riesgo.
Esto viene al caso ya que hace una semana un uniformado en un patrullero embistió a un automóvil en pleno centro de esta capital. El conductor iba a una presencia sin las sirenas ni las balizas activadas. La autoridad policial explicó poco después que los aprendices “pueden salir del curso sin haber manejado”. “No sacamos conductores, sacamos agentes”, refirió no sin despertar sorpresa con su declaración. Tres semanas antes, otro accidente en el que intervinieron policías se produjo en la avenida Spinetto, y no dejó víctimas fatales de milagro.
Quizá a algunos de los ingresantes a la fuerza “no les queda otra” y se hacen policías para tener una salida laboral segura. Con vocación o no, la responsabilidad que se asume es grande, y la preparación, crucial. Después de todo, la falla humana, sobre todo de un funcionario público, es irreversible si tiene un arma en la mano o conduce un automóvil sin la suficiente preparación y conciencia.