Los dos Pejota, el congreso del empate y el final de la cuerda

Norberto G. Asquini
El Congreso Provincial fue un “empate” en el que están enfrascados los dos campos antagónicos del PJ provincial. Sus concepciones sobre el gobierno nacional y el rumbo provincial marcan sus diferencias. La convivencia con la heterogeneidad obligada pos-2015.
El Congreso Provincial del PJ pampeano del sábado apenas fue una formalidad. Tal vez sirvió a los sectores internos para medirse, aunque la cantidad de congresales o las tribunas y las banderas que se juntaron no signifiquen más o menos votos. La falta de definiciones dejó en evidencia el “empate” existente entre dos corrientes internas con una mirada política muy distinta del presente y del futuro, más allá de que se coincida a grandes trazos en la identificación con el peronismo. No pudo haber discusión, ni debate, porque las posturas están tan marcadas que el diálogo se dificulta. Enfrentarse cara a cara solo conduciría a una batalla campal. De esta manera, fue mejor patear para adelante las definiciones.
En este “empate”, lo que se llama el jorgismo y el vernismo -aliado al marinismo-, da cuenta de dos espacios políticos que van camino al choque final en 2015. Es que en un justicialismo tan heterogéneo y en permanente reacomodamiento y realineamiento de las lealtades políticas como al que asistimos en la última década en La Pampa, la disputa no es solo por conseguir el poder, sino por generar la hegemonía interna para prevalecer sobre el otro.

La fractura expuesta.
¿Qué tan profunda es esa fractura? La estrategia antagónica en el PJ, hemos ya analizado muchas veces, no es una novedad. La concepción hegemonista del marinismo en los 90 impuso a su líder por sobre cualquier disidencia: lo hizo a través del peso político y electoral del líder, la centralización del poder o la captación, disuasión o sometimiento de los opositores internos. Pero en la última década entró en vigencia la etapa de la exclusión en la interna del PJ con la disputa Verna-Marín primero, quedando luego instalada con Jorge-Verna. Esa lógica binaria en la actualidad puede ser más o menos marcada, según el dirigente, el espacio o la localidad. Pero es evidente. Un jorgista indicaba al autor que “si llega Verna a ser gobernador, no tenemos lugar”. Un vernista afirma que “con Jorge en el gobierno es como si estuviera un opositor, porque no se puede hablar”. Dos visiones, de los más ultras, que muestran la distancia que hay entre las posturas.

Los dos PJ.
La singularidad del PJ pampeano se manifiesta en que La Pampa es el único distrito en el que el partido mantiene su sigla, lo que le da una identidad propia. No ingresó a la provincia, aunque sea formalmente como sello electoral, el Frente para la Victoria nacional. El justicialismo no se ha aliado con otras fuerzas, asiste a todas las elecciones con la Lista 2 y con su nombre -ya una distinción de por sí en el país- y no se ha conformado otro partido peronista que pueda disputarle con chances el poder.
Pero esto no significa que haya una sola concepción del Pejota: para Verna, la forma de preservar esta condición del Pejota es provincializar las elecciones de 2015, desnacionalizarla, como ha sido su idea en los últimos años. Para Jorge, el PJ subsiste porque es un movimiento nacional y por ello responde al gobierno nacional que es peronista, más allá de que una campaña electoral se pueda “despegar” circunstancialmente de las cuestiones nacionales como ocurrió en 2013.

Dos posturas.
No se necesitaba que estallara el congreso del sábado para blanquear que persiste la división interna en el PJ. El jorgismo ya dijo que mantendrá unificadas las elecciones generales de 2015 a pesar de que se reclama desde las otras dos líneas su desacople. Jorge considera que su gestión apoya al gobierno nacional de Cristina Fernández y esta es una manera de sostenerlo a pesar de los tiempos de crisis, que la simultaneidad de las provinciales y las nacionales es una tradición política pampeana y que el votante pampeano vería con malos ojos la especulación electoral de cambiar las reglas a conveniencia del oficialismo. En las generales, quiere acompañar la boleta nacional del PJ, sea el candidato Scioli o alguno de los postulantes más kirchneristas.
Verna no quiere la complicación de tener que lidiar con otros presidenciables fuertes que puedan debilitar la boleta, pero sobre todo, tener que compartir cartel con algún candidato kirchnerista y, si la situación está mala en el país, sobrellevar el costo político de cargar con la imagen del gobierno nacional.

¿Y con Cristina?
Pero no es una cuestión de cálculo electoral. El debate político en torno a CFK y su proyecto es mucho más profundo. De hecho, Jorge se sienta con la presidenta y negocia la nueva ley petrolera, Verna critica el proyecto y se opone; Jorge replica en la provincia medidas nacionales y Verna las desaprueba. Hay un abismo político entre ambos y esto se derrama hacia abajo. De ahí las tonalidades de ambas corrientes: con Jorge están los intendentes que observan el crecimiento de sus localidades por el apoyo nacional y que nacieron políticamente durante la era K; las agrupaciones kirchneristas; y hasta el intendente de Santa Rosa que se mantiene unido a la Casa Rosada. Del otro lado se suma el marinismo, cuyo líder critica que desde Nación no se apoye a La Pampa como a otras provincias y quienes observan al kirchnerismo como la heterodoxia y una fuerza en extinción.

La cuerda y lo heterogéneo.
El peronismo pampeano está en busca de un liderazgo. Lo tiene Jorge al ser el gobernador, pero lo reclama Verna, desde su silencio, que es por el momento el mejor candidateable. Ambas corrientes se disputan la hegemonía interna, y de hecho, el poder. El jorgismo se muestra como la renovación generacional ante liderazgos que considera perimidos y en respaldo del gobierno nacional, el vernismo quiere rescatar la gestión iniciada en 2003 y que se “desvirtuó” con Jorge. El vernismo tiene un precandidato posicionado, el jorgismo la estructura de los intendentes y el aparato estatal.
En 2015, “los dos Pejota” se van a necesitar para retener el poder. Marín, conocedor de los vaivenes políticos -el zorro sabe por zorro, pero más sabe por viejo-, ha tomado partido en esta interna, pero advierte sobre el presente y lo que avizora a futuro. Se puede cumplir o no, se puede considerar que su postura es interesada y tiende a la supervivencia política de los propios. Pero sus palabras en el congreso fueron un llamado de atención para el PJ en su conjunto. Que las rencillas internas no entorpezcan el camino o distancien al partido de la sociedad, que no se pierda el poder y el gobierno por una interna despiadada. En fin, que no se tire la cuerda hasta romperla.
De mantener el PJ el gobierno provincial, sea quien fuese el próximo mandatario, habrá una reconfiguración interna y seguramente los sectores internos deberán comenzar a tolerar y a convivir, aunque sea forzosamente, con la heterogeneidad. Un elemento, casi una condición, instalado ya en las filas peronistas y que persistirá en su entramado, porque así parecen dictarlo los nuevos tiempos de la política.