Los ejes del debate que se propone en la región

Señor Director:
En el período posterior a las dictaduras que dominaron en gran parte de América latina desde los 60 y 70 del siglo XX, ha sido llamado de restablecimiento de la democracia a partir de que se recuperó la vigencia plena de las instituciones de la república y los representantes del pueblo surgieron del voto popular.
Creo que habrá que esperar para que el tiempo decante los acontecimientos y deje visibles los rasgos realmente significativos del período que estamos viviendo desde hace más de tres décadas. En tanto, lo que se puede hacer notar es que en la Argentina dos presidentes constitucionales no pudieron terminar su mandato, no por golpes militares sino, más bien, por lo que se ha llamado golpe de mercado (Alfonsín) y por factores económicos (de la Rúa). El fenómeno se ha repetido en otras naciones de la región con algunas variantes de detalle y hoy mismo en Brasil se producen manifestaciones para que la presidenta sea destituida, fenómeno que se ha dado y se da también con diferente intensidad o rasgos propios en la Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador. Tal como se manifiestan estos hechos, algo ha salido a la superficie: el poder económico, que no es institucional sino de hecho y que ha existido siempre, pero que ha tenido su propia evolución y ha terminado por hacerse visible y entra a jugar como actor explícito. La ausencia del golpe militar revelaría, a su vez, que éste ha dejado la escena cuando el poder económico salió a la superficie. Hay otras inferencias posibles a partir de comprobar este relevo en el “presentismo”, pero no es mi intención abundar ahora al respecto. Puede pensarse que asistimos a un estado de crisis por haberse producido un cambio en los componentes dinámicos de la sociedad. Digo esto porque lo que revela el proceso de regionalización que viene tomando forma desde los años 80 es que las vanguardias regionales han entendido que se debe modificar el tipo de relación entre estas naciones que ha predominado durante el período postcolonial si es que se quiere generar las condiciones necesarias para que puedan avanzar las transformaciones sociales que han estado contenidas durante casi todo el siglo pasado (incluyendo los golpes militares como fuerza de contención).
Si bien hay razones para creer que las consideraciones anteriores diseñan el cuadro de situación real, lo que se observa es que el debate explícito se propone en otros términos. Por ejemplo, el argumento común de las fuerzas que se oponen a los gobiernos del Mercosur gira de modo predominante en torno a dos palabras: inseguridad y corrupción. Como si la seguridad y la honestidad hubiesen existido de manera sobresaliente en la escena social y política de estos países hasta que comenzaron los cambios característicos del siglo XX: el voto universal, las organizaciones del trabajo, los intentos de cambiar condiciones de distribución de la riqueza y de los bienes de la civilización (educación y salud, principalmente) y la voluntad de romper el orden poscolonial en particular en lo referido a los términos del intercambio.
Si se aceptase que la inseguridad y la corrupción sean ejes principales del debate (obviando programas de gobierno explícitos), advertiríamos que estos temas dan testimonio de frustraciones del proceso universal de la civilización. En todas las etapas históricas han estado presentes y son el tema de comedia y tragedia, porque dan cuenta de una cuestión más profunda. Hasta ahora seguridad y honestidad son el objetivo no logrado, la cuenta pendiente no de estas sociedades de América del sur, sino de la humanidad. El caso que acaba de revelar la agencia bonaerense de recaudación, sobre radicación de los autos más costosos en pequeños pueblos neuquinos, en la zona desértica de Vaca Muerta, para beneficiarse con una diferencia impositiva, muestra un rasgo significativo de este problema.
Atentamente:
JOTAVE