Los femicidios como medida de ciertos cambios sociales

Casi no pasa día sin que los medios de difusión den cuenta de algún femicidio o de desaparición de mujeres que pueden haber sido víctimas de este tipo de crimen.
No existe certeza acerca de la relación de estos hechos actuales con el pasado. Se estima que en la estructura sociocultural predominante hasta fecha reciente (digamos, hasta el primer tercio del siglo XX) este tipo de sucesos no atraía el interés de la prensa como actualmente. Diarios y canales han llegado a poner a cargo de estas noticias a personas especializadas en el tema, mayoritariamente mujeres comprometidas en la lucha por la igualdad. Los medios nacionales recogen los casos de todo el país, en tanto que hasta hace poco se limitaban a los que se producían en Buenos Aires y grandes ciudades. Tal amplificación de cobertura noticiosa permite saber que estos sucesos se producen en todo el país (y el mundo). El interés actual es por sí mismo un elemento significativo y refuerza la impresión de que se ha tomado conciencia de estar ante un cambio cultural importante.
De ser así, como es creíble que sucede, quedaría por averiguar si hay una intensificación o solamente se trata de un interés mayor por difundir los casos. Mi conjetura a este respecto es que puede haber un elemento o factor nuevo cuya incidencia genera más femicidios. El hecho de haber sido definida judicialmente esta forma particular del homicidio, el paulatino reconocimiento del status femenino y los previsibles cambios en la actitud de la mujer (de reclamar su derecho, a diferencia del sometimiento consentido por la cultura dominante hasta hace poco) puede haber modificado la relación y puesto a prueba la capacidad del varón para adaptarse a la nueva pauta.

Ángeles
Esta semana se conocieron los fundamentos de la sentencia de prisión perpetua aplicada al portero Jorge Mangeri, en el caso de la muerte de Ángeles Rawson, de l6 años, en la capital federal. Significativamente, esta noticia ha tenido menos resonancia que la generada por el homicidio. Tal diferencia podría explicarse porque esos medios están más interesados en el escándalo que en la verdad y han estimado que a la masa de sus seguidores le interesa también menos. Me inclino por pensar que esos medios tienen una cultura propia que consiste en capturar la atención masiva, valorizándose como instrumentos de todo tipo de publicidad y como “formadores” de opinión.
El tribunal da por demostrado que el caso Ángeles es inequívocamente una violencia de género (femicidio), delito que concurre con otros dos: abuso sexual con acceso carnal en grado de tentativa y “criminis causae” (matar para tapar otro delito). O sea que Mangeri tuvo la voluntad de someter a Ángeles, usar su cuerpo para satisfacer sus deseos y descartarlo cuando lograra su objetivo o éste se viera frustrado. El portero habría actualizado el esquema de sometimiento que se ha imaginado (con humor) para el hombre cavernícola: caza a la hembra y la arrastra de los cabellos hasta su gruta. Sin embargo, aquel hombre respondía a una ley de la vida que provee a la procreación, lo que permite presumir que se hacía cargo de la mujer, al menos, hasta que le diera descendencia.

Claudia
La mujer Claudia Beatriz Schaefer, de 44 años, fue asesinada por su marido Fernando Farré, de 52, en un country de Derqui, partido de Pilar. La pareja, con casamiento formal y con hijos estaba en trámite de divorcio y vivía separada. Acordaron una reunión con los abogados de las partes para resolver sobre división de bienes. En un momento de esa reunión, Claudia y Fernando se dirigieron solos a otras dependencias y allí Fernando mató a Claudia con uso de cuchillo.
La defensa del matador comenzó de inmediato a generar la escena de un caso de homicidio en estado de emoción violenta que, de prosperar, reduciría la sanción judicial. Queda por ver si esta defensa tradicional (en el caso de personas de destacada posición económica) prospera o si se abre camino el delito de femicidio. Éste es un delito de odio cuya víctima es la mujer. Y hay un hombre que se considera con derecho a castigar a la mujer y eventualmente a producir su muerte. Esta idea puede ser una consecuencia de un estado social en el que de hecho la mujer no había sido reconocida en igualdad de derechos (incluyendo el derecho a la vida). Un tratadista argentino ha propuesto también la voz feminicidio (además de femicidio) para abarcar el crimen y las circunstancias socioculturales que determinan la actitud del Estado y de los juzgadores a favor del varón homicida. Esta actitud ha aparecido en más de un caso.
Este suceso interesa en particular porque el homicida es un hombre de fortuna y de figuración social.
Jotavé